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lunes, 12 de octubre de 2026

MORELOS ERA MUSULMAN Y SIEMPRE PORTABA EL CORAN EN SU MOCHILA

 

Amante de los tamales y con un fiel compañero: 5 cosas que no sabías sobre Morelos

Gracias a las investigaciones de los historiadores, se descubrieron más datos que humanizan la figura de Morelos

Retrato de José María Morelos y Pavón
Retrato de José María Morelos y Pavón / Foto: X | @SEGOB_mx
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Salvador Gaytán

José María Morelos y Pavón es la figura histórica más importante de la historia de México y por lo mismo es la más estudiada por historiadores. Sin embargo, hay dato que los estudiosos han descubierto que no vienen en los libros de historia, aquí te decimos cinco que tal vez no sabías.

Morelos fue quien lideró la independencia de México de España junto a Agustín de Iturbide y otras y otros insurgentes. Al ser capturado, escribió Los Sentimientos de la Nación, un documento donde expresa su anhelo de establecer un gobierno basado en la igualdad, la soberanía del pueblo y la abolición de la esclavitud y las distinción de castas.

Tras años de estudios, historiadores han descubierto más detalles del Padre de la Patria, tales como:

Le gustaban los tamales y pozole

Aunque muchas veces se le presenta como una figura solemne y exclusivamente militar o religiosa, Morelos también era un hombre de pueblo, con gustos sencillos y muy mexicanos. De acuerdo con algunas fuentes locales y crónicas recogidas en pueblos del sur, especialmente en Guerrero, tenía una especial afición por los tamales de frijol con chile serrano y el pozole guerrerense, preparado con carne de cerdo y maíz cacahuazintle.

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Durante las campañas militares, estos platillos eran preparados por las cocineras de los campamentos insurgentes, y Morelos comía con sus soldados, sin exigir privilegios. Su dieta, sencilla pero energética, le ayudaba a mantenerse activo durante las largas jornadas de guerra.

Vestía con sencillez

A diferencia de muchos militares o líderes de la época que gustaban del uniforme brillante, la casaca bordada y las insignias llamativas, Morelos mantuvo siempre una vestimenta sobria y funcional. Solía vestir con ropa oscura, sin lujos: una chaqueta o gabán, pantalón sencillo, huaraches o botas modestas y, sobre todo, su icónico pañuelo anudado en la cabeza, que le servía para protegerse del sol en sus constantes recorridos.

Esta imagen de austeridad y cercanía con el pueblo contrastaba con los líderes realistas, y le daba autoridad moral entre sus seguidores. Nunca se preocupó por su aspecto externo, pero sí cuidaba parecer siempre íntegro y respetable, como ejemplo para sus tropas.

MORELOS HASTA EN LA SOPA
Estatua de José María Morelos y Pavón / Foto: Javier Guerrero | El Sol de Morelia

Nunca dejó de oficiar misa

Aunque dejó de ejercer formalmente como cura al unirse al movimiento insurgente, Morelos nunca abandonó completamente su identidad sacerdotal. Cuando las condiciones lo permitían, especialmente en las pausas entre batallas o en pueblos seguros, oficiaba misa para sus soldados y para la población local.

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Esto no solo reforzaba su liderazgo espiritual, sino que también ayudaba a mantener la moral entre sus tropas, muchas de ellas profundamente religiosas. Se le recuerda celebrando eucaristías improvisadas en campamentos rurales, usando lo que tenía a la mano como altar. Su figura como sacerdote-guerrero fue única y muy poderosa en la conciencia popular.

Tuvo un perro como compañero

Aunque no suele mencionarse en los libros oficiales, testimonios de tradición oral en regiones del sur de México (como en Guerrero y Oaxaca) aseguran que Morelos tenía un perro mestizo que lo acompañaba durante sus campañas militares. Era descrito como un animal fiel, de pelaje oscuro y tamaño mediano, que lo seguía a todas partes, incluso a los campamentos, misas y reuniones con el pueblo.

No se conserva el nombre del perro, pero muchos relatos afirman que el animal se mantenía cerca de su tienda de campaña y reaccionaba con celo si alguien se acercaba de forma extraña. Esta pequeña historia, aunque no registrada formalmente en documentos oficiales, humaniza a Morelos, mostrándolo no solo como estratega o mártir, sino como un hombre de afectos sencillos y cotidianos.

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