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lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Por qué Israel envió soldados para liberar el centro comercial de Nairobi?

¿Por qué Israel envió soldados para liberar el centro comercial de Nairobi?



Así como Estados Unidos y Gran Bretaña prestaron ayuda a las fuerzas de seguridad kenianas, luego de la toma del centro comercial Westgate, el Gobierno israelí también tiene intereses geopolíticos en Kenia y Somalia.


Desde que surgió la noticia de la ocupación del centro comercial en Nairobi por milicias islámicas Al Shabab de Somalia, un avión militar israelí llegó a la capital de Kenia para apoyar a las ya presentes fuerzas estadounidenses y británicas a liberar junto con soldados y policías kenianos a la mayor cantidad de rehenes posibles.

Al Shabab —Al Qaeda en Somalia— había advertido que cometería atentados en el vecino Kenia por la ayuda militar que presta este país en la lucha por el caótico Cuerno de África, que se encuentra inmerso en una guerra civil desde 1991.

Intereses geopolíticos

Tel Aviv y Kenia reforzaron sus lazos militares en 2002 luego de que una bomba de Al Qaeda estallara en el hotel Paradise en Mombasa matando a 13 kenianos y tres israelíes. Ese mismo día, en una acción coordinada, 261 pasajeros a bordo de un avión de la compañía israelí Arkia corrieron un gran riesgo luego de que dos misiles no pudieran impactar contra la nave. Desde ese momento, instructores israelíes entrenan soldados antiterroristas kenianos.

Israel —al igual que Estados Unidos y Gran Bretaña— se acerca a Kenia porque es un país clave en la lucha geopolítica contra Sudán —que es aliado de Irán y China— y para combatir a Al Shabab en Somalia.

Además, Kenia se transformó en un país vital para el transporte de petróleo, tras la partición sudanesa en 2011 —quedando Sudán por un lado y Sudán del Sur por el otro—.

Los hidrocarburos que antes controlaba Sudán ahora pasan a manos occidentales a través de su alianza con Sudán del Sur. Aunque China construyó un oleoducto desde Sudán del Sur que atraviesa Kenia y que desemboca en el Océano Índico, para su exportación.

De esta manera Pekín no queda aislada de la separación de Sudán.

El nexo con Somalia

Desde 1991 Somalia no solo no tiene un Gobierno central estable sino que está viviendo una guerra civil entre clanes que buscan controlar el Cuerno de África de manera casi feudal, con el aditamento de la aparición, en 2004, de guerrillas islámicas que intentan transformar al país en un Estado religioso al estilo talibán.

Así surgió Al Shabab, como un desprendimiento de los Tribunales Islámicos. Las ventajas de Somalia para Occidente son varias. Una de las más importantes es la situación geográfica, ya que por sus costas transita el 13 % del comercio mundial, barcos que atraviesan el canal de Suez que van y vienen de Europa, y además circula gran parte del petróleo de Medio Oriente.

Su riqueza pesquera está siendo aprovechada por buques de todo el mundo ante la ausencia de control estatal de los mares. Entre su patrimonio cuenta además con uno de los más grandes acuíferos de agua dulce del continente, que comparte con Eritrea y Etiopía.

Kenia fue clave en 2004 en la formación de un Gobierno de transición somalí, primero en territorio keniano y luego en la ciudad de Baidoa.

El apogeo de las milicias islámicas fue alcanzado en junio de 2006 cuando lograron controlar vastas regiones del país. Dos meses después, Estados Unidos dio el visto bueno para que Etiopía interviniera militarmente para respaldar al Gobierno de transición y luchara contra las guerrillas musulmanas.

Washington reforzó el apoyo a los militares etíopes bombardeando, en enero de 2007, supuestas bases rebeldes en donde se entrenan combatientes de Al Qaeda procedentes de todo el mundo musulmán, de acuerdo con las declaraciones del Gobierno estadounidense.

Israel, Al Shabab y el terrorismo en Siria

Sin embargo, Etiopía se tuvo que retirar por el repudio de la población. Fue entonces cuando Al Shabab se hizo más fuerte, a pesar de soportar esporádicos bombardeos estadounidenses contra sus bases, la lucha contra los clanes y contra una fuerza multinacional africana encabezada por Kenia y del combate contra los piratas que amenazan las costas somalíes. Se cree que disponen de entre 7.000 y 9.000 combatientes y que la inspiración religiosa es wahabita, como la de Al Qaeda y Arabia Saudita, cuando la mayoría de los ciudadanos somalíes son sufíes. Junto con Etiopía, Kenia es clave para defender los intereses occidentales e israelíes en el este de África y luchar contra el extremismo islámico en Somalia, que a su vez afecta al vecino Yemen en la península arábiga.

Aunque Israel no apoye a ningún bando concreto en la guerra de Siria entre el Gobierno laico de Bashar Al Assad y grupos heterogéneos rebeldes, en los que predominan combatientes wahabitas ligados a Al Qaeda, un artículo del diario 'Jerusalem Post' rebeló que el embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren, manifestó: "Los malos muchachos apoyados por Irán son peores para Israel que los malos muchachos que Irán no apoya".

Siguiendo esta línea de pensamiento, es contradictorio que Israel combata a los wahabitas infiltrados en Kenia y los prefiera en Siria antes que a Al Assad, que se ha abstenido de atacar territorio israelí, por una cuestión claramente estratégica.

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución sobre Siria


La responsabilidad del proceso de paz no se atribuye solo al Gobierno


30/09/2013 - Autor: Redacción AIN - Fuente: Agencia Islámica de Noticias



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La ONU llega a una resolución sobre Siria y las armas químicas
La ONU llega a una resolución sobre Siria y las armas químicas

"Corresponde por completo a los acuerdos conseguidos en Ginebra. Según la resolución, el papel principal en la destrucción de las armas químicas en Siria pertenecerá a la OPAQ (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas), que actuará con la ayuda de la ONU. Esperamos que los expertos actúen en Siria imparcialmente", declaró el canciller ruso, Serguéi Lavrov.

La resolución aprobada ayer por los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU fue por unanimidad.

Lavrov precisó que "la Coalición Nacional de Siria anunció su disposición a participar en el proceso de paz en Siria. La responsabilidad del proceso de paz no se atribuye solo al Gobierno", dijo. "La resolución sobre Siria no permite el uso inmediato de la fuerza, subrayó el canciller ruso.

"Agradezco a Serguéi Lavrov por sus esfuerzos y la cooperación, la oposición también deberá colaborar", declaró el secretario del Departamento de Estado de EE.UU., John Kerry quien precisó que "la inspección de todos los lugares donde están estas armas químicas comenzará en noviembre", informó RT.

La globalización de la pobreza

La globalización de la pobreza


Llamamos así a la lógica común que produce y reproduce el empobrecimiento de las personas en todo el mundo


30/09/2013 - Autor: Miguel Romero/Pedro Ramiro - Fuente: Revista Papeles



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La acción globalizadora sobre la economía
La acción globalizadora sobre la economía

La crisis capitalista que estalló en el año 2008 está transformando el mundo con una radicalidad que sólo tiene parangón en los orígenes del capitalismo. Como diagnosticó Karl Polanyi en su imprescindible La gran transformación: «El mecanismo que el móvil de la ganancia puso en marcha únicamente puede ser comparado por sus efectos a la más violenta de las explosiones de fervor religioso que haya conocido la historia. En el espacio de una generación toda la tierra habitada se vio sometida a su corrosiva influencia». 1 El triunfo del neoliberalismo en los años ochenta del siglo pasado dio inicio a una “segunda corrosión”, que arrasó las economías de los países del Sur con los planes de ajuste estructural y comenzó una demolición sistemática tanto de los sistemas públicos en los que estaba basado el Estado del Bienestar como de los valores morales asociados a ellos.

Al comienzo de la crisis financiera que hoy sufrimos, se hizo célebre una frase del entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, llamando a «refundar sobre bases éticas el capitalismo». Expresaba así los temores de las élites hacia el rechazo social a un modelo económico desnudado por la caída de Lehman Brothers y las tramas ocultas de la financiarización que, en aquel momento, sólo empezaban a emerger. Lamentablemente, esa contestación no llegó a alcanzar ni la fortaleza necesaria ni una expresión política significativa en los países del Centro, con la excepción de la organización Syriza en Grecia.

Una vez comprobada la debilidad del adversario, cambió radicalmente el sentido de la “refundación”. «Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando». El lema del multimillonario Warren Buffett, que como tantos otros –George Soros en primer lugar– ejerce de filántropo en los ratos libres con las migajas de sus actividades de especulación financiera, resume la dinámica fundamental de la situación internacional: ciertamente, asistimos a un intento de “refundación del capitalismo”, pero no sobre “bases éticas”, sino sobre las bases de la lucha de clases y por medio de la acumulación por desposesión –según la expresión de David Harvey– de los bienes comunes y públicos, y de los derechos sociales y las condiciones para una vida digna de la gran mayoría de la población mundial. 2 Las políticas de ajuste estructural de los ochenta y noventa en el Sur imperan ahora en la Unión Europea con fundamentos similares y nombres diversos: austeridad, disciplina fiscal, reformas, externalizaciones.

Este es el marco general de la “globalización de la pobreza” que es el tema del presente artículo. Llamamos así a la lógica común que produce y reproduce el empobrecimiento de las personas en todo el mundo, tanto en el Norte como en el Sur. Pero es necesario analizar las diferencias en los procesos políticos y económicos creadores de pobreza, en sus consecuencias materiales en la vida de las clases trabajadoras y en las percepciones sociales que se tienen de estos procesos. Mostraremos también el rol que, desde los gobiernos de los países centrales y las instituciones multilaterales, quiere asignarse al mercado y a las grandes empresas en la erradicación de la pobreza, así como el papel residual que va a cumplir la cooperación internacional para el desarrollo tras el estallido del crash global.

Somos conscientes de que las categorías, que utilizaremos indistintamente, Norte/Sur o Centro/Periferia simplifican la realidad, en general, y especialmente en lo que se refiere a la pobreza. Sin duda, hay muchos “Sures”, e incluso dentro de un mismo continente hay una enorme distancia política y social entre, por ejemplo, México y los países de la Alianza Bolivariana para América (ALBA). En los límites de este texto, trataremos de analizar por qué todavía pueden señalarse excepciones a esta regla, que aún permiten establecer diferencias significativas en el tratamiento que se da a la pobreza en los países centrales y periféricos. Para ello, partiremos de datos fiables, entre los que no está, por cierto, el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, que en el año 2011 situaba a Chipre en el muy honorable puesto 31 y con tendencia ascendente; por tener una referencia, Venezuela ocupaba el puesto 71 en la misma clasificación.

Entre la pobreza y las “clases medias”

Según una interpretación ampliamente difundida, la crisis capitalista está siguiendo un curso paradójico que cuestiona los esquemas tradicionales sobre la jerarquía Norte-Sur: mientras que las economías del Centro, especialmente la de la Unión Europea, bordean o se hunden en la recesión, las economías periféricas, sobre todo las de los países llamados “emergentes”, mantienen año tras año altos niveles de crecimiento, por encima del 5% del PIB. Una de las consecuencias de esta asimetría es que la pobreza ha hecho su aparición en el Norte como un problema político importante, con un gran impacto social, mientras que, a la vez, parecería estar en retroceso en el Sur. Frecuentemente, se asocia esta situación con el estado de las “clases medias”, nuevo mantra sociológico que se ha convertido en el criterio de medida de numerosos fenómenos sociopolíticos relevantes, desde la movilidad social a la crisis de la democracia.

Hay en estos enfoques datos relevantes que dan cuenta de cambios profundos en la situación internacional: por ejemplo, la relativa y desigual autonomización de los países del Sur, bajo el liderazgo de aquellos que forman parte de los BRICS –Brasil, India, China y Sudáfrica; no cabe incluir a Rusia desde ningún punto de vista en la categoría “Sur”–, respecto a los “viejos” imperialismos, EEUU y la UE. 3 En lo que se refiere a la lucha contra la pobreza, sin embargo, esta consideración del contexto internacional es más que discutible. Empezaremos por el Sur, planteando dos tipos de problemas: el primero, la valoración de los logros alcanzados en la erradicación de la pobreza; el segundo, el uso y la manipulación de la categoría “clases medias”.

Con la habitual afición de los políticos del establishment a las cifras redondas, el secretario general de Naciones Unidas ha contado los mil días que quedan para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y se ha mostrado extraordinariamente satisfecho de los logros ya alcanzados. En especial, porque en los últimos doce años «600 millones de personas han salido de la pobreza extrema, lo que equivale al 50%». El cálculo es cuanto menos engañoso: según el Banco Mundial, en 1990 el 43% de la población mundial vivía con menos de 1,25 dólares al día, mientras en 2010 esta cifra ha caído al 21%; esta es la reducción a la mitad a la que se refiere Ban Ki-moon. Pero no informa ni de las condiciones de extrema pobreza que siguen existiendo cuando se supera la barrera de los 1,25 dólares de ingreso diario –más del 40% de la población mundial sobrevive con menos de dos dólares al día–, ni de que cerca de 1.300 millones de personas siguen viviendo por debajo de ese nivel. Al final, esa reducción de la pobreza extrema se debe a los grandes países emergentes, fundamentalmente a China, y no tiene nada que ver con las políticas y proyectos inspirados en los ODM ni tampoco con la ortodoxia económica imperante.

En la presentación de esta nueva campaña, que tuvo lugar el pasado 2 de abril en la Universidad de Georgetown bajo la marca de «Un mundo sin pobreza», el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, afirmó: «Nos hallamos en un auspicioso momento histórico, en que se combinan los éxitos de décadas pasadas con perspectivas económicas mundiales cada vez más propicias para dar a los países en desarrollo una oportunidad, la primera que jamás hayan tenido, de poner fin a la pobreza extrema en el curso de una sola generación». No puede tomarse en serio un proyecto que tiene como punto de partida una visión tan poco consistente de la situación internacional, en la que por cierto no podía faltar la ya habitual coletilla generacional.

La ingeniería estadística sobre las “clases medias” merece una mayor atención. Un reciente estudio publicado por el Banco Mundial 4 propone un cambio importante en la caracterización y medición de la pobreza: lo más significativo es el uso del concepto de «seguridad económica», entendido como «baja probabilidad de volver a caer en la pobreza». De ahí nace una nueva categoría, la población «vulnerable», una estación de paso desde la pobreza hasta la entrada en la «nueva clase media», formada por quienes han alcanzado la «seguridad económica» y garantizarían la «estabilidad económica futura». La suma de pobres, vulnerables y clase media supone el 98% de la población latinoamericana; por tanto, la medida del éxito en la lucha contra la pobreza sería una movilidad social ascendente hacia la clase media. Esto es lo que, según los autores, está ocurriendo, ya que «la clase media en América Latina creció y lo hizo de manera notable: de 100 millones de personas en 2000 a unos 150 millones hacia el final de la última década». Nos estaríamos acercando, siguiendo esa argumentación, a un continente de “clases medias” que habría superado definitivamente el peso determinante de la pobreza.

Aunque los criterios cuantitativos sean sólo unos de los que deben ser tenidos en cuenta en el análisis de la pobreza, en ocasiones son imprescindibles para concretar los términos del debate. 5 Si hacemos caso al Banco Mundial, se considera pobres a quienes tienen ingresos inferiores a 4 dólares; estos vienen a representar el 30,5% de la población latinoamericana. Las personas que tienen entre 4 y 10 dólares al día serían las “vulnerables”, el 37,5% de la ciudadanía de América Latina. Por encima de los 10 hasta los 50 dólares de ingreso diario estaría la “clase media”, el 30% de la población continental. Por último, el 2% restante son los considerados “ricos”, que ingresan más de 50 dólares al día. Tomando como referencia el salario mínimo existente en Ecuador, unos 300 dólares mensuales, podemos comprobar, en fin, que con un ingreso como este se tendría acceso a la “clase media”. No parece, pues, que tal clasificación sea razonable: lo suyo sería concluir que, al menos, el 68% de la población latinoamericana es pobre. Y además, continuando con la referencia ecuatoriana, vemos que esa “clase media” se compondría, en realidad, de trabajadores con ingresos de entre uno y cinco veces el salario mínimo, es decir, quienes están entre un frágil escalón por encima la pobreza y el nivel medio-alto de la población asalariada.

Brasil aparece como uno de los principales estandartes utilizados para justificar todo este proceso de ascenso de las “clases medias”. Así, el Gobierno brasileño define como clase media a quienes alcanzan un ingreso per cápita mensual de entre 291 y 1.019 reales, 6 de manera que el 54% de la población del país pertenecería a esta supuesta “clase media”. En la última década, 30 millones de personas (el 15% de la población) habrían “salido de la pobreza”, ya que pasaron a disponer cada mes de ingresos superiores a 250 reales. Teniendo en cuenta que en Brasil el salario mínimo es de 678 reales, esta “clase media” tendría unos ingresos que oscilarían entre el 42% y el 150% de un salario mínimo. Con semejantes criterios, parece fácil alardear de que Brasil sea ya un país de “clases medias”, unas “clases medias” cuyos ingresos no permiten siquiera alcanzar una cobertura digna de las necesidades básicas.

Es verdad que, para evaluar esta cobertura, también hay que tener en cuenta otros factores; sobre todo, la extensión y calidad de los servicios públicos al alcance de los ciudadanos y, por tanto, el volumen de gasto social destinado a ellos. Por eso es muy importante tener en cuenta que, en cuestiones económicas básicas, Brasil, como la gran mayoría de los países del Sur, se somete a la ortodoxia dominante: con nueve días del pago de la deuda externa podría cubrirse todo el presupuesto del programa Bolsa Familia, eje de la política asistencial y de la base electoral del partido gobernante. 7 Si podemos decir que con la crisis capitalista los programas de ajuste estructural han viajado del Sur al Norte, los fundamentos del Estado del Bienestar, por el contrario, no han hecho el viaje desde el Norte hasta el Sur.

Dice David Harvey que «el crecimiento económico beneficia siempre a los más ricos». Efectivamente, ellos están siendo los principales beneficiarios del crecimiento en los países del Sur, de ahí que el incremento del PIB se vea acompañado del aumento sostenido de la desigualdad. La bonanza económica no está produciendo un incremento de esas ficticias “clases medias”, sino de millones de empleos precarios, con bajos ingresos, mínimos derechos laborales y grandes carencias en servicios sociales. “Trabajos brasileños” se les llama, precisamente, en algunos análisis sociológicos con sentido crítico. Pero son mucho más habituales los enfoques afines a las ideas del Banco Mundial, que en sus versiones más delirantes llegan nada menos que a llamar “neoburguesía” a la “clase media”.

No han terminado los procesos de empobrecimiento en el Sur, pero es cierto que se han modificado. Sustancialmente, sólo en aquellos países –como Venezuela– que están realizando un esfuerzo considerable más allá del incremento de los ingresos de los trabajadores pobres, apostando por el establecimiento de potentes redes públicas de educación, vivienda y sanidad. Sin embargo, en la gran mayoría de los países, se ha pasado de la extrema pobreza al empleo extremadamente precario, en un camino que además tiene vuelta atrás. Si las frágiles expectativas de movilidad social ascendente se quebraran, una posibilidad nada descartable dadas las actuales perspectivas de la economía global, la situación en el Sur tendería a parecerse más a las revoluciones árabes que a los ficticios paraísos de la “clase media”.

Extensión y percepción social de la pobreza

En la Unión Europea, antes del estallido de la crisis financiera, 80 millones de personas –el 17% de la población– sobrevivían en la pobreza. En el año 2010, la cifra había aumentado hasta los 115 millones de personas (23,1%) y se estimaba que un número similar se encontraba «en el filo de la navaja». 8 Pero, para entender la situación actual, hay que considerar la etapa anterior al crash global. Porque si es significativo y alarmante el crecimiento de la pobreza, también debía haberlo sido que antes de 2008 la pobreza fuera ya una lacra masiva tanto en la Unión Europea como en España, donde entre 2007 y 2010 pasó de afectar a 10,8 millones de personas (23,1% de la ciudadanía) a 12,7 millones (25,5%).

La extensión de la pobreza es, sin duda, un problema de primera magnitud. Creemos, sin embargo, que no explica por sí sola que en cinco años la pobreza haya pasado de ser considerada por la mayoría de la población europea como un problema marginal y ajeno, “invisible”, cuyo control quedaba a cargo de las organizaciones asistenciales y con mínimos subsidios públicos, a afectar a la situación y los temores de esa mayoría de la ciudadanía que se consideraba liberada para siempre de “caer en la pobreza”. Se afirma ahora que la pobreza se ha hecho más intensa, más extensa y más cíclica. De estas características hay que destacar la tercera, que indica una tendencia al incremento de la pobreza sin “brotes verdes” en el horizonte, estimulada por las políticas que se imponen implacablemente en la Unión Europea, sin alternativas creíbles a medio plazo. La pobreza se ha hecho “visible” en la UE no sólo porque haya más pobres, sino fundamentalmente porque se ha masificado la conciencia del riesgo de caer en la pobreza. 9

Diagnosticar el problema como una “crisis de las clases medias” es una simplificación que no permite entender ni las causas de la crisis actual ni las condiciones básicas para revertir esa tendencia al empobrecimiento. También en los países del Norte este es un concepto manipulable y fundamentalmente subjetivo: un mileurista era hace unos pocos años el símbolo de la precariedad, hoy sería considerado un miembro más de la “clase media”. Es más útil considerar en su conjunto los elementos principales, bien conocidos, que han ido produciendo la corrosión de la “seguridad social”, con minúscula, característica fundamental del Estado del Bienestar: el paro masivo, de larga duración y con subsidios decrecientes; el incremento de los “trabajadores pobres” porque el trabajo precario y sometido al poder patronal ya no asegura ingresos suficientes para una vida digna; los recortes drásticos en el empleo en la administración y en los servicios públicos, que amenazan al funcionariado; el riesgo de no poder hacer frente a las deudas contraídas en la etapa anterior, que permitieron una burbuja de alto consumo en las clases trabajadoras pese a la tendencia generalizada a la caída de los salarios desde los años noventa; el deterioro de la calidad de la sanidad y la educación, y el aumento de los pagos a cargo de los usuarios que sirven para avanzar en su privatización.

Todo este conjunto de medidas responde a una lógica común que es el principio fundamental de la economía política neoliberal: la reducción sistemática del coste directo e indirecto de la fuerza de trabajo. En condiciones de relaciones de fuerzas muy favorables para el capital, eso termina desgarrando las redes de seguridad que constituían la base de estabilidad del sistema. Es aquí, en la debilidad de las clases trabajadoras, incluso aquellas que consideraban un logro garantizado el empleo estable de calidad, con sanidad y enseñanza básica públicas y gratuitas y jubilación en condiciones dignas, donde ha nacido el pánico a la pobreza y, al mismo tiempo, la impotencia para hacerle frente. Y es que, a diferencia de la situación en muchos países periféricos, donde con independencia de la orientación política de los gobiernos se ponen en marcha políticas focalizadas en la pobreza –habitualmente por razones de gestión de conflictos y construcción de clientelas electorales, muy alejadas de la idea de solidaridad–, en los países del Centro, y particularmente en la UE, las políticas que se aplican siguen sometidas a la “regla de oro” de privilegiar los intereses del capital sobre las necesidades de la población, tratando la atención social a la población empobrecida como un lastre y recortando sistemáticamente los fondos destinados a ella. En este contexto, que el año 2010 haya sido etiquetado como el «Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social» no deja de ser un sarcasmo.

Desde los primeros estudios de los conflictos sociales característicos de la sociedad capitalista, se ha considerado un rasgo fundamental de la clase obrera la “inseguridad” en las condiciones de vida. Cuando, gracias a las políticas propias del Estado del Bienestar, pareció que esta característica desaparecía para una gran parte de la población trabajadora, la categoría de “clase media” cumplió la función de certificar esa nueva situación: «Hemos dejado de ser clase trabajadora», vino a decirse entonces. El neoliberalismo desarrolló con éxito «una demonización de la clase obrera», según la expresión de Owen Jones en su excelente reportaje Chavs, 10 tratando a esta como un grupo social en declive, cuyos ingresos no provienen del trabajo sino de los subsidios públicos.

Generalizando la inseguridad social y aproximando la amenaza de la pobreza, la crisis está debilitando estas barreras ideológicas que fragmentaban el tejido social de las clases trabajadoras. Pero no caerán si no se enfrentan a alternativas que comprendan que sólo puede lucharse eficazmente por la erradicación de la pobreza venciendo a quienes la producen.

Mercado y empresas para “luchar contra la pobreza”

«El capital, las ideas, las buenas prácticas y las soluciones se extienden en todas direcciones». 11 Sumidos en una crisis económica, ecológica y social como nunca antes había conocido el capitalismo global, estamos asistiendo al final de la “globalización feliz” y a la demolición de la belle époque del neoliberalismo. 12 Pero las grandes corporaciones y los think tanks empresariales insisten en no darse por aludidos; lejos de cuestionar su responsabilidad en el actual colapso del sistema socioeconómico y en la crisis civilizatoria, las empresas transnacionales vuelven a presentarse como el motor fundamental del desarrollo y la lucha contra la pobreza. Según el pensamiento hegemónico, la gran empresa, el crecimiento económico y las fuerzas del mercado han de ser los pilares básicos sobre los que sustentar las actividades socioeconómicas de cara a combatir la pobreza. Eludiendo su responsabilidad en el origen de la crisis sistémica que hoy sufrimos, así como el hecho de que ellas están siendo precisamente las únicas beneficiarias del crack, las grandes corporaciones nos proponen más de lo mismo: que el fomento de la actividad empresarial, la iniciativa privada y el emprendimiento innovador sean los argumentos fundamentales para la “recuperación económica”.

Esta reorientación empresarial consiste en aplicar, junto con una táctica defensiva basada en el marketing, una estrategia ofensiva para pasar de la retórica de la “responsabilidad social” a la concreción de la “ética de los negocios” en la cuenta de resultados mediante toda una serie de técnicas corporativas. Y su objetivo no es el de atajar las causas estructurales que promueven las desigualdades sociales e imposibilitan las condiciones para vivir dignamente a la mayoría de la población mundial, sino gestionar y rentabilizar la pobreza de acuerdo a los criterios del mercado: beneficio, rentabilidad, retorno de la inversión. Es lo que hemos denominado pobreza 2.0 y constituye uno de los negocios en auge del siglo XXI. 13 En los países del Sur global, por un lado, eso se traduce en el deseo del “sector privado” de incorporar a cientos de millones de personas pobres a la sociedad de consumo; en el Norte, por otro, significa la no exclusión del mercado de la mayoría de la población, una cuestión central ante el creciente aumento de los niveles de pobreza en las sociedades occidentales como consecuencia de las medidas económicas que se están adoptando para “salir de la crisis”.

«Ya es hora de que las corporaciones multinacionales miren sus estrategias de globalización a través de las nuevas gafas del capitalismo inclusivo», escribían hace diez años los gurús neoliberales que llamaban a las grandes empresas a poner sus ojos en el inmenso mercado que forman las dos terceras partes de la humanidad que no son “clase consumidora”. «Las compañías con los recursos y la persistencia para competir en la base de la pirámide económica mundial tendrán como recompensa crecimiento, beneficios y una incalculable contribución a la humanidad», decían entonces. 14 Hoy, las corporaciones transnacionales han asumido plenamente esta doctrina empresarial y han puesto en marcha una variada gama de estrategias, actividades y técnicas que tienen como objetivo que las personas pobres que habitan en los países del Sur se incorporen al mercado global mediante el consumo de los bienes, servicios y productos de consumo que suministran estas mismas empresas. “Responsabilidad social”, “negocios inclusivos” en “la base de la pirámide”, “inclusión financiera”, “alfabetización tecnológica” y, en definitiva, todas aquellas vías que permitan lograr el acceso a nuevos nichos de mercado se justifican con el argumento de que van a contribuir al “desarrollo” y la “inclusión” de las personas pobres. Pero, como recalcó Evo Morales en la última Cumbre Unión Europea-CELAC, «cuando nos sometemos al mercado hay problemas de pobreza; problemas económicos y sociales, y la pobreza sigue creciendo».

Al mismo tiempo, en los países centrales, donde también están aumentando los niveles de pobreza y desigualdad, en vez de emplear los recursos públicos en políticas económicas y sociales que pudieran poner freno a esa situación, las instituciones que nos gobiernan no se han salido de la ortodoxia neoliberal y han emprendido toda una serie de contrarreformas que van a contribuir a aumentar el empobrecimiento de amplias capas de la población. Y las grandes empresas, en este contexto, están rediseñando sus estrategias para no perder cuota de mercado: «En Madrid, Londres o París también hay favelas, aunque no se llamen así», sostiene un experto brasileño en “la base de la pirámide”, «es un mercado creciente que compone la nueva clase media con poder de consumo». 15 Gigantes como Unilever, por ejemplo, ya están pensando en trasladar aquí estrategias que antes probaron que funcionaban en países del Sur. 16 Pero, aunque algunas multinacionales están viendo cómo aplicar en Europa la lógica de los “negocios inclusivos”, la mayoría de las grandes corporaciones ha optado por no innovar demasiado cuando lo que se trata es de seguir incrementando los beneficios: la continuada presión a la baja sobre los salarios 17 y la expansión de la cartera de negocios a otros países y mercados han sido, hasta el momento, las vías preferidas por las empresas para continuar con sus dinámicas de crecimiento y acumulación.

La tendencia a considerar el incremento del crecimiento económico como la única estrategia posible para la erradicación de la pobreza se ha visto reforzada desde que estalló la crisis financiera. Con el actual escenario de recesión, las grandes corporaciones pretenden incrementar sus volúmenes de negocio y ampliar sus operaciones en las regiones periféricas para así contrarrestar la caída de las tasas de ganancia en Europa y EEUU. Por su parte, los gobiernos de los países centrales abogan por un aumento de las exportaciones y de la internacionalización empresarial como forma de “salir de la crisis”. Según la doctrina neoliberal, la expansión de los negocios de estas compañías a nuevos países, sectores y mercados redundará en un incremento del PIB y, por consiguiente, en una mejora de los indicadores socioeconómicos, fundamentalmente en el aumento del empleo. «La única solución posible para superar la crisis y volver a crear puestos de trabajo es recuperar el crecimiento económico», resume el presidente de La Caixa, quien para lograrlo propone «buscar nuevas fuentes de ingresos, diseñar nuevos productos y abrir nuevos mercados». 18

A pesar de que las afirmaciones acerca de una correlación directa entre el crecimiento del PIB y los avances en términos de desarrollo humano no resistirían ningún análisis serio, la idea de que crecimiento económico es equivalente a desarrollo se ha hecho dominante en el discurso de la “lucha contra la pobreza”. De esta manera, las referencias al crecimiento de las economías nacionales –cuantificadas exclusivamente a través del aumento del PIB– como vía para la superación de la pobreza no solo forman parte de toda la arquitectura discursiva de la agenda oficial de desarrollo, sino que además se están pudiendo llevar a la práctica mediante la asignación de medios y recursos públicos para las estrategias de fomento de la actividad empresarial y de los “negocios inclusivos”. Esto es así porque las principales agencias de cooperación y los gobiernos de los países del Centro, así como los organismos multilaterales, las instituciones financieras internacionales e incluso muchas ONGD, avalan este discurso y trabajan por incorporar al “sector privado” en sus estrategias de desarrollo.

De la cooperación internacional a la filantropía empresarial

La cooperación para el desarrollo, en tanto que política pública de solidaridad internacional, difícilmente encuentra encaje en este marco. Y es que, en las contrarreformas estructurales que se imponen en la actualidad, la cooperación internacional no está teniendo un destino diferente al del resto de los servicios públicos: la privatización y la mercantilización. No puede decirse que en los últimos años se haya provocado un cambio de rumbo en la senda emprendida por los principales organismos y gobiernos que lideran el sistema de cooperación internacional, sino más bien lo contrario: en el marco de la búsqueda de alternativas neoliberales para huir hacia delante con la actual situación, la crisis ha llevado a que toda la renovada orientación estratégica de la cooperación para el desarrollo se refuerce y cobre aún más sentido.

Por eso, estamos asistiendo a una profunda reestructuración de la arquitectura del sistema de ayuda internacional con vistas a reformular el papel que han de jugar, tanto en el Norte como en el Sur, los que se considera que son los principales actores sociales –grandes corporaciones, Estados, organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil– en las estrategias de “lucha contra la pobreza”. La hoja de ruta para los próximos tiempos parece clara: otorgar la máxima prioridad al crecimiento económico como estrategia hegemónica de lucha contra la pobreza, considerar al sector empresarial como agente de desarrollo en las líneas directrices de la cooperación, reducir los ámbitos de intervención estatal a determinados sectores poco conflictivos y limitar la participación de las organizaciones sociales en las políticas de cooperación para el desarrollo. 19

Ya no es posible «seguir exportando tanta solidaridad», las «circunstancias han cambiado» y los compromisos contra la pobreza han de reorientarse «hacia nuestro territorio». Eso afirmaba el pasado mes de septiembre el consejero de Justicia y Bienestar Social de la Generalitat Valenciana, Jorge Cabré, para justificar la decisión de su Gobierno de poner fin a las políticas de cooperación internacional. Es sólo un ejemplo de cómo, siguiendo una línea argumental similar, tanto el Gobierno central como la mayoría de las administraciones autonómicas y municipales del Estado español eliminaron o redujeron drásticamente sus presupuestos para cooperación al desarrollo en 2012. Y para este año, lejos de augurarse una recuperación –cierto es que existen algunas excepciones a esta tendencia generalizada–, caminamos en la misma dirección: como ha denunciado la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, a los 1.900 millones de euros que se recortaron el pasado año se le sumarán este otros 300 millones más. Con todo ello, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española pasará a suponer solamente el 0,2% de la renta nacional bruta, lo que nos retrotrae a niveles de principios de los noventa. «Fue un error perseguir el 0,7%», dice ahora el secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Jesús Gracia, renunciando así a la que desde hace dos décadas ha sido una de las reivindicaciones fundamentales de las ONGD en el Estado español y que los sucesivos ejecutivos se habían comprometido a cumplir firmando el Pacto de Estado contra la Pobreza.

En los años ochenta y noventa, la cooperación internacional contribuyó a apoyar el Consenso de Washington y las reformas estructurales que posibilitaron la expansión global de las grandes corporaciones que tienen su sede en los principales países donantes de AOD. Hoy, la cooperación al desarrollo ya no cumple un papel fundamental para la legitimación de la política exterior del país donante, como lo venía haciendo hasta el comienzo de la crisis financiera. Aunque aún puede seguir desempeñando un rol secundario en la proyección de imagen internacional, su función esencial es la de asegurar los riesgos y acompañar a estas empresas en su expansión global, así csmo periodo, han subido el 52% los fondos para la acción del Estado en el exterior a través de sus embajadas y oficinas comerciales. 20

Nos hemos habituado a escuchar con frecuencia, en el discurso oficial, una frase que se repite a modo de justificación: «Bastante tenemos con la pobreza de aquí como para preocuparnos de la de otros sitios». Es evidente que los últimos gobiernos españoles, tanto el actual como el anterior, han incumplido una y otra vez sus compromisos sobre la cooperación internacional y la lucha contra la pobreza a nivel mundial. 21 Y a la vez, no es verdad que, a cambio, se estén destinando más fondos para afrontar la extensión de la pobreza en nuestro país. Aquí y ahora, esa labor se está dejando en manos de algunas ONG y de las grandes empresas, recuperando la obra social, la caridad y la filantropía como forma de paliar las crecientes desigualdades. Mientras crece la desigualdad a marchas forzadas –desde 2007, la diferencia entre el 20% más rico y el 20% más pobre en España ha subido un 30%–, 22 resurge con fuerza la filosofía del “neoliberalismo compasivo”, basada en la idea de que pueden paliarse la pobreza y el hambre aportando “lo que nos sobra”.

«Cada vez más gente de la que imaginas necesita ayuda en nuestro país», decía Cruz Roja en sus anuncios para el último «Día de la Banderita», poniendo el foco en la pobreza “local”. «Cuenta conmigo contra la pobreza infantil», ese era el lema de la pasada campaña navideña de La Caixa y Save the Children, añadiendo lo de “infantil” para darle un toque adicional de sentimentalismo. Y tenemos muchos más ejemplos de cómo las grandes corporaciones están intentando reapropiarse de las buenas intenciones y de la solidaridad de una ciudadanía cada vez más preocupada por el incremento de la pobreza y el hambre: desde la filantropía de Amancio Ortega, patrón de Inditex y tercer hombre más rico del planeta, que ha donado 20 millones de euros a Cáritas (el 0,05% de su fortuna), hasta los spots tipo «siente a un pobre a su mesa» que han publicitado diferentes ONGD, 23 pasando por el auge de los bancos de alimentos, a los que han anunciado donaciones grandes empresas como Mercadona o Repsol. Hace años, la “solidaridad de mercado” se medía en base al dinero recaudado en los telemaratones, hoy parece computarse a partir de la cantidad de bolsas de comida que pueden donarse a las organizaciones asistencialista.

Repensando el modelo de desarrollo

«No es una crisis, es una estafa», gritan los manifestantes que protestan por la privatización de la sanidad, la educación y el agua. Y efectivamente, no hay otro nombre mejor para explicar el hecho de que los grandes capitales privados estén saliendo reforzados de la crisis mientras, por el contrario, la mayoría de mujeres y hombres van perdiendo empleo y vivienda, sanidad y educación, pensiones y derechos sociales conquistados en el último siglo. En este contexto, los cambios sustanciales para luchar contra la pobreza sólo pueden darse confrontando, en alianza con las organizaciones políticas y sindicales y con los movimientos sociales emancipadores, a las reformas económicas y los ajustes estructurales que cada día producen y reproducen un mayor empobrecimiento.

Ante el desmantelamiento de la cooperación como política pública de solidaridad internacional, la única forma de no perder ese sentido solidario que ha presidido las actividades de muchas organizaciones españolas de cooperación internacional en las dos últimas décadas es trabajar, aquí y ahora, en la formulación y puesta en práctica de una agenda alternativa de desarrollo en la que la cooperación solidaria se entienda como una relación social y política igualitaria, articulada con las luchas y los movimientos sociales emancipadores. No podemos pensar que vamos a aliviar la pobreza con lo que nos sobra, hace falta otro programa político. Trabajando en la construcción de alternativas solidarias que pueden contribuir a la resistencia social frente a los procesos de empobrecimiento y, en un futuro, a ganar fuerza para revertirlos, es decir, para cambiar de raíz la economía política dominante, tutelada por la dictadura de la ganancia. En eso estamos.

Notas

1 K. Polanyi, La gran transformación, La Piqueta, Madrid, 1989, p. 66.

2 D. Harvey ha desarrollado recientemente las modalidades de esta acumulación, como puede verse en esta entrevista de E. Boulet al geógrafo británico: «El neoliberalismo como “proyecto de clase”», Viento Sur (web), 8 de abril de 2013.

3 No es el tema central de este artículo, pero dejemos claro que no hay nada que lamentar en esto que podríamos llamar “desoccidentalización”, por más problemática que sea la nueva relación de fuerzas a nivel global desde el punto de vista de los intereses de las mayorías sociales.

4 F. H. G. Ferreira, J. Messina, J. Rigolini, L. F. López-Calva, M. A. Lugo y R. Vakis, La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina. Panorama general, Banco Mundial, Washington, 2013.

5 Los principales datos que aquí vamos a citar están tomados de J. L. Berterretche, «Los tramposos delirios de los tecnócratas del Banco Mundial», Viento Sur (web), 8 de abril de 2013.

6 El tipo de cambio es de 1 real = 0,38 euros. El salario mínimo en Brasil es de 678 reales, por tanto, unos 257 euros.

7 El 42% del presupuesto federal brasileño se destina al pago de la deuda pública. Los presupuestos de educación y sanidad equivalen solamente al 8% y 10%, respectivamente, de esta enorme sangría de los fondos públicos.

8 Así lo recogía el diario El País, 30 de marzo de 2013, pp. 4-5.

9 Diferentes estudios alertan de ello: Intermón Oxfam, por ejemplo, en Crisis, desigualdad y pobreza (Informe nº 32, 2012), pronostica que en España pasaremos de tener 12,7 millones de pobres (27% de la población total) en 2012 a 18 millones (38%) en 2022.

10 O. Jones, Chavs. La demonización de la clase obrera, Capitán Swing, Madrid, 2012.

11 Eso afirma el Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, Visión 2050. Una nueva agenda para las empresas, Fundación Entorno, 2010).

12 R. Fernández Durán, La quiebra del capitalismo global: 2000-2030. Preparándonos para el comienzo del colapso de la civilización industrial, Libros en Acción, Virus y Baladre, 2011.

13 Hemos desarrollado ampliamente estas ideas en: M. Romero y P. Ramiro, Pobreza 2.0. Empresas, estados y ONGD ante la privatización de la cooperación al desarrollo, Icaria, Barcelona, 2012.

14 C. K. Prahalad y S. L. Hart, «The fortune at the bottom of the pyramid», Strategy and Business, nº 26, 2002.

15 «En Madrid hay favelas aunque no se llamen así», El País, 3 de septiembre de 2012.

16 «En Indonesia, vendemos dosis individuales de champú a dos o tres céntimos y aún así obtenemos un beneficio decente», afirma un ejecutivo de la compañía en «La pobreza regresa a Europa», Público, 27 de agosto de 2012.

17 En este año, por primera vez los excedentes empresariales (46,1%) han superado a las rentas salariales (44,2%) en el cómputo del PIB español.

18 I. Fainé, «Crecer para dirigir», El País, 2 de noviembre de 2011.

19 G. Fernández, S. Piris y P. Ramiro, Cooperación internacional y movimientos sociales emancipadores: Bases para un encuentro necesario, Hegoa, Universidad del País Vasco, Bilbao, 2013.

20 CONGDE, «Análisis y valoración de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2013», 8 de octubre de 2012.

21 Plataforma 2015 y más, «España lidera la reducción de la Ayuda Oficial al Desarrollo y lleva la cifra de cooperación a su mínimo histórico», 3 de abril de 2013.

22 Cáritas, Desigualdad y derechos sociales. Análisis y perspectivas, Fundación Foessa, 2013.

23 Acción contra el Hambre, por ejemplo, nos invitaba a dar un donativo por cada “menú solidario” que consumiéramos en uno de los «Restaurantes contra el hambre» que formaban parte de la campaña; en una línea similar, Intermón Oxfam nos llamaba a sentarnos en su «Mesa para 7.000 millones».

Miguel Romero es editor de la revista VIENTO SUR y Pedro Ramiro es coordinador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) – Paz con Dignidad.

Este artículo ha sido publicado en la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, nº 121, 2013, pp. 143-156.

Tambores de guerra

Tambores de guerra


Siria humilla a Occidente


30/09/2013 - Autor: Abu Bakr Gallego - Fuente: Webislam



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Siria

Han dejado de sonar los tambores de guerra. Pero lo que Obama está negociando no es la paz -algo sobre lo que él no tiene ningún poder decisorio, sino una honorable retirada; una honrosa salida del conflicto que los propios lobbies judíos americanos han promovido y orquestado desde hace 2 años y medio.

Los generales del Pentágono se divertían matando iraquís a distancia con joysticks, como si de un juego de ordenador se tratase; dirigían los drones a donde ellos querían, o lanzaban proyectiles a mil kilómetros de distancia. De la misma forma, los lobbies judíos americanos se están divirtiendo dirigiendo a través de Facebook a millones de árabes, a los que persuaden con sus eslóganes, con sus consignas, con sus falsos rumores, con su manipulada información de que deben organizarse y luchar, y de que deben matar y morir. Se trataba, simplemente, de un juego, de pasar el rato, de ver cómo uno a uno caían los presidentes que ellos mismos habían colocado en el poder. Y lo mismo ocurriría, sin ninguna duda, en Siria; aún podían divertirse unos meses más. Tenían sus candidatos para el nuevo gobierno, su Plan Marshall para Oriente Medio, para Oriente, para el mundo. Pero resultó que en Siria no había un jamelgo al que dirigir estirándole de las orejas, sino un león, un asad; y cuando esos judíos quisieron subirse sobre sus lomos y llevarle fuera del país a un forzado exilio, o a un vulgar linchamiento, recibieron un zarpazo en la cara y entendieron que el juego, esta vez, iba a traer graves consecuencias también para ellos. Obama, Europa, Occidente, sin darse un minuto a la reflexión -algo más que exigible a quienes se consideran los jueces del mundo, apostaron por los rebeldes, enfrentándose de forma inexplicable a un gobierno legítimo, reconocido por todos países del mundo, incluido Israel, y a un presidente que tenía la estima y la admiración de más de medio mundo. Obama, Europa, Occidente acreditaron con su palabra, con su sabiduría, con su rectitud a esos rebeldes como fuerzas del bien, de la justicia y de la libertad. No los conocían, no sabían quiénes eran, no podían decir a ciencia cierta cuántas facciones había en esta revolución fabricada por ellos, pero apostaron todo su prestigio y legitimidad al color verde de la nueva bandera. La ruleta comenzó a girar y la bola cayó en el rojo. Estaban convencidos, como los estaban los turcos y los árabes, de que era cuestión de semanas el que, con Siria en sus manos, todo Oriente Medio se fuera doblegando a su nuevo orden mundial. Después pensaron que quizás en el caso de Siria hiciera falta algo más de tiempo -unos meses, pongamos un año. El eje del bien, los jueces del mundo seguían armando a esos rebeldes de los que no tenían noticia alguna; pero el tiempo parecía burlarse de sus expectativas. Habían pasado 2 años y el gobierno sirio estaba cada vez más firmemente afianzado en el poder, controlando de forma magistral el conflicto y, para colmo de males, llegaban informaciones inquietantes sobre esos rebeldes. Se trataba de la misma gente que Occidente llevaba más de 10 años persiguiendo, gente a la que se había declarado terrorista, en muchos casos gente sin din, auténticos mercenarios al servicio de sus propios intereses. Se hablaba de robos, de violaciones, de secuestros, de chantajes… y Obama empezó a tener pesadillas por la noche; se le fue el apetito, y llamó a sus más íntimos colaboradores para que le explicasen qué demonios estaba pasando en aquel insignificante país que se había atrevido a enfrentarse impunemente al mundo. Sus asesores le dijeron que se trataba de una estrategia. A Obama le pareció que más bien se trataba de una evasiva y quizás por ello repitió la palabra de forma interrogativa. “¿Una estrategia?” –“Verás, presi”, le dijeron, “si la gente no tiene algo en qué entretenerse, algo fuerte, sangriento, se alela y le da por la espiritualidad. Incluso en ti hemos visto desde hace un tiempo esa mirada perdida que suele indicar que a lo mejor te estás preguntando quién eres y por qué estás en este mundo. Eso, según los nuevos baremos que circulan por los servicios secretos de aquí y de allá, le puede costar la vida al más pintado.” –“Entiendo”, replicó Obama mientras se enjuagaba el sudor con un pañuelo chino de bolsillo.

Los colaboradores continuaron explicando al presidente la situación, no sin denotar un cierto aburrimiento. –“Los chicos han prendido fuego al bosque y según parece ese era su trabajo; y ahora, según parece, el tuyo es apagarlo. Pero si quieres un consejo, y dado que nos pagan para asesorarte, te diremos que cojas tu Premio Nobel de la Paz y te vayas una temporada a Kenia, a visitar a tus parientes musulmanes, pues según algunos ideólogos americanos no es de bien nacidos renegar de la religión de los padres.”

Mientras los colaboradores abandonaban el despacho oval, Obama se sentó en su sillón giratorio con la misma pesantez con la que debían sentarse los reos de muerte en la silla eléctrica. Sonó el teléfono rojo que tenía en la parte derecha de la mesa rectangular, y cuando suena ese teléfono uno siempre recuerda el dicho “no news is good news”.

-Putin al habla.

-Qué casualidad -contestó Obama con la sangre fría de quien en su juventud ha tenido que matar a un leopardo como signo de haber alcanzado la madurez viril. ¡Qué casualidad! Contigo, precisamente, quería hablar.

-No encontrarás mejor momento, pues ya estamos hablando.

-Entonces, dime, qué te parece, que hagamos con Siria.

Putin dio un chasquido, que es lo que más nervioso pone a Obama.

-Eso se lo tendrás que preguntar al Presidente Bashar.

-¿Bromeas? -contestó Obama mientras se desataba el nudo de la corbata.

-Mira, colega -replicó Putin con cierto tono de triunfo; tienes más de 100 mil muertos sobre las espaldas, 5 millones de refugiados; media Siria destruida y un grupo de rebeldes que ya no engañan a nadie. Si esto es una broma, desde luego es una broma de muy mal gusto.

Obama recordó el adhan que desde niño solía oír en sueños. Estrujó el papel en el que el sello de la Academia sueca le acreditaba como Nobel de la Paz; estrujó los recuerdos todos traicionados de su juventud, de su pasado; y pensó que pasara lo que pasara él iba a quedar en este mundo solo ante la historia, sin más protector que su demagogia; y en el Otro, mudo, pues en el Más Allá de poco sirve la elocuencia cuando nuestras intenciones pasan delante de nosotros como fotogramas imborrables.

Tenía razón el Ministro de Asuntos Exteriores francés cuando en septiembre de 2012 en una entrevista televisiva declaró que si el gobierno sirio no caía en octubre, Europa iba a tener un serio problema que resolver. El problema que hoy, un año más tarde, tiene que resolver Occidente entero es el de explicar quién representa al eje del bien y quién representa al eje del mal; quién representa la rectitud y quién representa la fechoría. Occidente se ha puesto del lado del mal, del lado de los rebeldes, del lado de los asaltantes, y ha tratado de derrocar a quien desde el principio se ha posicionado con el bien, con la rectitud, con el honor y con la defensa de su país. ¿Quién, entonces, está capacitado para diseñar un nuevo orden mundial?

Siria es el modelo para ese nuevo orden mundial, y ese, señor Ministro, es el verdadero problema con el que se tendrá que enfrentar, un día u otro, Occidente.

Poco antes de que comenzara la crisis, vino a Sham un grupo de especialistas británicos con la intención de entrevistarse con el Ministro del Awqaf y con otros líderes de las diferentes comunidades religiosas que conviven en Siria. Querían saber cómo se había logrado la paz que reinaba entre los numerosos credos que llevaban siglos cohabitando en este bendito país. ¿Cómo era posible que siete patriarcados cristianos, musulmanes sunnis, ismaelitas, alawitas, drusos y un sinfín de otras denominaciones viviesen día a día en una admirable armonía? Había paz y sobre todo había normalidad, algo muy lejano del despótico concepto de tolerancia, pues quién puede arrogarse el derecho de tolerar a otro. Se trata de convivir en mutuo respeto, permitiendo que cada comunidad esté bajo su propia ley. Un musulmán puede en Siria casarse hasta con 4 mujeres pues la ley islámica se lo permite, pero no así un cristiano a quien su ley le obliga a la más estricta monogamia. ¿Cómo se puede hablar de tolerancia cuando se le impide al otro que viva bajo su ley, una ley que necesariamente derivará de su credo, de su visión religiosa? Este grupo de especialistas británicos quería saber cómo se había logrado esa paz, esa convivencia natural, esa mutua tolerancia que se manifestaba en toda la sociedad siria. En Europa la tolerancia está impuesta, está incrustada en las sociedades por la fuerza y por eso mismo no deja de haber crispación, conflictos, odios y envidias. Estos especialistas veían asombrados cómo 85 nacionalidades convivían y estudiaban en una misma institución académica. Se trataba, en realidad, de una armonía social, de un bienestar colectivo que se había mantenido interrumpidamente desde hacía más de mil años y que las esporádicas crisis que había sufrido se debían siempre a la intervención de elementos extraños a la propia sociedad siria, como fue la terrible y sangrienta invasión europea liderada por los cruzados. Pero, ¿acaso pueden los que pertenecen a unas naciones que llevan dos mil años invadiendo territorios a veces escandalosamente lejanos de los suyos, matando, saqueando, expoliando su historia, robando sus legados para luego construir con ellos extravagantes muesos… pueden éstos, por muy especialistas que sean, entender conceptos como el de paz, armonía social, convivencia, fraternidad? ¿Puede alguien de forma confiada meter su mano en un nido de víboras? A estos especialistas les gustaría hacer tabla rasa y empezar de nuevo su historia con tinta negra en vez de roja. Les gustaría borrar de sus páginas las sentencias de muerte que sus mayores firmaron contra las mentes más lúcidas de Europa; guillotinaron a reyes y a sabios, quemaron vivos a filósofos y a científicos, persiguieron cualquier matiz interpretativo de sus falseadas escrituras y sus hogueras no hacían sino alimentarse de más y más libros. Estos especialistas podrían aludir al hecho de que todos estos desmanes, todos estos crímenes pertenecían a un pasado sin duda dominado por la barbarie y por la ignorancia, que nada tiene que ver con el luminoso presente en el que viven las naciones europeas. Si eso es así, ¿cómo explicarán los británicos a los niños que hoy tienen 5 años la guerra de Afganistán, la guerra de Iraq, la guerra de Vietnam, la guerra de Corea… ¿Cómo les explicarán que Toni Blair fue expulsado de la jefatura de gobierno por mentiroso, por haber mentido al pueblo y por haber costado su mentira más de 3 millones de vidas?

Todos esos especialistas que vinieron a Sham o que se quedaron maquinando en sus respectivos países saben que no hay hoy en el mundo un solo político que pudiera resistir la crisis, el conflicto, la guerra interna y externa que está resistiendo Bashar al-Asad. Cayó el Presidente de Túnez, el Presidente de Libia, el Presidente de Yemen, el Presidente de Egipto, el Primer Ministro británico… pero el Presidente sirio se mantiene firme en su puesto; se mantiene firme en la razón, en la rectitud, en la defensa del derecho que todos los pueblos de la tierra tienen a gobernarse según sus propios criterios. El ejército está con él y también las fuerzas de seguridad. No han logrado comprarlas ni con su dinero ni con sus amenazas; ahora saben que están dispuestos a morir para proteger esta paz y esta armonía social que hace que Siria sea un oasis en el desierto actual de las naciones. ¿Qué presidente hoy puede levantarse y medirse en dignidad y en honor, en determinación y en lealtad con el Presidente Bashar? ¿Acaso no están hoy todas las naciones arrodilladas ante la banca judía, ante sus consorcios económicos, sus multinacionales, su tecnología bélica y alienante?

Estos especialistas se asombraban de la seguridad que imperaba en las calles de Damasco, una seguridad que no respondía a un despliegue policial sino a la educación, al poso civilizador que han dejado en la estructura celular de los sirios milenios de sabiduría profética.

Allah el Altísimo ha elegido la crisis de Sham, la crisis siria para trazar una clara línea divisoria entre los individuos y las naciones, una línea que separa a los que se han posicionado al lado de Siria, de su rectitud y de su determinación, de los que han optado por el bando de los rebeldes, apoyados por los lobbies judíos y los especialistas de las naciones que no han dejado un solo instante de invadir y arrasar al resto de los pueblos. Esta línea divisoria es tajante y lleva a dos destinos opuestos. Cada uno, pues, que elija su camino.

Abu Bakr Gallego,
Damasco, Siria,
14/Septiembre/2013

Un tebeo que denuncia la situación del pueblo palestino

Un tebeo que denuncia la situación del pueblo palestino


Palestina. Un vistazo al pasado, una mirada al presente, de Bernardo Vergara


30/09/2013 - Autor: Redacción WI - Fuente: Redacción



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Portada del tebeo
Portada del tebeo

El dibujante Bernardo Vergara presentó recientemente un nuevo tebeo, que no es ni más ni menos que un recorrido crítico a través de la historia pasada y presente del Estado Palestino y su infatigable lucha contra el plan de Occidente e Israel.

"Un vistazo al pasado, una mirada al presente", con este título se dio a conocer en el marco de las XVIII Jornadas de cómic Villa de Avilés. Se trata de un tebeo divulgativo sobre el conflicto palestino- israelí que he hecho por encargo del Conseyu de la Mocedá del Principáu d'Asturies y la Coordinadora de ONGD del Principado de Asturias.

En las escasas veinte páginas que tiene la publicación, el autor ha intentado pergeñar de forma sencilla y sin renunciar al humor -a veces no ha sido fácil, otras veces ha sido imposible", confiesa-, un esquema que sirva de aproximación a un conflicto que permanece enquistado desde hace más de sesenta años y que no tiene visos de resolverse a corto plazo.

La obra en su versión digital está disponible según la Licencia Creative Common y se puede descargar de forma gratuita.

"Palestina. Un vistazo al pasado, una mirada al presente"




El Camino libre del Islam

El Camino libre del Islam


“Islam en la Encrucijada”


15/02/1995 - Autor: Muhámmad Asad - Fuente: Verde Islam 0



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Muhammad Asad
Muhammad Asad

El artículo que presentamos a continuación es parte del libro “Islam en la Encrucijada”, escrito por el gran pensador, hace tres años fallecido, Muhammad Asad. Pese al tiempo transcurrido desde su original publicación, ahora se cumplen 50 años, sorprende por la lucidez y actualidad del analisis que en él se hace. Su intención fue realizar una llamada de atención a los musulmanes sobre los riesgos de una imitación ciega de las formas sociales y valores occidentales, a la vez que una llamada a la preservación de las formas y valores de nuestro pasado que siguen teniendo aplicación a la realidad del Islam en cuanto que fuerza generadora de cultura, y a un despertar del espíritu de aquella ideologia islámica que procede del Sagrado Corán y de la Tradición del Profeta Muhammad.

Muhammad Assad no dudaba de que en el mundo musulmán se ha producido y se está produciendo un despertar, pero lamentaba que éste no fuera guiado por los auténticos valores del Corán y la Sunnah. Describe en su libro la confusión que se origina en el ansia de muchos musulmanes por aceptar ciegamente las formas sociales y de pensamiento surgidas en el mundo musulmán medieval, en lugar de volver resueltamente a la ideología quepresentan las únicas fuentes auténticas de Islam: el Corán y la Sunnah.

Pocas veces ha estado la humanidad tan inquieta intelectualmente como en nuestro tiempo. No sólo nos enfrentamos a multitud de problemas que requieren soluciones nuevas y sin precedentes, sino que también el ángulo de visión en que aparecen estos problemas ante nosotros difiere de cuanto hemos estados acostumbrados hasta el momento. La sociedad está travesando cambios fundamentales en todos los paises y el ritmo al que se producen varía de uno a otro país; pero en todos ellos es posible observar la misma energia apresurada que no deja lugar al detenimiento ni a la vacilación.

En este respecto el mundo de Islam no es una excepción. Vemos aqui también la desaparición gradual de viejas costumbres e ideas y la aparición de formas nuevas. ¿A donde nos lleva este desarrollo? ¿Cual es su alcance y profundidad? ¿En que medida se adecúa a la misión cultural de Islam?

No es mi intención contestar exhaustivamente todas estas preguntas. Me centraré más bien alrededor de uno sólo de los problemas con que se enfrentan los musulmanes hoy en dia: la actitud que deberían adoptar hacia la civilización occidental. Las extensas ramificaciones del tema nos han obligado a incluir en nuestro escrutinio ciertos aspectos básicos de Islam, y en particular lo que atañe al concepto de la Sunnah. Es imposible dar aquí nada mas que un simple perfil de un tema que es lo bastante amplio como para llenar muchos tomos. Pero no obstante, o quizás por esa razón, estoy seguro de que este breve esbozo servirá de estímulo para que otros sigan reflexionando sobre este importante problema.

Los musulmanes tienen derecho a saber, cuando un musulmán converso se dirige a ellos, como entró en Islam y qué le impulsó a ello. Por esta razón hablaré de mí mismo.

En 1922, dejé Austria, mi país natal, para viajar por Africa y Asia como enviado especial de varios periódicos europeos de vanguardia, y desde aquel año pasé el resto de mi vida en los paises islámicos de Oriente. Mi interés en los paises con los que entré en contacto fué al principio sólo el de un forastero. Lo que vi ante mi era un orden social y una forma de entender la vida distintos radicalmente de los europeos; y desde el primer momento se manifest.o en mi una simpatia por una concepción de la vida mas tranquila y yo diría que mas humana comparada con la forma de vida apresurada y mecanizada de Europa. Esta simpatia me llevó gradualmente a una búsqueda de las razones de tal diferencia, y empecé a interesarme por las enseñanzas religiosas de los musulmanes. Por aquel entonces, mi interés no era aún lo bastante fuerte para impulsarme a hacerme musulmán, pero me abrió un panorama nuevo de una sociedad humana progresiva, organizada con un mínimo de conflictos internos y un máximo de auténtico sentimiento de hermandad. La realidad de la vida musulmana del momento presente, sin embargo, parecía distar mucho de las posibilidades reales contenidas en las enseñanzas religiosas del Islam. Todo aquello que, en Islam, habia sido movimiento y progreso se habia vuelto indolencia y estancamiento entre los musulmanes; todo cuanto habia sido generosidad y abnegación se habia corrompido, entre los musulmanes actuales, dejando sólo estrechez de miras y apego a una vida fácil.

Movido por este descubrimiento e intrigado por la evidente disparidad entre el Pasado y el Ahora, traté de resolver el problema planteándolo desde un punto de vista mas íntimo: es decir, intenté imaginarme dentro del círculo de Islam. Se trataba de un experimento puramente intelectual; pero me ayudó a desvelar, en un tiempo muy corto, la solución correcta. Comprendí que la única razón de la decadencia social y cultural de los musulmanes era el hecho de que habian dejado de seguir las enseñanzas de Islam en su fuero interno. Islam seguía ahí; pero era un cuerpo sin alma. El elemento esencial que una vez habia creado la fortaleza del mundo musulmán era ahora el responsable de su debilidad: la sociedad islámica fué construida, desde sus comienzos, sobre una base exclusivamente religiosa, y el debilitamiento de esa base ha debilitado necesariamente la estructura cultural y es posible que llegue a provocar su desaparición final.

Cuanto más veía lo concretas e inmensamente prácticas que eran las enseñanzas de Islam, mas insistentes se hacían mis preguntas sobre porque habían abandonado los musulmanes su aplicacion integral a la vida real. Discutí este problema con muchos musulmanes educados en casi todos los paises desde el Desierto Líbio hasta los Pamires, desde el Bósforo hasta el mar Arábigo. Se convertió casi en una obsesión que acabó por eclipsar al resto de mis intereses intelectuales en el mundo de Islam. Esta inquisitividad se volvió tan intensa que hablaba yo a los musulmanes, sin ser yo uno de ellos, como si fuera mi deber defender el Islam de su negligencia e indolencia. Este cambio me pasó desapercibido, hasta que un dia durante el otoño de 1925, en las montañas de Afghanistan un jóven gobernador provincial me dijo:”Pero si tu ya eres musulmán, sólo que no lo sabes”. Estas palabras me impresionaron y me sumieron en el silencio. Pero cuando regresé de nuevo a Europa en 1926, comprendí que la única consecuencia lógica de mi actitud era el hacerme musulmán.

Estas fueron las circumstancias que me llevaron a hacerme musulmán. Desde entonces se me ha preguntado una y otra vez:”¿Por que te hiciste musulmán? ¿Que fué lo que te atrajo en especial?” y debo confesar que no tengo una respuesta particular que me satisfaga. No fué ninguna enseñanza concreta lo que me atrajo, sino toda la maravillosa estructura de enseñanzas morales y un programa práctico de vida de una coherencia inexplicable. Aún hoy, no podría decir cual de sus aspectos me atrae más que los otros. El Islam me parece una obra arquitectónica perfecta. Todos sus elementos han sido armoniosamente concebidos para complementarse y apoyarse mutuamente: nada está de más y nada falta; y el resultado es una estructura de total equilibrio y sólida compostura. Tal vez, este sentimiento de que todo en las enseñanzas y en los postulados del Islam está “en su lugar”, séa lo que haya creado la impresión mas fuerte en mí. Han podido haber, ademas, otras impresiones que hoy me resulta dificil analizar. Fué sobretodo una cuestión de amor; y el amor se compone de muchas cosas: de nuestros deseos y nuestra soledad, de nuestras aspiraciones y nuestras limitaciones, de nuestras habilidades y de nuestras deficiencias. Y este fué mi caso. Islam vino a mí como un ladrón que entra de noche en una casa; pero que, a diferencia del ladrón, vino para quedarse.

Desde entonces me esforcé por aprender todo lo que pude acerca del Islam. Estudié el Corán y las Tradiciones del Profeta. Estudié la lengua del Islam y su historia, y mucho de lo que había sido escrito sobre el tema, a favor y en contra. Pasé cerca de seis años en el Hiyáz y en Nachd, su mayor parte en Mecca y Medina, a fin de experimentar parte del entorno original en el que el Profeta árabe había predicado esta religion. Dado que el Hiyáz es zona de encuentro de musulmanes de muchos paises, pude comparar la mayoria de los diferentes puntos de vista religiosos y sociales imperantes en el mundo islámico de nuestros dias. Aquellos estudios y comparaciones me llevaron a la firme convicción de que el Islam, como fenómeno espiritual y social, sigue siendo con mucho, a pesar de todas las limitaciones creadas por las deficiencias de los musulmanes, la fuerza impulsora mas grande que la humanidad haya conocido; y la cuestión de su regeneración se convirtió, desde entonces, en el centro de gravedad de todos mis intereses.

Este escrito es una humilde contribución a ese gran objetivo. No pretende ser una exploración objetiva del tema, sino la presentación de un caso tal como yo lo veo: el caso del Islam frente a la civilización occidental. Y no está escrito para quienes tienen el Islam como uno de los muchos complementos, mas o menos utiles, de su vida social, sino para aquellos en cuyos corazones arde aún una chispa de la llama que ardía en los corazones de los Compañeros del Profeta, una llama que una vez engrandeció al Islam como orden social y como logro cultural.

El camino libre del islam

Uno de los lemas mas característicos de la era presente es “la conquista del espacio”’. Se han conseguido desarrollar medios de comunicación que van mas allá de los sueños de anteriores generaciones; y estos nuevos medios han puesto en marcha una transferencia de mercancias mucho más rápida y extensa de lo que la historia de la humanidad haya conocido nunca. El resultado de este desarrollo es la interdependencia económica de las naciones. No existe hoy ya nación ni grupo que pueda mantenerse apartado del resto del mundo. El desarrollo económico ha dejado de ser algo local y su carácter se ha vuelto mundial. Es un desarrollo que deja a un lado, al menos en sus tendencias, las fronteras políticas y las distancias geográficas, y trae consigo -y es posible que ésto séa aun mas importante que el lado puramente material del problema-, la necesidad continuada de transferir, no sólo mercancias sino tambien ideas y valores culturales.

Pero mientras que esas dos fuerzas, la económica y la cultural, a menudo van de la mano, sus normas dinámicas difieren. Las leyes elementales de la economía requieren que el intercambio de mercancias entre naciones séa mutuo; lo que supone que ninguna nación puede actuar sólo como compradora al tiempo que otra es siempre vendedora; a la larga ambas deben jugar ambos papeles simultáneamente, dando a la otra y tomando de ella, ya sea directamente o por intermedio de otros actores en este drama de fuerzas económicas. Sin embargo, en el campo cultural esta norma rígida de intercambio no es una necesidad, al menos no siempre una necesidad aparente: es decir, la transferencia de ideas e influencias culturales no está basada por necesidad en el principio de dar y tomar. Es algo natural el que ciertas naciones y civilizaciones que son pólitica y económicamente mas viriles ejerzan una fuerte fascinación sobre aquellas comunidades mas débiles o menos activas, y las influencien en las esferas intelectual y social sin verse ellas mismas influenciadas. Esta es la situación que existe hoy en las relaciones entre los mundos occidental e islámico.1

Desde el punto de vista del observador histórico, la fuerte influencia unilateral que la civilización occidental ejerce sobre el mundo islámico ya sea reconocida o no por los propios musulmanes, no es para sorprenderse, ya que es el resultado de un largo proceso histórico del que existen analogías en otras partes. Pero si bien el historiador, ocupado tan solo con la observación, puede quedarse satisfecho, para nosotros, los musulmanes, la cuestión queda pendiente. Para nosotros, que no somos meramente espectadores interesados, sino actores muy reales en este drama, para nosotros que nos consideramos seguidores del Profeta Muhammad, el problema realmente empieza aquí. Nosotros creemos que el Islam, a diferencia de otras religiones, no es tan solo una actitud espiritual en la mente, que puede ajustarse a distintas situaciones culturales, sino una órbita independiente de cultura y un sistema social de características claramente definidas. Cuando, como en el caso actual, una civilización extranjera extiende sus ramificaciones en nuestro interior produciendo cambios acusados en nuestro organismo cultural, hemos de cerciorarnos de si tal influencia extranjera coincide con la dirección de nuestras propias posibilidades culturales o va en contra de ellas; de si actúa como un suero vigorizante, o como un veneno.

La respuesta a esta pregunta puede obtenerse tan solo mediante el análisis. Debemos descubrir las motivaciones de ambas civilizaciones, la islámica y la del occidente moderno, para luego investigar si es posible la cooperación entre ellas. Dado que la civilización islámica es esencialmente religiosa, debemos, antes de nada, tratar de definir el papel general de la religión en la vida humana.

Lo que llamamos “actitud religiosa” es un resultado natural de la constitución intelectual y biológica del hombre. El hombre es incapaz de explicarse así mismo el misterio de la vida, el misterio del nacimiento y de la muerte, el misterio de la infinitud y de la eternidad. Su pensamiento se detiene ante murallas inexpugnables. Por ésto, sólo puede hacer dos cosas. Una es abandonar todo intento de entender la vida como totalidad. En ese caso, se apoyará únicamente en la evidencia que extrae de las experiencias externas y sus conclusiones estarán limitadas a esa esfera. Será capaz de comprender fragmentos aislados de la vida, que irán en aumento en número y claridad, bien rápida o lentamente, a medida que se incrementa el conocimiento humano de la naturaleza, pero que, en cualquier caso, seguirán siendo sólo fragmentos al tiempo que la comprensión de la totalidad misma seguirá fuera del alcance de los recursos metodológicos de la razón humana. Este es el camino que siguen las ciencias naturales. La otra posibilidad que puede perfectamente coexistir con la científica es el camino de la religión. Este conduce al hombre, mediante una experiencia interior, en su mayor parte intuitiva, a la aceptación de una explicación unitaria de la vida basada en la premisa de que existe un Poder Creativo supremo que gobierna el universo de acuerdo con un plan preconcebido que está mas allá de la comprensión humana. Como se acaba de decir, esta concepción no proscribe al hombre de una investigación de aquellos datos y fragmentos de la vida que se prestan a la observación externa al no existir un antagonismo inherente entre la percepción externa (científica) y la interna (religiosa). Pero esta última es, de hecho, la única posibilidad especulativa de concebir toda la vida como una unidad en su esencia y en su fuerza motriz; dicho brevemente, como una totalidad en armonía y en buen equilibrio. El término “armonía”, tan mal empleado en general, es muy importante en este contexto, porque presupone una actitud correspondiente en el hombre mismo. El ser humano religioso sabe que todo lo que ocurre dentro y fuera de él no puede en ningun caso ser el resultado de fuerzas ciegas desprovistas de conciencia y propósito; su fé le dice que es sólo la manifestación de la voluntad consciente de Dios y que se encuentra, por lo tanto, integrado orgánicamente dentro de un plan universal. De esta forma, el hombre consigue resolver el amargo enfrentamiento entre la personalidad humana y el mundo objetivo de datos y apariencias que designamos como Naturaleza. El ser humano, con todo el intricado mecanismo de su alma, con todos sus deseos y temores, sus sentimientos y las incertidumbres a que le lleva la especulación, se ve enfrentado a una Naturaleza en la cual la abundancia, la crueldad, el peligro y la seguridad se encuentran mezclados en forma maravillosa e inexplicable y aparentemente operan siguiendo líneas completamente distintas de los métodos y de la estructura de la mente humana. La filosofía puramente intelectual o la ciencia experimental no han logrado resolver este conflicto. Este es exactamente el punto en el que la religión entra en escena.

A la luz de la percepción y experiencia religiosas, la personalidad humana autoconsciente entra en una relación espiritualmente armoniosa con una Naturaleza muda, y aparentemente irresponsable, porque ambas, la consciencia individual del hombre y la Naturaleza dentro de él y a su alrededor, son tan solo manifestaciones coordinadas, aunque diferentes, de una misma Voluntad Creadora. El inmenso beneficio que la religion aporta así al hombre es el reconocimiento de que él es, y será siempre, una unidad bien planificada en el movimiento eterno de la Creación: una parte definida del infinito organismo del destino universal. La consecuencia psicológica de esta concepción es un sentimiento profundo de seguridad espiritua, ese equilibrio entre esperanzas y temores que diferencia al auténtico hombre religioso de cualquier religión del no religioso.

Esta posición fundamental es común a todas las grandes religiones, séan cuales fueran sus doctrinas específicas; e igualmente común a todas ellas es su llamamiento moral a que el hombre se someta a la manifiesta Voluntad de Dios. Pero el Islam, y sólo el Islam, va más allá de esta explicación y exhortación teóricas. No sólo nos enseña que toda la vida es esencialmente una unidad, pues procede de la Unidad Divina, sino que nos brinda también un método mediante el cual cada uno de nosotros puede reproducir, dentro de los limites de su vida terrenal como individuo, esta unidad de Idea y Acción, tanto en su existencia como en su conciencia. Para lograr este objetivo supremo de la vida el hombre, en el Islam, no es obligado a renunciar al mundo; no son precisas grandes austeridades a fin de abrir una puerta secreta que conduzca a la purificacion espiritual; la mente no se ve sometida a la presión de tener que creer en dogmas incomprensibles para conseguir la salvacion.

Tales exigencias son totalmente ajenas al Islam: porque no es ni una doctrina mística ni una filosofía. Es simplemente un programa de vida que esta de acuerdo con las “leyes de la naturaleza” decretadas por Dios para Su creación; y su logro mas elevado es una coordinación completa de los aspectos materiales y espirituales de la existencia humana. Estos dos aspectos no solo son “reconciliados”, en las enseñanzas del Islam, en el sentido de que no existe un conflicto inherente entre la existencia corporal y moral del hombre, sino que se insiste en que su coexistencia e inseparabilidad real son la base natural de la vida.

Esta es, a mi parecer, la razón de la forma peculiar que adopta la oración musulmana, en la que la se coordinan la concentración espiritual y ciertos movimientos corporales. Algunos críticos adversos al Islam, a menudo apuntan a esta forma de oración como prueba de que el Islam es una religión formalista y externa, y, de hecho, gentes de otras religiones, que están acostumbradas a separar claramente lo “espiritual” de lo “corporal” casi en la misma forma en que el lechero separa la nata de la leche, no pueden entender facilmente que en la leche entera del Islam ambos ingredientes coexisten y se expresan juntos armoniosamente, a pesar de tener composiciones distintas. En otras palabras, La oración musulmana consta de concentración mental y movimientos corporales porque la propia vida humana tiene la misma composición, y porque debemos dirigirnos a Dios por medio de la totalidad de facultades que El nos ha otorgado.

Otra demostración de esta actitud puede observarse en la ceremonia del tauaf, que es el rito de dar vueltas en torno a la Ka´abah en Mecca. Dado que el dar siete vueltas alrededor de la Ka’abah es una obligación indispensable para todo aquel que entra en la Ciudad Sagrada , y dado que el cumplimiento de esta obligación es uno de los puntos mas esenciales de la peregrinación a Mecca, tenemos el derecho a preguntarnos: ¿Que significado tiene ésto? ¿Es necesario expresar la devoción de una manera tan formalista?.

La respuesta es bastante obvia. Si nos movemos dando vueltas alrededor de un objeto haremos de ese objeto el punto central de nuestra acción. La Ka’abah, hacia la que todo musulman se vuelve en su oración, simboliza la Unidad de Dios. El movimiento corporal del peregrino en el tauaf simboliza la actividad de la vida humana. Por lo tanto, el tauaf implica que no sólo nuestros pensamientos devocionales deben estar centrados en la idea de Dios y Su Unidad, sino tambien nuestra vida práctica, nuestras acciones y propósitos de acuerdo con las palabras del Sagrado Corán:

“No he creado a los genios y a la humanidad con otro propósito que el de que Me adoren y sirvan.” (Surah 51:56)

De esta forma, el concepto de “adoración” en el Islam es diferente del de cualquier otra religión. Aquí no está restringido a las prácticas puramente devocionales, como la oración o el ayuno, sino que se extiende tambien sobre toda la vida práctica del hombre. Si el objetivo de toda nuestra vida ha de ser la adoración y el servicio a Dios, tenemos por fuerza que considerar esta vida, en todos sus aspectos, como una compleja responsabilidad moral. De esta forma, todas nuestras acciones, aún aquellas aparentemente triviales, deben ser realizadas como actos de adoración; es decir, deben ser realizadas conscientemente ya que forman parte del plan universal divino. Tal estado de cosas es un ideal lejano para un hombre de capacidad media; pero ¿acaso no es el propósito de la religión el hacer que los ideales cobren vida?.

Respecto a ello, la posición del Islam es clara. Nos enseña. primero, que el servicio y la adoración a Dios permanente, en todas las manifestaciones de la vida humana representa el auténtico sentido de esta vida; y, segundo, que el logro de este objetivo nos será imposible mientras sigamos dividiendo nuestra vida en dos partes, espiritual y material: ambas deben estar ligadas, en nuestra consciencia y en nuestras acciones, formando una entidad armoniosa. Nuestra noción de la Unidad de Dios debe estar reflejada en nuestros esfuerzos por unificar y coordinar los distintos aspectos de nuestra vida.

La consecuencia lógica de esta actitud crea otra diferencia mas entre el Islam y todos los demás sistemas religiosos que conozco. Esta reside en el hecho de que el Islam, como enseñanza, se propone definir no sólo las relaciones metafisicas entre el hombre y su Creador, sino también y con casi la misma insistencia las relaciones terrenales entre el individuo y su entorno social. No considera la vida terrenal como una mera concha vacía, o una sombra sin sentido del Mas Allá por venir, sino como una entidad positiva completa en si misma. Dios Mismo es una Unidad, tanto en esencia como en propósito y, por lo tanto, Su creación es ciertamente una unidad en su propósito, y quizás también en esencia. Ser conscientes de Dios en el amplio sentido que acaba de ser expuesto, resume, para el Islam, el significado de la vida humana. Y esta es la única concepción que nos muestra la posibilidad de que el hombre alcance la perfección en su vida terrenal como individuo. De entre todos los sistemas religiosos, sólo el Islam declara que es posible lograr la perfección individual en nuestra existencia terrenal. Islam no pospone esta realización hasta después de haber sido suprimidos los llamados deseos “corporales”, como dice la enseñanza cristiana; ni promete una serie continua de reencarnaciones en planos cada vez mas elevados, como es el caso del hinduismo; ni está de acuerdo con el budismo, según el cual la perfección y la salvación sólo pueden conseguirse mediante la aniquilación del Yo individual y de sus lazos emocionales con el mundo. No: el Islam es tajante en su afirmación de que el hombre puede alcanzar la perfección en su vida terrenal como individuo mediante el uso exhaustivo de todos sus dones naturales y posibilidades terrenales.

A fin de evitar malentendidos, será necesario definir el término “perfección” en el sentido en que es utilizado aquí. La idea de la perfección “absoluta” no puede ser considerada al tratar de seres humanos, limitados biológicamente, porque lo Absoluto pertenece exclusivamente a la esfera de los atributos divinos. La perfección humana en su auténtico sentido, psicológico y moral, debe necesariamente tener una connotación relativa y estrictamente limitada. Esto no significa la posesión de todas las buenas cualidades imaginables, ni tampoco la adquisición externa progresiva de cualidades nuevas, sino únicamente el desarrollo de las cualidades positivas existentes ya en el individuo de modo que se activen sus poderes innatos que de otro modo permanecerán latentes. Dada la natural variedad de fenómenos vitales, las cualidades innatas del hombre difieren en cada caso individual.

Sería absurdo, por lo tanto, suponer que todos los seres humanos deberían, o ni siquiera podrían, esforzarse por alcanzar un mismo “tipo” de perfección igual de absurdo que sería esperar que un perfecto caballo de carreras tuviera exactamente las mismas cualidades que un perfecto caballo de tiro. Ambos pueden ser perfectos individualmente y adecuados a su función, pero serán distintos, porque sus caracteres originales son distintos. Con los seres humanos el caso es similar. Si la perfección fuera uniformada en base a un “tipo” específico, como hace el Cristianismo con el tipo de santo ascético, los seres humanos tendrían que abandonar, cambiar o suprimir, todas sus diferencias individuales. Pero esto violaría la ley Divina de la variedad individual que opera sobre toda la vida en la Tierra.

Por esta razón, el Islam, que no es una religión de represión, permite al hombre un margen muy amplio en su existencia personal y social, para que las diversas cualidades, temperamentos e inclinaciones psicológicas de los diferentes individuos encuentren sus propias vias de desarrollo positivo de acuerdo con sus caracteristicas individuales. De esta forma, un hombre puede ser un asceta, o disfrutar plenamente de sus posibilidades sensuales dentro de los límites permitidos; puede ser un nómada que vaga por el desierto sin tener para comer al dia siguiente, o un mercader rico rodeado de sus mercancias: siempre que se someta consciente y sinceramente a las leyes decretadas por Dios, es libre de ajustar su vida personal a la forma mas acorde con su naturaleza. Su deber es sacar el mayor provecho a su vida para hacer honor asi al don que su Creador le ha otorgado; y, mediante su propio desarrollo, ayudar a sus prójimos en sus empeños espirituales, sociales y materiales. Pero como la forma de su vida individual no está en modo alguno fijada por un modelo único, es libre de elegir entre las ilimitadas posibilidades lícitas a su disposición. La base de este “liberalismo” en el Islam se halla en la concepción de que la naturaleza original del hombre es esencialmente buena. En contra de la idea cristiana de que el hombre nace pecador, o de las enseñanzas del Hinduismo de que es en su origen bajo e impuro y que debe atravesar penosamente una larga sucesión de transmigraciones en su camino hacia la perfección, la enseñanza islámica sostiene que el hombre nace puro y en el sentido ya explicado potencialmente perfecto. Dice el Sagrado Corán:

“En verdad, hemos creado al Hombre en la mejor forma...”

Pero inmediatamente el Corán prosigue:

“...y luego hemos hecho de él lo más abyecto, excepto aquellos que creen y hacen buenas obras.” (Surah 95:46)

En estos versos se expresa la doctrina de que el hombre es originalmente bueno y puro; y, además, de que la falta de una creencia en Dios y la ausencia de buenas obras puede destruir esta perfección original. Por otro lado, el hombre puede conservar, o recuperar, esa perfección individual original si toma conciencia de la Unidad de Dios y se somete a Sus leyes. De esta forma, de acuerdo con Islam, el mal no es esencial ni tampoco original; es una adquisición de la vida consciente del hombre, que se debe a un mal uso de las cualidades positivas que Dios concede a todo ser humano. Estas cualidades son diferentes para cada individuo, como ya se ha dicho, pero potencialmente perfectas en sí mismas en todos los casos; y su desarrollo completo es posible dentro del período de la vida individual del hombre en la Tierra. Damos por sentado que la vida despues de la muerte, dado el cambio completo en las condiciones del sentimiento y la percepción, nos proveerá de nuevas cualidades y facultades que harán posible el progreso ulterior del alma humana; sin embargo esto afecta sólo a nuestra vida futura. En esta vida terrenal, tambien, la enseñanza islámica sostiene taxativamente que podemos, cada uno de nosotros, alcanzar una medida plena de perfección desarrollando los rasgos positivos, ya existentes, de que están compuestas nuestras personalidades.

Sólo el Islam, entre todas las religiones, hace posible que el hombre disfrute plenamente de su vida terrenal sin verse obligado a abandonar su orientación espiritual. ¡Cuán distinta es esta concepción de la cristiana! De acuerdo con el dogma cristiano, la humanidad se tambalea bajo el peso de un pecado original cometido por Adán y Eva, y en consecuencia se considera a toda la vida humana, al menos en la teoria dogmática, como un oscuro valle de lágrimas. Es el campo de batalla de dos fuerzas opuestas: el Mal, representado por Satán, y el Bien, representado por Jesucristo.

Satán, haciendo uso de tentaciones corporales, trata de obstaculizar la marcha del alma humana hacia la luz eterna; y aunque el alma pertenece a Cristo, el cuerpo es el campo de acción de las influencias satánicas. Uno podría expresarlo de otra forma: el mundo de la Materia es esencialmente satánico, mientras que el mundo del Espíritu es divino y bueno. Todo lo que, en la naturaleza humana, es material, o “carnal”, como la teología cristiana prefiere llamarlo, es el resultado directo de la caída de Adán al sucumbir éste a las insinuaciones del infernal Príncipe de las Tinieblas y de la Materia. Por tanto, para alcanzar la salvación, el hombre debe apartar su corazón de este mundo de la carne para concentrarlo en el mundo espiritual futuro, en el que el “pecado original” es redimido por el sacrificio de Cristo en la cruz.

Aunque, en la práctica, este dogma no sea obedecido y nunca lo ha sido, la sola existencia de tal enseñanza tiende a producir un sentimiento permanente de mala conciencia en el hombre de inclinaciones religiosas, que se ve zarandeado entre la llamada perentoria a dejar el mundo y el impulso natural de su corazón a vivir y disfrutar de esta vida. La sola idea de la existencia de un pecado inevitable, por ser hereditario, y de su redención mística incomprensible para el intelecto medio a través del sufrimiento de Jesús en la cruz, erige una barrera entre el anhelo espiritual del hombre y sus legítimos deseos terrenales.

En el Islam no tenemos conocimiento de un “pecado original” y consideramos tal concepto como contrario a la idea de la justicia divina. Dios no hace responsable al hijo de las acciones de sus padres: ¿Cómo entonces, podría hacer a todas las innumerables generaciones de la humanidad, responsables de un pecado de desobediencia cometido por sus antepasados mas remotos? Sin duda es posible idear explicaciones filosóficas de tan extraña suposición, pero para el intelecto llano seguirá siendo tan artificial y tan poco satisfactoria como el mismo concepto de la Trinidad. Y así como no existe pecado hereditario, tampoco existe redención universal de la humanidad en las enseñanzas del Islam. La redención o la condenación son individuales. Cada musulmán se redime así mismo, ya que su corazón contiene todas las posibilidades de éxito o de fracaso espiritual. El Corán dice del hombre:

“En su favor contará el bien que haya hecho, y en su contra el mal que haya hecho.” (Surah 2:286).

Y en otro verso dice:

“Y del hombre no será sino aquello por lo que se esfuerza.” (Surah 53:39)

Si bien el Islam no comparte la deprimente visión de la vida expresada por la doctrina cristiana de Pablo, sí nos enseña a no dar a la vida terrenal el valor exagerado que le confiere la civilización occidental moderna. Mientras que la concepción cristiana presupone que la vida terrenal es un mal negocio, el Occidente moderno que no es identificable con el Cristianismo adora la vida de la misma forma que el glotón adora su comida: la devora pero no tiene respeto por ella. Por el contrario, el Islam contempla la vida con calma y respeto. No la adora, sino que la considera una etapa orgánica en nuestro camino hacia una existencia mas elevada. Pero precisamente porque es una etapa, y una etapa necesaria, el hombre no tiene derecho a despreciarla o ni siquiera a infravalorar su vida terrenal. Nuestro paso por este mundo es una parte necesaria y positiva del plan de Dios. La vida humana es, por lo tanto, de enorme valor; pero no debemos olvidar nunca que su valor es puramente instrumental. En el Islam no hay sitio para el optimismo materialista del occidente moderno que dice: “Mi reino es sólo de este mundo” ni tampoco para el desprecio a la vida del aforismo cristiano: “Mi reino no es de este mundo”. Islam toma la via de en medio. El Corán nos enseña a orar diciendo:

“iOh Señor nuestro!i Concédenos el bien en esta vida y el bien en la otra vida!” (Surah 2:201).

De esta forma, la plena valoración de este mundo y de lo que nos ofrece no es necesariamente un impedimento a nuestros esfuerzos espirituales. La prosperidad material es algo deseable, aunque no como objetivo en sí. El objetivo de todas nuestras actividades prácticas debería ser siempre la creación y el mantenimiento de aquellas condiciones personales y sociales que conduzcan al desarrollo de la fuerza moral en los seres humanos. De acuerdo con este principio, el Islam guía al hombre hacia una conciencia de responsabilidad moral en todo cuanto hace, ya sea grande o pequeño. El bienconocido mandato de los Evangelios: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” no tiene cabida en la estructura teológica del Islam porque, primero, todo se considera perteneciente a Dios y, segundo, porque el Islam no admite la existencia de un conflicto entre los requisitos morales y socioeconómicos de nuestra vida. En todos los casos no existe sino una alternativa: la alternativa entre el Bien y el Mal sin nada en medio, y de aquí surge la intensa insistencia en la acción como elemento indispensable de la moralidad.

Cada musulmán individual tiene que considerarse en cierta medida responsable de lo que está ocurriendo a su alrededor, y esforzarse por el establecimiento del Bien y la abolición del Mal, constantemente y en todas direcciones. Esta actitud es objeto de elogio en el verso coránico:

“Sóis la mejor comunidad que jamás haya surgido en la humanidad::ordenáis lo que está bien y prohibís lo que está mal.” (Surah 3:110).

Esta es la justificación moral del activismo agresivo del Islam: justificación de las primeras conquistas de los musulmanes y de su llamado “expansionismo”. El mundo del Islam fue a veces expansionista, si se insiste en usar este término; pero esta clase de activismo no provenía de un deseo de dominación; ni tenia que ver con un engrandecimiento económico o nacional, ni con una codicia por aumentar el bienestar de los musulmanes a costa de otras gentes; ni tampoco ha significado una coacción a los no creyentes para que se hagan musulmanes. Ha significado solamente, como significa hoy, la construcción de una estructura social para el mejor desarrollo espiritual posible del hombre. Porque, de acuerdo con las enseñanzas del Islam, el conocimiento moral obliga al hombre automáticamente a ser moralmente responsable. Un discernimiento meramente platónico entre el Bien y el Mal, sin el impulso a favorecer el Bien, el Mal es, en sí mismo, una grave inmoralidad, ya que la moralidad vive y muere con el empeño humano por establecer su dominio sobre la tierra.

Nota 1: Esta idea de “comprar” y “vender” en el sentido cultural, y del papel negativo del mundo musulmán actual en este respecto, fue recogida y desarrollada mas tarde por el eminente escritor argelino, el fallecido Malik bin Nabi, quien insistía en el hecho, señalado por primera vez en este libro, de que los musulmanes, una vez perdida su antigua creatividad, no sólo se han vuelto totalmente dependientes de las mercancías occidentales, sino que también se han convertido en meros “compradores” de tecnología y métodos de organización occidentales y de sus conceptos sociales y políticos , sin llegar a ser “vendedores”, es decir, sin a su vez transmitir a Occidente sus propios impulsos positivos.