
Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)
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sábado, 30 de noviembre de 2013
viernes, 29 de noviembre de 2013
Tercera Guerra Mundial, El Gran Israel y El Verdadero Eje del Mal | The Truthseeker
Tercera Guerra Mundial, El Gran Israel y El Verdadero Eje del Mal | The Truthseeker
13 Votos
Los rebeldes dicen que van a atacar a los EE.UU., Israel se expande en Siria y el Proyecto III Guerra Mundial. Buscar la verdad de los hechos en Siria con los expertos Sharmine Nawarni, Pepe Escobar de Asia Times, El Miembro del Parlamento Europeo, Nick Griffin, el editor de Storyleak Anthony Gucciardi, el autor de Cuestionando la Guerra contra el Terror el Dr. Kevin Barrett, y el ex oficial de inteligencia de la NSA Scott Rickard.
https://www.youtube.com/watch?v=LPwQl…
La confianza en Dios
La confianza en Dios
Cuando se tiene fe en Dios, no es necesario explicarlo
20/01/2005 - Autor: Tariqa Qadiría Butchichía - Fuente: Webislam
Cuando se tiene fe en Dios, no es necesario explicarlo, basta con confiar en el Amigo y tomar de la fuente misma todo lo que nos es necesario. Hablar de confianza en sí mismo, es situarse en un área sicológica, y en ese nivel decirse: "¡Voy a confiar en mí!" no es más que una autosugestión, un método destinado a enfrentarse con las dificultades para superarlas. Sin embargo el misterio de la confianza en Dios es algo infinitamente más valioso.
Al confiar en Dios, cada uno de nosotros se encuentra armado para actuar, enfrentar y superar todas las dificultades, nuestra confianza emana de una fuente inagotable de energía que nace de Él. La ola separada del océano no tiene fuerza, su fuerza le viene del océano.
En una canción, un sufi dice: "Nos hemos hecho débiles hasta alcanzar toda la fuerza posible". Eso significa que nuestro yo se ha debilitado hasta anihilarse, hasta que la fuerza divina nos llene de su luz. Y de entre las fuerzas que nos sostienen, podemos citar la confianza y el amor divino. Ellas nos permiten superar nuestras pruebas e ir al encuentro de la esencia. Más vale no detenerse en las limitaciones de nuestro yo, sino por el contrario exaltar lo que a Él le corresponde.
La educación espiritual nos permite comprender que toda acción espiritual parte de nuestra sinceridad, y que en nuestro corazón es donde se cultiva esa realidad. A la vez conviene, en esa perspectiva, remarcar cuanto la vigilancia es fundamental; nos permite ver que todo lo externo tiene repercusiones en nuestras realidades internas. Podemos así verificar la importancia de esas repercusiones en nuestras relaciones con los demás y en particular con los que, como nosotros, caminan hacia Dios: ahí, más que en otro lugar, debemos cultivar el sentido de orientación.
Frecuentar a nuestros hermanos y hermanas en Dios, puede ser un terreno particularmente fecundo de donde nos lleguen bendiciones e influencias espirituales. Porque esas bendiciones, esa baraka compete del corazón que se orienta de manera a suscitarla.
El sufismo popular dice que cuando los corazones se unen en esa relación y que en el transcurso de sesiones en común de zikr o de oración, los efluvios pasan de un corazón a otro, es como cuando se pone un tizón ardiente sobre el carbón. Basta de un viento favorable - aunque solo sea la del fuelle - para que todo se incendie, para que el que reciba una bendición la transmita a todos los demás. Cuando los efluvios circulan de unos a otros, y que todo prende, entonces es cuando se funde todo en un mismo y único fuego.
Por el contrario, si llega una bendición cuando los corazones se encuentran separados, esa gracia no puede tocarles, y al igual que pequeños trozos de carbón aislados, no pueden participar del fuego general provocado por las bendiciones recibidas en común y compartidas.
Grande es la responsabilidad de cada persona con la necesidad de permanecer vigilante y mantener una presencia que permita el encuentro del otro y la participación: una situación como ésta facilita la toma de conciencia de un "espacio" sagrado. ¿Qué es un santuario? Es el lugar en donde sopla el Espíritu. ¿Y qué es un lugar en donde sopla el Espíritu? Un lugar en donde los corazones están dispuestos a recibir. Un lugar sagrado es todo lugar en donde hay un encuentro, en donde se manifiesta el deseo de recibir. Vamos a un "lugar sagrado" con un cierto estado interior, un cierto estado de espíritu que no excluye por otra parte una actitud aparente desenfadada. Sobre este ultimo punto, es importante no juzgar a nadie, en principio cada cual sabe a que atenerse sobre sí mismo, y cada uno debe saber lo que particularmente debe vigilar en sí. Lo importante es la actitud interna.
A ese efecto, un proverbio dice de manera humorística: "Si estas con gente de ciencia, ten cuidado con tu lengua; si estas con gente de espíritu, ten cuidado con tu corazón, si estás con ladrones, cuida tu bolsillo" Dicho de otra manera: cada lugar requiere una palabra, una realidad, una verdad diferente.
Es importante, cuando se tiene acceso a un lugar espiritual, cuidar el corazón prestándole mucha atención. Seria inadecuado venir con el espíritu lleno de prejuicios, como si se tratase de cualquier otro sitio; nos privaríamos de recibir las posibles bendiciones. Entrar en un santuario, ¿no es un poco como entrar en nuestro santuario interior? Cuanto más nuestro corazón esté despierto, más presente estará y todo le parecerá santo, sagrado y lleno de bendiciones. Debemos estar presente ahí donde se tenga que estar, y cuando se tenga que estar. Una tradición del Profeta en relación a esto dice: "En vuestras vidas tendréis momentos en los que se manifestaran los halitos de vuestro Señor: no os privéis de exponeros a ellos".
Esta presencia al otro, en el momento oportuno, hace parte del "adab", o excelencia del comportamiento: "Debo estar ahí, porque los halitos pueden soplar y quiero participar" debiera uno repetirse constantemente. Pero no tomar esto desde el punto de vista formal (de la forma). Estar ahí o no estar ahí, llegar ahora o volver mañana, ¿en definitiva, qué importancia? No se trata por lo tanto de una cuestión de oportunismo, porque después de todo, si Dios quisiese, los halitos soplarían exactamente ahí donde estamos; inútil por lo tanto ir a un lugar especifico para buscarlos. Juntarse con los demás, "ahí" en donde estén, nos pone en una actitud de humildad, en una actitud de espera y de consideración del lugar mismo: se trata de una sacralización del lugar que afecta a nuestro comportamiento y que toca nuestra verdadera esencia. Una experiencia, un soplo, una iluminación que toca una tierra ya fértil, permitiéndole después transformarse en miel o nutriente.
Estar ahí en el momento justo y con la actitud justa, es lo que forja el espíritu del discípulo y le hace capaz de exaltar el lugar sagrado. La conciencia de esa sacralización ya es el resultado de una transformación del espíritu. Seamos por lo tanto atentos a la vida del corazón.
¿Qué es ulfa (familiaridad)? ¿Cuáles son sus efectos negativos?
¿Qué es ulfa (familiaridad)? ¿Cuáles son sus efectos negativos?
Una forma de ulfa o confianza excesiva consiste en el anquilosamiento del pensamiento y la mentalidad que afecta a sus acciones y su devoción
29/11/2013 - Autor: M. Fethullah Gülen - Fuente: Revista Cascada
La palabra ulfa literalmente significa relaciones familiares, familiaridad y amistad. Pero el sentido que conlleva la pregunta es mucho más amplio y completo de lo que expresa la mera traducción de la palabra.
La relación de la humanidad con las cosas y los acontecimientos, los significados y las conclusiones obtenidas de los mismos por ellos de tal relación, las acciones y las reacciones que se generan a través de estas conclusiones dentro de sus conciencias, y los cambios de sus acciones y actitudes a consecuencia de todo esto, son una cadena de asuntos que mantienen el alma activa, sensible y vigorosa.
La admiración que la humanidad siente por el esplendor y la atracción de la creación, la curiosidad y maravilla ante el orden preciso del universo, el conocimiento que adquiere con las cosas que descubre, el deseo de llegar cada vez más y más lejos, la capacidad intelectual y la forma organizada de pensar, todo la conduce a ser tanto mental como espiritualmente sensible, a estar alerta, activa y preocupada ante todos los acontecimientos.
En comparación, si no perciben la conmovedora belleza y la variedad de los acontecimientos que suceden alrededor de ellos, si no siguen su vida en la ignorancia de las combinaciones armoniosas que actúan en el universo, desatentos e indiferentes ante todo lo que ocurre alrededor de sí mismos; si no buscan las causas, los efectos y la sabiduría detrás de todas estas cosas y los acontecimientos; y si tampoco son capaces de descubrir su mundo interior y el alma, todo esto constituye, en definitiva, una muestra de insensibilidad, negligencia, ignorancia y enervación espiritual. Ni el misterioso libro del universo ni la demostración de sus signos ante sus ojos, hoja por hoja, les enseña algo. ¡Cuántos signos hay en los Cielos y en la Tierra que pasan por alto, haciendo caso omiso de los signos y no los tienen en consideración! (12:105). A pesar de la exposición de caídas y subidas, en las convincentes ilustraciones en la naturaleza y la historia, ¡cuán poca gente se beneficia de ellos!
Para aquellos que son conscientes de lo que está pasando a su alrededor, la curiosidad y la admiración que sienten hacia la creación es algo parecido a hacerse a la mar en un océano interminable, en cada etapa del rumbo que se ha tomado se adquieren las llaves de oro de los misteriosos palacios del universo. A medida que los hombres avanzan con el corazón puro, con los sentimientos elevados, la mente serena y el alma preparada para recibir inspiraciones —y al alimentar su alma con lo que recogen de la creación entera— su mundo intelectual se torna en un jardín de Paraíso y cede sus frutas.
Aquellos que no alcanzan tal entendimiento, no pueden salir del círculo de la familiaridad y siguen quejándose de la monotonía de las cosas y los acontecimientos.
Según dichas personas, todo es un caos, oscuro y sin sentido... A pesar de que ven todos los signos (de la verdad), no creen en ellos… (7:146). Tienen la mente encadenada, el alma con yugo y su corazón está sellado, así que no entienden (Existen muchos versículos en el Corán que terminan de esta manera). No se puede pretender que esta gente haga el bien o produzca algo útil en esta situación.
Hay otro tipo de la familiaridad que sucede después de que una persona lo aprenda todo o que piense que lo ha aprendido todo y sin embargo, en realidad, no lo ha hecho. Creo que de eso trata la pregunta. Después de haber aprendido, creído, adquirido conocimiento o experimentado un poco, las condiciones que se cambian y las bellezas renovadas deben causar las nuevas dimensiones y la mayor profundidad. Perder el interés, la vigilancia y la sensibilidad y no asistir a lecciones o sacar conclusiones, es un tipo de caída o desviación, decaída y muerte, en los sentimientos de esa persona.
Si aquellos que han sucumbido a esa situación no se despiertan inmediatamente y empiezan a apreciar otra vez la delicadeza, la sutileza de pensamiento y la sabiduría en las cosas; si no disponen sus oídos para escuchar los Mensajes Divinos, son condenados a convertirse en seres yermos y fallecer. Por lo tanto, el Creador del universo ha enviado varias personas y ha dado lecciones y advertencias a través de ellas. Por medio de estos sinceros, dignos de confianza, elocuentes e infalibles guías, el Omnipotente reitera Sus Mensajes Eternos y así trae la claridad para las mentes, fuerza para los corazones y paz para las almas. Además, Él siempre despierta las conciencias contra lo que puede convertirse en hábito y anima a la gente a examinar todos los cuadros vivos que Él presenta a su entendimiento.
Dios reitera muchas veces la creación de la humanidad, la dispersión de la especie humana hacia los cuatro puntos cardinales de la Tierra, su unión y felicidad con sus cónyuges, la grandeza y la magnificencia de la creación del mundo y de los cielos, la variación de lenguas y colores, los beneficios de la alternancia de días y noches, y las bendiciones, la fertilidad y la prosperidad que vienen con las actividades del clima como tormentas, relámpagos y lluvias, en las palabras más poderosas y variadas. Dios nunca deja ningún lugar para «sentirse habituado» o tomarse demasiadas confianzas, al menos, no para aquellos de Sus siervos que poseen conocimientos, reflexionan, razonan y entienden.
Y entre Sus signos está que os ha creado de la tierra, y desde (entonces), os habéis convertido en una población humana dispersada extensamente. Y entre Sus signos está que ha creado para vosotros, de vosotros mismos, compañeras para que os inclinéis hacia ellas y encontréis reposo en ellas, y ha originado amor y ternura entre vosotros. Sin duda en esto se dan signos para la gente que reflexiona. Y entre Sus signos está la creación de los Cielos y de la Tierra, y la diversidad de vuestros idiomas y colores. Sin duda en esto se dan signos en realidad para la gente que tiene conocimiento (de los hechos en la creación, y que no tiene prejuicios). Y entre Sus signos está vuestro acto de dormir por la noche y el día, y vuestro acto de buscar (los sustentos) de Su munificencia. No cabe duda de que en esto se dan signos para la gente que escucha (a los mensajes de Dios en la creación, y Su provisión a toda la creación). Y entre Sus signos está que os expone el relámpago ante vosotros, motivo de temor (de ser golpeado) y de esperanza (por la lluvia), y que Él hace descender agua del cielo, y revivifica con ella la Tierra después de su muerte. No cabe duda de que en esto se dan signos para la gente que razona y comprende. (Rum 30:20-4)
Como ya mencionamos, muchos versículos coránicos nos llaman la atención hacia las maravillas y milagros extraordinarios, los cuales numerosas personas dejan de apreciar día tras día como correspondería. Nuestra situación se puede comparar con la de un pez que vive en el agua, pero no sabe lo que el agua es, ni qué valor tiene para sí mismo.
Otra forma de ulfa o dicha confianza excesiva consiste en el anquilosamiento del pensamiento y la mentalidad que afecta a sus acciones y su devoción. Esta es la muerte del amor de alguien (‘ishq), del éxtasis (wajd), y el entusiasmo. Aquel que se abate en tal estado pierde el amor y el entusiasmo en pos de la devoción, el sentido de la responsabilidad, la aversión a los pecados, así como el deseo por arrepentirse y lamentarse de sus pecados. A partir de entonces, es casi imposible hacer retornar a aquella persona a su anterior estado de bondad. Esto requiere que personas muy puras y sinceras recuerden y ayuden a aquellas que deben aprender a contemplarse, de modo que puedan evaluar su situación y prestar atención a las advertencias y a la gente que se las da.
Cada voz y aliento que llega a los seres humanos para establecer un nuevo espíritu siempre ha comunicado el mismo mensaje: habituarse (acostumbrarse), ser insensible, vetusto, envejecer y tornarse en un cadáver es inevitable para algunas personas, en determinados tiempos, pero nunca es imposible renovarse, mientras que se respeten a aquellos que deben emplear un instrumento afilado para curar la enfermedad de su alma:
¿Acaso no ha llegado aún el momento para aquellos que creen que sus corazones se deberían ablandar con humildad y sumisión (a Dios para luchar en Su causa) ante la Remembranza de Dios (el Corán) y lo que ha descendido de la verdad (las enseñanzas Divinas)? ¿Y (acaso no ha llegado aún el momento) que no deberían ser como aquellos a los que se les dio antes el Libro? Ha pasado mucho tiempo por ellos (después de recibir el Libro) y así sus corazones se han endurecido; y muchos entre ellos (han sido) transgresores. (57:16)
En resumen, ulfa, el anquilosamiento y el exceso de confianza, es un gran desastre que aflige a los seres humanos, y de hecho ha afligido a muchos. La persona afligida es inconsciente de los acontecimientos que suceden a su alrededor, está ciega ante las bellezas del gran libro de universo y sorda ante las lenguas que hablan la verdad. Por eso es superficial e incompetente en su fe, sin amor y éxtasis en su veneración, y desequilibrado, injusto y equivocado en sus relaciones sociales. La salvación de una situación tal para dicha persona depende de una mano poderosa extendida para ayudarle y hacerlo ver y oír otra vez. Por esta razón, a esa persona se le debe hacer reflexionar y meditar sobre la muerte y el Más Allá, visitar muchas instituciones de caridad, participar en algún servicio social y religioso; y encontrarse con gente sincera, versada, llena de amor, éxtasis y fervor hacia el Islam. De esta manera, las oportunidades y las condiciones deben ser preparadas para reformar y renovar a aquella persona. Hay muchos puntos más para tratar sobre este tema, pero sólo hemos tenido tiempo para examinar algunos de ellos con la esperanza y rezando a Dios, el Todopoderoso, en Cuyas Manos están las llaves de nuestros corazones, de que nos mantenga alejados de ulfa y la elimine de nosotros.
El mal de la civilización es la mente patriarcal
El mal de la civilización es la mente patriarcal
Entrevista a Claudio Naranjo
29/11/2013 - Autor: Claudio naranjo - Fuente: crecejoven.com
"La única salida a esta crisis es la transformación interior".
La crisis actual ha tambaleado muchos cimientos del sistema y ha acabado revelando algunas de sus muchas fisuras. El comunismo se hundió por sus fallos de funcionamiento pero el capitalismo no parece salir mejor parado. Llevamos siglos cambiando gobiernos, haciendo revoluciones políticas y sociales pero nunca llegamos a buen puerto quizás porque nos olvidamos de las transformaciones más básicas y elementales que tienen lugar en la revolución personal.
Tenemos el mundo que tenemos por el tipo de conciencia que se desarrolla a través de la educación, según Claudio Naranjo. Y si queremos salir de verdad de esta crisis económica, social y humana hemos de superar el ego individualista e iniciar una auténtica transformación interior.
¿La civilización está enferma? ¿De qué?
— El mal de la civilización es la mente patriarcal. Y no me refiero sólo a la sociedad patriarcal que hace que los machos predominen sobre las mujeres y tengan un acceso más fácil al poder y a la economía. Me refiero a una forma de mentalidad que actualmente ya todos compartimos, hombres, mujeres y niños, contaminados por el mismo virus.
¿A qué nos referimos exactamente, con esa "mentalidad patriarcal"?
— A una pasión por la autoridad. Por el ego, el ego patrístico, un complejo de violencia, desmesura, voracidad, conciencia insular y egoísta, insensibilidad y pérdida de contacto con una identidad más profunda.
Hay quien cree que todo esto forma parte de la naturaleza humana y que siempre ha sido así.
— Pues no. Hay indicios de la existencia de un pasado matrístico, y aún hoy existen algunas sociedades indígenas de estas características que no funcionan en absoluto con estas directrices y valores que conocemos en la civilización. Esta mente, lejos de ser inherentemente humana, en realidad empezó a gestarse hace sólo unos 6.000 años, cuando, ante una crisis de supervivencia, ciertas poblaciones agrícolas arcaicas indouropeas y semitas tuvieron que volver a hacerse nómadas y acabaron convirtiéndose en comunidades de guerreros depredadores.
¿Y cómo se manifiesta esta mente patriarcal?
— En unas relaciones de dominio-sumisión y de paternalismo-dependencia, que interfieren en la capacidad de establecer vínculos adultos solidarios y fraternales. El cerebro patriarcal-racional llama a la competencia, mientras que el femenino llama a la cooperación. Esta dependencia y obediencia compulsiva (a los gobiernos y al poder en general) no sólo son enajenadoras para el individuo sino que constituyen distorsiones, falsificaciones y caricaturas del amor.
Pero las cosas pueden ser de otra manera. Usted dice que, en realidad, somos seres "tricerebrados".
— Efectivamente. En un lenguaje anatómico, poseemos un cerebro instintivo, que compartimos con todos los reptiles; emocional, como el resto de los mamíferos, y el racional, que es el último que se ha desarrollado y, sin embargo, ha acabado imponiéndose a los otros dos. Es como si en nuestro interior lleváramos a tres personas: una de tipo intelectual-normativo, que sería el padre; una persona emocional, que representa el principio del amor, que es la madre, y una instintiva, que sería el niño. Pues bien, en la sociedad actual, lo que denominamos la civilización, predomina el cerebro racional y tiene lugar el imperialismo de la razón sobre lo emocional y lo instintivo.
Pero esta razón que impera, ¿es realmente racional o más bien irracional?
— Ahí has dado en el clavo, porque en realidad no es racional ni inteligente, desde el punto de vista de los resultados en el bienestar social y personal. Ha corrompido conceptos como la inteligencia, la eficacia o la racionalidad misma. Es una mente rígida, aislada, autoritaria y normativa que busca resultados y ganancias a corto plazo, pero ganancias desde el punto de vista competitivo, materialista o consumista, no en cuanto al bienestar profundo, desarrollo personal o convivencia con el medio. Y, en consecuencia, toda la educación está sujeta a este paradigma racionalista.
Que se manifiesta en...
— En considerar la educación un mero traspaso de información, alejado de objetivos como el autoconocimiento, que debería ser prioritario. Y así vemos cosas en la escuela como que un niño o una niña llora y le llaman la atención.
Y si se ríe le echan de clase.
— Las emociones están prohibidas. Y lo instintivo aún más. Y sin embargo, para que la persona esté sana en una sociedad sana sería preciso el equilibrio entre los tres cerebros. Armonizar los binomios competencia/colaboración, agresión/ternura. Desarrollar una sana agresión en vez de la agresividad depredadora imperante. Y sobre todo desarrollar la capacidad amatoria, la ternura.
¿Estamos en el camino? Usted habla del ocaso del patriarcado.
— Por una parte, vemos que el autoritarismo en las familias disminuye y también el de los gobiernos. Pero han cogido el poder las empresas y su control en la sombra es enorme. Pero quizás sí, podemos decir que la nave se está hundiendo pero la gente está más ocupada en mantener el estatus que en salvarse; en defender lo poco que les queda, aunque se haya visto lo poco que vale, que en la transformación, en dejarlo todo y empezar a construir de cero.
Por eso insiste usted tanto en la importancia de la educación.
— Claro, porque es más fácil prevenir que curar. Hemos de prevenir la destrucción de la mente. La educación actual cuenta con una agenda implícita que requiere que los niños sean igualitos a los papás, cuando los papás son el problema. Decimos que la educación es para transmitir nuestros valores y no nos damos cuenta de que estamos transmitiendo nuestras plagas.
¿Y esto es responsabilidad de la escuela, de la familia, de los medios?
— De las autoridades en todos estos ámbitos, desde los profesores quemados hasta la misma opinión pública. Los padres aspiran a que sus hijos triunfen en este mundo de competencia económica, no importa que también sea un mundo de pobreza creciente mientras que no les toque a ellos. Prefieren la educación que sirve como una máquina de certificación. No les interesa educar sino servir al mundo del trabajo. Insisten en que desean el bien de los hijos pero en realidad no les interesa el bien de los hijos más que como eficacia en los negocios. Tenemos el mundo que tenemos por el tipo de conciencia que se desarrolla a través de la educación, que es una educación implícitamente explotadora.
Es usted muy crítico con la educación y muy en especial con los educadores.
— Porque no considero educación el mero traspaso de información, como una forma más de producción, de formación y explotación de nuevos trabajadores, que es en lo que consiste la escuela actual. Debemos volver a las raíces de la educación como autoconocimiento, en la búsqueda de ese "conócete a ti mismo" de Sócrates. Al autoconocimiento transformador que posibilite el cambio.
Sin embargo, hay algunas iniciativas educativas diferentes, como por ejemplo las escuelas internacionales de Krishnamurti.
— Sí, pero aún esas escuelas llegan hasta el debate, y eso está bien, porque por lo menos te da la oportunidad de aprender a pensar por ti mismo. Pero el debate en sí no transforma nada. Hay que integrar procesos de autoconocimiento transformador.
La transformación individual para transformar y sanar la civilización.
— No hay cambio posible sin pasar por el autoconocimiento individual. Siglos y siglos de cambios sociales y políticos han fracasado porque han pasado por alto el cambio de las personas. Sólo podemos sanar el tejido a través de las células, las personas. Y para eso tenemos que sembrar la semilla en la escuela. Pero ha de ser una nueva escuela que tenga en cuenta los tres aspectos de las personas: el conocimiento, la salud amorosa y la salud instintiva.
Suena diferente.
— Pero necesario, si queremos transformar las cosas de verdad. El otro día me invitaron a dar una conferencia en una universidad, y antes de empezar me pidieron que evitara los temas espirituales y los psicológicos y me limitara a la pedagogía. Chocante. La educación se resiste a integrar lo transcendental-espiritual y lo terapéutico y sigue considerándolo un campo ajeno porque, de lo contrario, complicaría las cosas. Y es cierto, las complicaría un poco, porque significaría permitir que las personas piensen por sí mismas. Así que no se asume el riesgo. Claro que no se calcula el precio.
¿Y cuál es el precio?
— La infelicidad colectiva.
Claudio Naranjo estudió medicina, psiquiatría y música y acabó
convirtiéndose en un referente mundial en la investigación de la mente
humana. Integrador de la sabiduría tradicional y científica, oriental y
occidental, y el conocimiento histórico, antropológico, sociológico,
psicológico y espiritual del ser humano. Creador del programa SAT, en
principio dirigido a profesionales de la psicoterapia y derivado en un
programa de transformación individual y social para uso personal y en el
ámbito educativo. Autor de más de 20 libros, traducidos a varios
idiomas.
Para un islam del siglo XXI
Para un islam del siglo XXI
¡Volved al Corán!
15/03/2002 - Autor: Roger Garaudy - Fuente: Verde Islam 18
El Islam del siglo XXI no puede ser más que el Islam eterno, pues el Islam no es una religión entre otras, sino la religión fundamental y primera desde Adam hasta nosotros, desde que Dios, como dice el Corán:
“...insufló en el hombre Su espíritu.”
(Corán, 25-29)
No hay un Islam de Occidente y un Islam del África Negra, ni de Arabia ó
la India, ni un Islam de Indonesia. No hay más que un sólo Islam, aquél
que el Corán denomina “la sunna de Dios”, la continuidad de las revelaciones proféticas en el último mensaje, el de Muhámmad.Nuestra tarea primordial es la de atestiguar nuestra creencia islámica viviéndola en su universalidad, y no la de defender un folklore y unas tradiciones culturales particulares.
El profeta Muhámmad jamás pretendió crear una religión nueva —“No soy un innovador entre los profetas”. (46, 9; 41, 43; etc.)— sino que viene a recordar a todos los hombres la religión primordial:
“Así pues, dirige tu rostro con firmeza hacia la fe verdadera y perenne, como hanif, conforme a la disposición natural que Dios ha infundido al hombre: pues no permitir que ningún cambio corrompa lo que Dios ha creado así, tal es el propósito de la fe verdadera y perenne; pero la mayoría de la gente no lo sabe.”
(Corán: 30-30)
“Decid: Creemos en Dios, en lo que nos ha sido revelado, en lo que
le fue revelado a Abraham, a Ismail, a Isaac, a Jacob, y a las tribus.
Creemos en lo que le fue dado a Moisés, a Jesús, y a lo que se le otorgó
a los Profetas de su Señor. No hacemos distinción alguna entre ellos y
lo someternos a Dios.”
(Corán: 2-136; 3-84)
El profeta Muhámmad ha sido enviado por Dios para confirmar los
mensajes anteriores, purificándolos de las alteraciones históricas a las
que han sido sometidos, y completarlos.Se exige al musulmán que honre a los profetas anteriores, lo que implica el conocimiento de ellos. Así lo dice el Corán:
“Si tienes duda sobre aquello que te hemos revelado, pregunta a los que leían la Escritura revelada con anterioridad a ti”.
(Corán: 10-94)
Nuestra fe se verá empobrecida si la proclamamos como la mejor
¡simplemente porque ignoramos las restantes! El encerrarnos en nosotros
mismos, la vanidad y la autosuficiencia son, actualmente, los obstáculos
mayores para la difusión del Islam en el mundo no musulmán.El mensaje esencial y universal del Islam, denominador común de todas las religiones y de todas las sabidurías del mundo, abarca lo siguiente:
— De la trascendencia y unidad de Dios.
— De la comunidad de los hombres.
— De su responsabilidad.
De la trascendencia
La trascendencia implica las afirmaciones siguientes:
1. La seguridad de que Dios es único —Tawhid:
“Si existieran más dioses que Dios, sería el caos” (Corán: 21-20). Y qué está por encima de toda realidad humana.
2. Que Él es el Creador de todas las cosas y, en consecuencia, que no nos bastamos con nosotros mismos:
“El hombre se vuelve un ser impío en cuanto se considera autosuficiente”.
(Corán: 96-6,7)
3. De este principio de unidad y de esta conciencia de nuestra ‘dependencia’
del Dios Creador —siendo la autosuficiencia lo contrario de la
trascendencia— fluye el tercer aspecto de la fe en la trascendencia: el
reconocimiento de los valores absolutos que están por encima de los
intereses egoístas de los individuos, de los grupos y de las naciones.De la comunidad de los hombres
La segunda revelación del mensaje es, después de la trascendencia, la comunidad (Ummah). El principio comunitario es contrario al que rige el individualismo. Para éste, el hombre como individuo es el centro y la medida de todas las cosas.
En la perspectiva islámica de la comunidad, cada cual tiene conciencia de ser personalmente responsable de todos los demás. La humanidad es una porque Dios, su Creador, es uno. Todos los hombres tienen el mismo origen y son creados para el mismo fin:
“Todos los hombres constituyen una misma comunidad”.
(Corán: 2-213).
De su responsabilidadLa tercera revelación del mensaje, después de la trascendencia y la comunidad, es la responsabilidad. El Islam es contrario al fatalismo y a la resignación. Es una fuerza subversiva e innovadora porque incluye únicamente sumisión a la voluntad de Dios y hace que el hombre sea responsable del cumplimiento de la orden divina sobre la tierra.
Todo en la naturaleza está sometido a la ley de Dios, es ‘muslim’ (musulmán quiere decir “sometido a Dios”): una piedra en su caída, un árbol en su crecimiento, un animal en sus instintos, están sometidos a la ley de Dios:
“Nuestro Señor es el que ha dado a cada cosa su forma y su ley, y la ha guiado hasta su pleno desarrollo.”
(Corán:77-1,3)
Sólo el ser humano tiene el terrible privilegio de poder desobedecer:“Hemos propuesto este mandato —ámana— de la fe, de la libertad y, por tanto, de la responsabilidad a los Cielos, a la tierra, y a las montañas, pero todos se han negado a asumirlo; tuvieron miedo. El hombre, en cambio, se hizo cargo. Es, ciertamente, muy impío, muy ignorante.”
(Corán: 33-72)
Si se convierte en ‘musulmán’, es decir, si responde incondicionalmente a la llamada de Dios, según el ejemplo de Abraham, “el Padre de la fe” (Corán: 22-78), mediante la aceptación de ser guiado por Dios, lo hace por un acto voluntario, libre y responsable.Por eso Dios hace que los ángeles —los cuales no tienen poder de desobedecer— se inclinen ante él. (Corán: 2-34)
“Cuando haya insuflado en él de Mi Espíritu, prosternáos ante él.”
(Corán: 25-29; 32-9; 38-72)
Cuando en el Corán se dice ‘no’ a la enemistad en materia
religiosa —2-256— no se trata únicamente de excluir la enemistad física,
militar o policial, sino también toda inquietud interior, espiritual;
el Corán subraya:“La verdad emana de vuestro Señor, así pues el que quiera que crea y el que no, que permanezca incrédulo”
(Corán: 28-290)
También Dios dice:“Le hemos mostrado el camino justo, que lo acepte con agradecimiento o que lo rechace.”
(Corán: 76-3)
Dios, nos dice el Corán, ha hecho del hombre su jalifa en la tierra. Un
jalifa no es un ejecutante subalterno y pasivo, sino un dirigente
responsable, encargado de tomar decisiones. Esta función no es
privilegio de algunos: es la tarea de todo musulmán:“Vosotros los creyentes, sois responsables de vosotros mismos.”
(Corán: 5-105)
La quiebra de una civilizaciónProclamar “Allahu Akbar” —Dios es el más Grande— es relativizar todo poder, toda riqueza y todo saber. Ante este grito de fe, hemos visto bajar las armas de las más insolentes armadas.
La necesidad de este mensaje expresa hoy la más evidente quiebra espiritual del Occidente. Miles de hombres y mujeres en todo el mundo que aman el futuro, sea cual sea su fe, se dan cuenta de que la civilización ha caído en quiebra, y de que abandonarse a sus embates conduce a un suicidio planetario.
La deuda de los países del llamado Tercer Mundo se agrava de año en año, y la separación no cesa de acrecentarse: el Norte siendo cada vez más rico y el Sur cada vez más pobre.
Después de cinco siglos de hegemonía sin tregua de Occidente en el mundo entero, no podríamos imaginar una gestión planetaria más desastrosa.
La causa profunda de esta política del Occidente —desde lo que denomina su ‘Renacimiento’, es decir, desde el nacimiento simultáneo en la Europa del siglo XVI del capitalismo y del colonialismo— es el abandono de la fe y su sustitución por la voluntad de poder.
A partir del momento en que una comunidad no reconoce unos valores definidos para encauzar la acción, ya no le queda más que los enfrentamientos entre las voluntades de poder, de placer y de crecimiento. Es la guerra de todos contra todos.
Occidente se encuentra en esta situación. Su verdadera religión es la fe ciega en un dios escondido: el acrecentamiento, es decir, el deseo de producir más y más, y cada vez más deprisa, no importa qué cosa sea: útil, inútil, nos sirva o sea mortal como el armamento, que es una de sus industrias más rentables. Este dios escondido es un dios cruel: exige sacrificios humanos.
Lo que caracteriza al culto de este falso dios, es que prima la capacidad del hombre sobre la trascendencia de Dios, y el individualismo sobre la comunidad.
La ‘presunción’ del hombre está proclamada, desde el Renacimiento, en el Fausto de Marlowe: “Hombre: por tu poderoso cerebro, conviértete en un dios, dueño y señor de todos los elementos”.
El individualismo es la vuelta, desde el pretendido ‘Renacimiento’, a la máxima de los sofistas de la antigua Grecia: “El hombre es el centro y la medida de todas las cosas”.
Esta quiebra de civilización ha engendrado una cultura de la desesperanza. Los falsos profetas de la nada y del absurdo reflejan este caos como si fuera inevitable y eterno, en lugar de intentar superarlo; enseñan a nuestra juventud que la vida no tiene sentido.
Si la vida no tiene sentido, todo es lícito, hasta el crimen. Y nos entregamos a todas las violencias animales entre los individuos, los grupos y las naciones: el “equilibrio de terror” se convierte en la ley de estas relaciones bestiales entre los hombres, en todos los niveles de la vida social.
La negación del sentido de la vida y de la existencia de los valores absolutos ha hecho de la ciencia y de la técnica, admirables medios al servicio del hombre, unos fines en sí mismos, tratando de hacernos creer que la ciencia y la técnica pueden resolver todos nuestros problemas, y que los problemas que ellas no resuelven —los del amor, de la belleza, del sentido de la vida— no existen.
Esta “religión de medios”, erigiendo unos medios para sus propios fines —creando falsos dioses; ciencia, técnica, estado, dinero, sexualidad, desarrollo— ha creado un nuevo politeísmo y nuevas supersticiones, ha transformado la ciencia en positivismo, la técnica en tecnología, la política en maquiavelismo.
El problema fundamental es, pues, devolver al hombre sus dimensiones propiamente humanas: la fe en la trascendencia, en Dios, en la comunidad humana, y la conciencia de nuestra responsabilidad personal.
El Islam como alternativa
Decir que el Islam puede hoy aportar soluciones a los problemas planteados por la quiebra de la hegemonía occidental no significa:
—Que pueda llevarlo a cabo solo.
—Que guarde soluciones preparadas para los problemas de nuestro tiempo.
Por el contrario, los dos principales obstáculos para el florecimiento del Islam contemporáneo son:
a) La presunción y la ignorancia de los otros. El Islam temprano, el del primer siglo de la Hégira, se extendió en menos de un siglo desde el Indo a los Pirineos, no por la conquista militar, sino porque supo integrar a todas las grandes culturas anteriores y extraer una síntesis inédita, creadora, y porque millones de creyentes de todas las religiones se han identificado con él. El Islam sólo puede reemprender su marcha mediante la apertura a todas las sabidurías y a todas las creencias que pueda reunir.
b) El triunfalismo, la presunción mortal de poseer respuestas hechas, formuladas mil años atrás por sus juristas y sus tradiciones.
Decir que el Corán “no ha omitido nada” es decir que nos ha dado un sendero eterno, que ha definido los últimos y absolutos fines de nuestra acción. Lo que no excluye la responsabilidad, para el hombre, de descubrir en cada época, en condiciones siempre nuevas, los medios de realizar estos fines.
Tratar de deducir del Corán o de la Sunnah una economía política acabada, una constitución política, o una enciclopedia sería reducir de forma ridícula el mensaje eterno a unas instituciones o teorías transitorias y coyunturales.
El mensaje revelado nos aporta infinitamente más: los fines, los principios rectores eternos, inmutables, encaminando nuestra vida interior y todas nuestras acciones, públicas o privadas; para elaborar, en cada época, por medio de su interpelación siempre nueva, las respuestas a los problemas de la economía, la política y la cultura contemporáneas.
Estos principios son simples:
—en el plano económico: sólo Dios posee;
—en el plano político: sólo Dios gobierna;
—en el plano cultural: sólo Dios sabe.
Sólo Dios posee
“Todo lo que está en el cielo y en la tierra pertenece a Dios” dice el Corán
(Corán: 2-116,284; 3-109, etc.).
El hombre, su jalifa sobre la tierra, está encargado de dirigir, en el camino de Dios, esta propiedad.Esta concepción es opuesta a la del derecho romano que define la propiedad como “el derecho de utilizar y de abusar”.
Para el musulmán, por el contrario, los deberes son anteriores a los derechos.
El hombre, responsable de la propiedad de Dios, no puede disponer de ella a su gusto: no puede destruirla según su capricho, no puede gastarla, no puede dejarla en baldío, sin darle productividad por su trabajo, no puede amontonarla:
“Anuncia un doloroso castigo a los que atesoran el oro y la plata sin gastar nada en el camino de Dios.”
(Corán: 9-34)
Y la peor maldición, en el Corán, es la formulada contra el rico Abu Lahab, al cual su misma fortuna le condena: “que sus dos manos mueran, y que muera él mismo”, y es prometido a las llamas infernales (Sura 111).Todas las prescripciones del Corán, particularmente el zakat, transferencia social de la riqueza como exigencia religiosa, y la prohibición del riba, es decir, de todo enriquecimiento sin trabajo al servicio de Dios, tienden a impedir la acumulación de la riqueza en un polo de la sociedad y de la miseria en el otro.
Dios, en el Corán, excluye radicalmente todo régimen social en el cual el dinero sea el fundamento de una jerarquía política. Por el contrario, dice sin lugar a dudas:
“Cuando queremos destruir una ciudad... hacemos a los ricos detentadores del poder.”
(Corán:17-16)
Sólo Dios gobiernaEl Profeta creó en Medina una comunidad de un tipo radicalmente nuevo, que no está basada en el linaje, ni en la raza, ni en la posesión de un territorio, ni en unas relaciones de mercado, ni siquiera en una cultura común o en una historia; en definitiva, que no se fundamenta sobre nada que emane del pasado y que sea una herencia recibida, sino que crea una comunidad fundada exclusivamente en la fe, en esa respuesta incondicional a la llamada de Dios, cuyo ejemplo eterno nos lo ha dado Abraham. Tal comunidad está abierta a todos, sin considerar el origen.
Nada, por ejemplo, es más contrario al espíritu de esta Ummah musulmana que la idea occidental del nacionalismo, es decir, de un mercado protegido por un Estado, y justificado por una mitología racial, histórica, o cultural. Se tiende hacer de la “nación” un fin en sí, en contradicción con la unidad humana, que es un caso particular del tawhid, llave de la bóveda de toda visión islámica del mundo.
Así mismo el principio coránico de la shura, de la concertación, exige que en todo dominio y a todos los niveles, los miembros de la comunidad sean consultados para participar, bajo la mirada de Dios, en la elaboración y en la aplicación de las decisiones de cuyo destino depende. Este principio excluye a la vez todo el despotismo de un hombre, de una clase o de un partido, así como toda forma de democracia puramente estadística, delegada y alienada.
Con respecto a la economía, nos atañe descubrir los medios para alcanzar estos fines, para aplicar estos principios inevitables en las condiciones históricas inéditas de nuestras sociedades, combatiendo el positivismo tecnocrático, el maquiavelismo político, los enfrentamientos nacionalistas arcaicos y perversos, los intercambios desiguales, la polarización de los bloques, y los equilibrios del temor.
Sólo Dios sabe
Al mismo tiempo que del triunfalismo esterilizador, debemos guardarnos de la ilusión de que se pueda encontrar en el pasado, sin esfuerzo de reflexión y de búsqueda, unas soluciones económicas para resolver nuestros problemas actuales, o bien una constitución política resuelta.
Sería pueril reducir el Corán a una Enciclopedia, dispensando el esfuerzo encarnizado de búsqueda científica y técnica que hizo del mundo islámico el centro radiante de la cultura mundial en tiempo de la Universidad, esfuerzo de traducción y de asimilación de todas las grandes culturas del pasado, de Grecia y de Roma, de Persia y de la India, según la obligación islámica de ir a buscar la ciencia hasta en la China. De ese esfuerzo nació una síntesis original y una cultura orientada por la fe.
El principio de base es que, al igual que sólo Dios posee, sólo Dios gobierna y sólo Dios sabe. Esto excluye la pretensión faraónica de usurpar el poder de Dios, o la ilusión de conservar un saber adquirido, absoluto, alcanzando un conocimiento de las causas primarias y de los últimos fines.
El ejemplo de la Universidad Musulmana de Córdoba en el siglo X constituye, bajo este punto de vista, un modelo a través del cual hacer revivir el espíritu para desarrollar, en nuestra época, las ciencias de tal forma que no sirvan para la destrucción del hombre, sino para su expansión hacia el camino de Dios.
En esta Universidad Musulmana de Córdoba, de los siglos X al XIII, floreció la cultura en su forma total bajo tres aspectos:
— La ciencia: creando un método experimental para descubrir las relaciones entre las cosas y la interrelación de las causas.
— La Sabiduría: como reflexión sobre el sentido de cada cosa, de su relación con Dios, en un mundo armonioso y único, donde la vida tiene una significación y una meta.
— La fe: como testigo de que la ciencia no alcanza jamás la causa primera, ni la sabiduría el último final. La fe como conciencia de nuestros límites y de nuestros postulados. La fe como razón sin fronteras.
Tal concepción de la ciencia y de las técnicas permitiría hoy, y es lo que le da su actualidad, impedir que nos conduzcan a un suicidio planetario.
¿Cómo trabajar en este renacimiento del Islam?
Primeramente aprendiendo a leer el Corán, la “sunna de Dios”, y la del Profeta, tal y como el Corán nos ordena leerlo:
—No leer el Corán ni la Sunna con ojos de muerto.
—Dios ha dictado el Corán. Ha inspirado al Profeta.
Son hombres, sin embargo, los que han escuchado e interpretado la “Sunna de Dios” y del Profeta. Hombres de fe y juristas pertenecientes a una época determinada de la historia. Nos apartamos de los estudios con respeto y con toda nuestra fe, con el deseo de resolver, según su ejemplo, nuestros problemas inspirándonos en unos métodos ideados para vivir el Corán en el nuevo imperio árabe, es decir, en unas condiciones históricas profundamente diferentes a las de la comunidad de Medina.
No debemos dividirnos entre musulmanes tomando parte en querellas de otras épocas. Aquellos que actualmente dividen a los sunnitas de los chiítas son enemigos de todos los musulmanes. Pues no existe más que un Islam.
No debemos tomar partido entre las escuelas jurídicas, porque cada una de ellas ha intentado resolver los problemas de otros tiempos y de otros pueblos. Su tarea no era la de resolver los nuestros, ni la de eludirnos de esta responsabilidad.
El Profeta Muhámmad ha aportado un mensaje eterno y universal, dirigiéndose a todas las familias de la tierra.
Está dicho en el Corán “Dios está presente en cada realidad nueva” (IV, 29). Y “no cesa de crear” (XXXV, 1). “Es el Viviente” (II, 255). No se dirige a seres muertos: debemos responder a esta interpelación eternamente viviente.
— Sin imitación de Occidente.
— Sin imitación del pasado.
Consiste en imitar al Occidente desligar del Corán 220 versículos legislativos de entre más de 6.300, tratándolos según los métodos juristas romanos, es decir, tomarlos literalmente como artículos de leyes y deducir mecánicamente su aplicación, cualquiera que sea la época y la circunstancia.
La revelación del Corán es opuesta al derecho romano. El derecho romano anuncia leyes abstractas de donde no queda más que deducir, por vía de silogismos, a la manera de Aristóteles, las consecuencias aplicables a tal o cual caso concreto.
La revelación del Corán nos da ejemplos concretos de soluciones aportadas a un problema histórico determinado a partir de unos valores absolutos, de los principios inevitables y eternos emanados del mensaje.
Dios nos dice:
“Hemos propuesto a los hombres, en este Corán, toda clase de ejemplos. Probablemente reflexionarán”
(Corán, 39-27).
Esta “reflexión sobre los ejemplos” no debe ser una deducción
mecánica, una caída del principio a sus consecuencias, sino, al
contrario, una elevación, a partir del ejemplo histórico concreto, al
principio eterno, absoluto, que ha inspirado esta solución y, después de
haber reflexionado, volver hacia lo concreto para encontrar, por
analogía, una respuesta a un problema histórico nuevo, inédito.
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