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lunes, 31 de marzo de 2014

II Congreso internacional de Derecho islámico e interculturalidad

II Congreso internacional de Derecho islámico e interculturalidadFacultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza, 8 y 9 de mayo de 2014
31/03/2014 - Autor: Plataforma Millennium - Fuente: Unizar
congreso derecho islamico islam
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congreso derecho islámicoTras el éxito de la primera edición, presentamos el segundo Congreso Internacional sobre Derecho islámico e interculturalidad que se celebrará en la Universidad de Zaragoza los días 8 y 9 de mayo.  Expertos de reconocido prestigio desarrollarán las correspondientes ponencias y participarán en mesas redondas, siguiendo un tratamiento transversal de los sugerentes temas que se proponen.
Los ponentes son profesores de Universidades españolas y extranjeras, miembros de Centros de Estudio e Investigación y expertos procedentes del mundo islámico, así como altos cargos de la Administración pública y de agencias de comunicación y son referentes internacionales en el conocimiento del mundo islámico en relación con la interculturalidad.
En la línea seguida en la primera edición del Congreso, se pretende ofrecer una análisis riguroso –libre de estereotipos y prejuicios– de los nuevos retos que Europa y el mundo islámico afronta y aportar soluciones ponderadas que ayuden a construir los nuevos espacios sociales de convivencia intercultural.

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Mensaje a los gobernadores y ciudadanos musulmanes

Mensaje a los gobernadores y ciudadanos musulmanesAllah, Altísimo sea, ha puesto a prueba a algunos musulmanes en varios países mediante maltratos, injusticia, matanzas, fuertes castigos, expulsiones, corrientes de sangre inocente…
31/03/2014 - Autor: Tijani El Bouji
ciudadanos gobernadores injusticia islamico justicia
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Inocente en la cárcelAllah, Altísimo sea, ha puesto a prueba a algunos musulmanes en varios países mediante maltratos, la injusticia, matanzas, fuertes castigos, expulsiones, corrientes de sangre inocente… ¡Que Allah nos proteja!
Los musulmanes deben saber que la victoria llega tras la paciencia, y que el alivio llega tras la dificultad. Dijo Allah, Altísimo sea, en surat Al Qasas, (El Relato, ayat 5-6): “Quisimos agraciar a los que habían sido humillados en el país y hacer de ellos jefes, hacer de ellos herederos, darles poderío en el país y servirnos de ellos para hacer que Faraón, Hamán y sus ejércitos experimentaran lo que ya recelaban”.
Los musulmanes que han sufrido injusticias, maltratos, perdida de su dignidad, dificultades de cualquier tipo… deben volver a Allah, Altísimo sea, arrepentidos porque Él es el todopoderoso, el compasivo, deben suplicarle y entregarse a Él, Altísimo sea. Dijo Allah, Altísimo sea, en surat Al An´am, (El Rebaño, ayas 63-64): “Di: ¿Quién os librará de las tinieblas de la tierra y del mar? Le invocáis humildemente y en secreto: «Si nos libra de ésta, seremos, ciertamente, de los agradecidos». Di: «Allah os libra de ésta y de todo apuro, pero vosotros de nuevo Le asociáis»”.
Arrepentirse ante Dios y volver a su religión es lo que atrae las bendiciones y todo el bien, alejando de nosotros todo tipo de sufrimiento.
Los gobernadores de los países islámicos deben saber que su posición no se protege mediante la dictadura, las injusticias o el maltrato de su pueblo. Logrará mantener su posición si gobierna de forma pacífica, preservando y defendiendo la dignidad y los derechos de su pueblo, sin olvidar el aferramiento a la religión islámica y sus principiosn y fundamentos, teniendo a Allah, Altísimo sea, presente en cualquier actividad o actitud tomada.
¡Gobernadores musulmanes! Volved a Allah, Altísimo sea, temed a Allah, Altísimo sea, cuidando a vuestro pueblo, seguid la tradición del Profeta Muhammad (Paz y Bendiciones de Allah sean con él), defended el cumplimiento de los derechos de vuestros ciudadanos, proteged su dignidad, luchad por mantener vuestro pueblo orgulloso.
¡Oh Allah, Todopoderoso!! Te pedimos que alejes el sufrimiento de nuestros hermanos musulmanes en todas las partes del mundo, protege sus vidas inocentes, no permitas que se derramen gotas de sangre en conflictos de injusticia, eleva su dignidad y otorgales la victoria que nos has prometido, amin.

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La Visión Coránica: La Visión del Mundo de acuerdo al Islam

La Visión Coránica: La Visión del Mundo de acuerdo al Islam14/10/2000 - Autor: Sheikh Nur al Anwar al Jerrahi al Halveti
acuerdo coranica dios humanidad islam mundo sagrado sufismo vision
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A través de Su Sagrado Corán, Dios le hace a la humanidad la siguiente penetrante pregunta: “Puede el conocimiento del ciego ser igual al conocimiento de aquél que puede ver?”(6:48-50) Sin revelación auténtica, los seres humanos permanecen ciegos a la total implicación del universo y de sus propias valiosas vidas. Los sagrados profetas de todas las naciones son aquellos que verdaderamente ven. Con sus mentes y sentidos iluminados por la Luz Divina, ellos están libres de actitudes centradas y circunscritas en sí mismos, a las cuales nosotros nos encontramos evidente o sutilmente atados. Estos seres iluminados pueden penetrar en la experiencia humana en toda su profundidad.
Sin embargo, Dios el Más Alto le ha dado a cada persona el regalo de ver con ojos proféticos. Con la ayuda de escritos revelados y disciplinas espirituales, podemos despertar directamente a la humanidad luminosa, la plenitud de la humanidad, encarnada por los profetas. Haciendo uso del lenguaje de estas meditaciones sobre textos coránicos, permítasenos abrir nuestros ojos y descubrir lo que podamos ver.
La Creación
El científico moderno considera al universo esencialmente un reino material que se ha generado de y que está gobernado por causas materiales. Pero se sabe por la visón profética que este universo tiene vida espiritual y está gobernado con sensibilidad, la creación de Dios el Más Alto incluye tanto al reino temporal como al eterno. Esta creación está consciente intuitivamente de su propia Fuente trascendente, celebra a su Fuente, y anhela retornar a, o unirse conscientemente con su Fuente. “Todo lo que vive en este reino planetario celebra espontáneamente a la Fuente de Vida. Los pájaros, al simplemente abrir sus alas al vuelo, están alabando a Al-láh el Más Alto, Quien conoce íntimamente la oración y alabanza instintivas a través de las más mínimas acciones de todo ser.”( meditación sobre el Sagrado Corán 24:41-45)
El exaltado Creador no es simplemente una fuente impersonal del universo, sino que conoce íntimamente- es decir directamente, desde dentro de cada forma de conciencia- la oración y alabanza que surgen, no simplemente de seres humanos conscientemente agradecidos, sino también de cada aliento y hasta de cada movimiento de Su Creación. “Todos los seres en el universo, ya sea que estén dirigidos o no a su propia Fuente Verdadera, se están inclinando ante Al-láh el Más Sublime con todo su ser a través de cada pensamiento y acción.”( meditación sobre el Sagrado Corán 13: 12-15) El universo revelado por el Corán es un Reino Divino, no una desastrosa caída desde la Existencia Divina, no un dominio meramente material que existe en la oscuridad fuera de la Luz Divina. “La Fuente Suprema es la Única Luz que ilumina todo reino terrenal y celestial...Al-láh es la Única Conciencia Abarcadora.”( 24:35) El universo no es en ningún sentido algo negativo o trágico. Los seres humanos tienen el honor y la responsabilidad de sumarse conscientemente a su mística y majestuosa procesión de retorno a Dios. Este proceso no es una total absorción en Dios, sino que es un continuo volver a casa, de un gozo y afecto mútuos inmensos. “Sólo de Al-láh irradia la gran afirmación que es el cielo y la tierra, y sólo a Al-láh, la Fuente y el Destino del Ser, todo este reino de Ser está retornando a casa.”( 24: 41-45)
Una y otra vez Al-láh el Más Alto, hablando claramente a través de Su Sagrado Corán, le pide a la humanidad que contemple Su Creación- tanto en sus más mínimos detalles como en su alcance cósmico- como una forma de desarrollar una conciencia espiritual. “Enséñales a concebir al universo en su estado original como una expansión de Luz sin bordes ni límites, a la cual la Fuente de Poder transforma en mundos poseedores de vida... Al contemplar este proceso de creación con ojos de verdadero entendimiento, cómo puede uno no ver al Ser manifiesto como una vasta demostración de Amor?”(21:30-33) La revelación Coránica nunca habla de un modelo mecánico, ni siquiera de un modelo orgánico de creación. Dios nunca tiene que luchar contra la resistencia, o buscar la cooperación de algún campo de materia inerte, o de algún campo dinámico de energía. Dios crea de la nada, Él simplemente crea con saber y con desear, sin ningún esfuerzo. La creación que resulta de ello, que aparece ante nosotros en forma de procesos naturales, expresa la riqueza y el valor, el inmenso significado de la Realidad Divina Original. “Todo lo que sea la voluntad de La Fuente del Ser se convierte espontáneamente en Ser, y contiene un profundo significado.”( 24: 41-45)
La creación es una balanceada ecología de vida orgánica y significado espiritual. Los seres humanos han sido elegidos, por designio Divino, para cuidar el reino planetario de Dios, el cual no está fuera de Dios, sino que constituye una dimensión íntima de Su existencia. Sin embargo, la humanidad nunca puede declararse dueña, o ejercer control sobre ningún aspecto de la Creación Divina, a la que percibimos en formas limitadas por medio de nuestras mentes y sentidos limitados. “La Fuente de Vida genera innumerables formas de vida orgánica, cada una en preciso balance con las otras... los seres humanos no son los propietarios y tampoco controlan estos tesoros naturales... todo Ser manifiesto pertenece solamente a la Fuente y Destino del Ser.”( 15:16-25)
La intención de la creación es radicalmente espiritual. El recorrido temporal del alma eterna no es ningún fenómeno menor en el drama universal de lo que se manifiesta. La educación del alma es la razón central por la que existe el universo. “Toda su Creación existe simplemente como una prueba y una enseñanza para el alma.”( 11:7-11) De esta manera, el alma- es decir, el rayo de conciencia eterna que se expresa a través de avanzadas formas de vida en planetas poseedores de vida en el universo- está en el mismísimo centro del drama de la Creación de Dios. El alma no es una chispa de vida insignificante en una expansión desconocida de galaxias, como el científico moderno lo imagina. Al conocernos verdaderamente a nosotros mismos, conocemos directamente la esencia y el propósito de la creación entera. No estamos tambaleandonos en la obscuridad.
Este conocimiento espiritual supremamente humano y avanzado, mucho más allá del alcance que pueda tener la ciencia o la filosofía, no puede ser alcanzado sin el proceso de Revelación Divina. La verdad revelada, sin embargo, no le es impuesta al ser humano desde afuera, sino que es una parte integral de la vida misma del alma, y así es inmediatamente reconocida por las profundidades de la conciencia humana. La Revelación es bienvenida por el alma y nunca es considerada extraña o ajena a la conciencia totalmente despierta del ser humano, que es, como el Sagrado Corán revela, la corona de la Creación de Dios. Estos niveles de dignidad humana y calma certeza no pueden ser imaginados o alcanzados sin revelación.
La visión profética no percibe a la creación como algo plano- nos reímos de los cartógrafos Europeos que dibujaban a la Tierra plana- más bien como una estructura jerárquica de planos o esferas. Se usa la terminología de abajo y arriba, pero no en un sentido espacial. Por sobre el plano planetario, que incluye a los planetas contenedores de vida, se extienden planos sutiles de Ser, ricamente poblados por seres conscientes, que expresan todas las diferentes órdenes de la realidad. Encima de los planos sutiles existe el reino más sublime, que en la visión Coránica contiene tanto a la eternidad, que es la morada de los ángeles, como al Paraíso, la morada de las almas. “El cuerpo en el Paraíso emanará de la misma Fuente de Luz que ha proyectado a este cuerpo terrenal, y que conscientemente irradia todos los vastos niveles y reinos de la creación.”( 36:77-83) Por encima del Paraíso subsiste el Jardín de la Esencia, al cual los amantes y conocedores místicos aspiran, que no es la creación, ni el tiempo, ni la eternidad, sino Dios Mismo.
No existe, sin embargo, una jerarquía de Presencia Divina, ya que la Creación de Dios no se encuentra de ninguna manera alienada o distante de su exaltado Creador. “Durante seis primeros Días de Poder sin medida, la Fuente Suprema irradió la estructura luminosa del reino planetario y los siete reinos celestiales como panetas del Ser tangibles e intangibles. La Fuente del Ser se establece místicamente sobre este vasto Trono de Manifestación. La Presencia Divina completa puede entonces experimentarse en toda la creación.”( 7:54-56)
La visión coránica de la creación no debería pensarse como abstracta o metafísica. Esta permanece directa y existencial, íntimamente relacionada con nuestra experiencia diaria. “Vuélvete incesantemente a Al-láh el Más Alto, cuyo Poder te presenta a este verde planeta como un lugar de descanso y a esta brillante red de estrellas como inspiración, Cuya Misericordia desciende como dulce lluvia para crear los frutos terrestre que necesitas para abastecerte.”(2:21-25) De todas maneras, no deberíamos leer al Sagrado Corán como una percepción primitiva del mundo que iguala, por ejemplo, los reinos celestiales con el cielo nocturno estrellado. “El espacio cósmico no es sino la reflexión del más bajo y menos sutil de los siete cielos y es una reserva de energía, para la preservación del plano terrestre del Ser.”( 41:9-12)
La estructura jerárquica del Ser existe, no a partir de una necesidad metafísica o impersonal, sino precisamente para la elevación espiritual del alma, que es un proceso de una gran delicadeza que el Sagrado Corán compara con el desarrollo del feto en el vientre materno. Los más altos niveles del Ser, así como el plano planetario de existencia, no son nada menos que la expresión perfecta de la infinita Misericordia Divina. “Así, la Fuente de Poder creó siete planos de conciencia y existencia progresivamente más sutiles, revelando en cada plano un nivel nuevo de amor y conocimiento para las almas que retornarán por este camino de ascención mística hacia la Fuente de Paz.”( 41:9-12)
Los místicos del Islam encuentran en estos textos coránicos la confirmación de su propia experiencia íntima directa de los siete niveles de conciencia, cada cual más refinado y más extenso, que culminan en la experiencia última de unión mística. Esta culminación espiritual, expresada por los poetas Sufis y descrita de un modo figurativo por Dios el Más Alto en Su Sagrado Corán, permanece esencialmente más allá de toda concepción o descripción, como Dios Mismo, ya que esta iluminación suprema es simplemente Dios.
Aquellos seres humanos en cualquier cultura verdaderamente maduros que de hecho conciban al universo de esta forma- no solamente que lean un mapa metafísico o sigan con fe ciega, sino que lo conciban como una visión directa a través de ojos proféticos- están descritos por esta meditación sobre las palabras reveladas del sagrado Corán: “Aquellos cuyo ser completo se oriente hacia la Fuente del Ser, no perciben la más mínima imperfección o injusticia en el reino ilimitado del Todo Misericordioso.”(67:1-4) Lo que la humanidad, con sus propios conceptos limitados, percibe falsamente como un campo caótico de energía física, como un mundo de probabilidades y conflictos, se percibe realmente con los ojos de la revelación como un reino perfecto. La conciencia profética consideraría la concepción científica moderna del mundo no como un avance en conocimiento, sino como una regresión en la sensibilidad y profundidad del conocimiento. Esta regresión no es, sin embargo, sólo una característica de la edad contemporánea. Los profetas se han encontrado con y se han opuesto a construcciones similares que tienen que ver con convenciones humanas en sus culturas natales a lo largo de las eras.
El antídoto contra esta forma de pensar convencional, esta percepción estrecha o selectiva, no es darle la espalda al universo visible para dedicarse a especulaciones metafísicas o a la autoestimulación de experiencias visionarias. La forma coránica es contemplar al universo creado de nuevo, con una visión expandida. “Al percibir la maravillosa creación del cuerpo material, cómo puede la inteligencia de la humanidad dudar que la Fuente de Poder puede recrear a los seres humanos después de la muerte o a los planos no materiales de existencia.”( 75:34-40)
Un aspecto esencial de esta visión revelada del universo es el entendimiento de que no se supone que la creación física o temporal exista interminablemente, más de lo que ha existido sin un principio. Cuando la educación y el ascenso de las almas se haya completado, de acuerdo con la compasión y sabiduría impenetrables de Dios, el reino planetario entero y las esferas sutiles serán retornados al reino supremo del Paraíso. La Creación no desaparecerá, ya que el Paraíso es la Creación Divina consumada, pero la obra dramática de separación entre Dios y Su Creación llegará a su fin. La contemplación del final de los tiempos, que despierta e intensifica las profundidades de conciencia humana, es una de las prácticas espirituales básicas, en la que Dios instruye a la humanidad a través de los versos revelados del Sagrado Corán. “Cuando de pronto el tiempo desaparece, en el momento eterno de iluminación, la brillantez de las orbes celestiales se extinguirá por el mismo Esplendor Divino y el universo se abrirá y se disolverá en luz transparente. Esta total revelación de la Fuente de Luz hará estallar como simples partículas de polvo a las montañas primordiales, estructuras cósmicas sobre las cuales este plano terrenal descansa con tanta seguridad.”( 77:8-15)
Este pasaje es la descripción figurativa de la experiencia personal en el momento de la muerte física. También es la descripción del retorno de todo Ser manifiesto a la Fuente del Ser al final del tiempo, cuando el proceso de Creación Divina esté totalmente maduro y alcance su culminación espiritual. Ninguna estructura de vida, ningún valor realmente vivo, personal o universal, se pierde durante la transición suprema de la vida limitada a la Vida Divina.
La contemplación inspiradora del universo creado mirada con ojos de revelación lleva en última instancia a la contemplación de nuestra propia humanidad como la corona de la Creación, no como una forma de auto- felicitación o satisfacción de deseo, sino como una apertura genuina a la perplejidad, la maravilla y la verdadera alabanza.
El camino de conocimiento profético es extático en el sentido etimológico de ponerse afuera del yo limitado, fuera de las fronteras personales y culturales cuya existencia hemos proclamado, inocente o arrogantemente, límites que sofocan a la naturaleza ilimitada del alma eterna. Con los ojos proféticos abiertos, podemos entrar conscientemente al hermoso reino de la Creación Divina por primera vez, bailando con alegría como lo hizo el hombre ciego de nacimiento curado por Jesús el Mesías.
Al-láh el Más Alto
En la tradición coránica hay noventa y nueve Nombres Divinos principales que se refieren a la única Fuente del universo. Estos no son términos humanos tentativos o especulativos referidos a Dios, sino que son hermosos Nombres Divinos en sí mismos, que fueron revelados por Dios a través de su Corán Arabe y que dan cuenta de la misteriosa diversidad de atributos dentro de la sola Esencia. La forma y sonido Árabes de estos nombres contiene el poder sacramental de la Presencia Divina- el poder de curar, proteger e iluminar a la persona que los invoca. Pero otros nombres de Dios han sido revelados a través de otras dispensas proféticas que deben ser igualmente respetadas.
A través de estos nombres místicos, nuestro ser consciente se pone en contacto directo con la energía esencial del Uno. Esta sola Realidad no es objeto de filosofía sino que es el Viviente que se reveló a sí mismo al Profeta Moisés desde las llamas del arbusto : “La Verdad más Elevada es que sólo Yo soy.”( 20:9-39) Así que cuando hablamos con humildad y respeto de Al-láh el Más Alto, no nos estamos refiriendo a alguna deidad, que mora en algún cielo, circunscrita por alguna teología. Estamos invocando al Único Yo Soy, a la única Conciencia, que compone todo lo que existe, y que es hasta infinitamente más comprehensiva que la existencia misma. Entonces no podemos mantener conceptos teológicos o filosóficos sobre Al-láh, mucho menos nos podemos dejar llevar por descripciones poéticas de Dios, o limitarlo de alguna manera, tal como confinarlo a una revelación en particular.
Sin embargo, Dios tiene la iniciativa de revelarse a la humanidad- por completo y de una forma adecuada- a través de los profetas y los valiosos libros de revelación que Él ha transmitido a lo largo de la historia de la humanidad. De hecho, el proceso de revelación es constante y se extiende más allá de los mensajes traídos por los profetas, pues la creación misma se conoce como el Corán cósmico. La mente humana no puede confinar, sistematizar o reclamar como propia a ninguna dimensión de esta revelación digna de asombro, que es todo inclusiva y todo trascendente.
Cuando invocamos sinceramente a cualquiera de los Nombres Divinos de Al-láh el Más Alto por medio de la guía de Su tradición profética, entramos en una relación directa, experimentamos una unión existencial, con la única Realidad. “Aquellos que invocan a Al-láh el Más Misericordioso con intensa oración sienten inmediatamente la Presencia indiscutible de la Verdad Viviente, mientras que aquellos que alaban a las varias fuerzas elementales o seres etéreos no experimentan el mismo torrente de la Sagrada presencia abarcadora.”( 13:12-15) Los nombres místicos de Dios liberan un torrente de experiencia espiritual, la intensa conciencia de sagrada presencia, que ha sido otorgada a la humanidad a través de todas las tradiciones reveladas. Los nombres Divinos no son palabras en un diccionario, tampoco están separados del Uno que es nombrado. No puede haber distancia entre nosotros y la sola Realidad, porque aparte de la sola Realidad, nada existe. Esta cercanía con Dios, que es, en términos coránicos, más cerca que cerca está tu vena yugular, es una expresión de Misericordia Divina. “Ningún ser se puede mover ni siquiera a una distancia pequeña de la Fuente del Ser. La Voluntad totalmente misericordiosa de Al-láh va más allá de toda comprensión.”( 14:24-27)
La añoranza del amante místico o la sed del conocedor místico por la Esencia de Dios encuentra su base y confirmación Coránicas en el relato de la experiencia de iluminación del Profeta Abraham. “Su adoración a los Atributos Divinos desapareció por completo, y él despertó místicamente en la sola Esencia Divina.”( 6:74-83)
Esta realización suprema no implica, sin embargo, que la Misericordia, Belleza y Majestad de Dios el Más Alto desaparecen, o que Su Creación desaparece. Después de pasar por esta experiencia de unión mística, el Profeta Abraham retorna a su gente y asume la responsabilidad de su misión profética. Despertar a la Esencia significa darse cuenta por completo- no por medio de nuestros propios esfuerzos limitados, sino por el supremamente agraciado regalo del Todo Misericordioso- que sólo Dios el Más Alto existe. No hay separación entre Su Esencia y Su expresión bendita de esa Esencia. La ilusión de dualidad, o separación, es todo lo que desaparece, dejando brillar al total espectro de la creación, en términos coránicos, como luz dentro de la Luz. Ahora, la educación consciente de nuestras almas puede comenzar de verdad. “La Única Fuente detrás de todos los seres y hechos proyecta a este vasto drama de vida y muerte como un proceso de educación de las almas, que aprenden a expresar los Hermosos Atributos de Al-láh a través de la contemplación y acción dentro del reino temporal.”( 67:1-4)
Este nivel exaltado de experiencia mística, la unión consciente con la Esencia, no está confinado al Profeta Abraham, o a unas pocas almas particulares en las Órdenes contemplativas de las grandes tradiciones religiosas. Una amistad directa e íntima con la Esencia Divina es la característica de toda profecía auténtica, y se comparte hasta cierto punto por toda alma devota que recibe el permiso de Dios para ver con los ojos de los sagrados profetas. Dios el Más Alto no se revela parcialmente, sino que lo hace por completo, ya que Él es plenitud en sí misma, que no puede ser dividida de ninguna manera. El Sagrado Corán aconseja no sólo a los profetas, sino a todo ser humano sin excepción, a dirigirse directamente a la Realidad última, sin intermediación o jerarquía, sin vacilación o auto menosprecio de ningún tipo. “Nunca recurran a fuerzas mágicas o cósmicas que instintivamente saben que son secundarias, en cambio refúgiense en la sola Fuente Original para su fortaleza espiritual.”( 2:21-25) Toda alma bajo el cuidado de la revelación coránica entra conscientemente a la Esencia Divina, Al-láh el Más Alto, con las poderosas palabras reveladas precisamente para ese propósito por la Esencia misma: “Me refugio sólo en Al-láh, el Guía Supremo de la humanidad. Me refugio sólo en Al-láh, el misterioso Rey de la humanidad. Me refugio sólo el Al-láh, la Fuente Verdadera de la humanidad.”( 114:1-6
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Islam, el Otro Rostro

Islam, el Otro RostroConversaciones con Eva de Vitray-Meyerovitch
01/09/2001 - Autor: Rachel y Jean Pierre Cartier - Fuente: Verde Islam 16
entrevistas islam rostro sufismo vitray-meyerovitch
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derviche girando_3Antes incluso de haber tenido tiempo de reflexionar, la primera pregunta que se nos ha ocurrido, Eva de Vitray-Meyerovitch, es la siguiente: ¿Cómo una mujer joven nacida en la aristocracia francesa y educada entre religiosas ha podido hacerse musulmana? ¿Qué pasó y por qué?
E.V. No soy la única que ha hecho este periplo. Tengo varios amigos y amigas que, educados como yo en el más tradicional catolicismo, fueron atraídos por el Islam. Mi camino no es, por tanto, tan extraordinario como pudiera pensarse.
Creo que fui muy influenciada por una de mis abuelas que era de origen escocés y de religión anglicana. Ella se convirtió al catolicismo para casarse con mi abuelo. A menudo me decía que, en su opinión, pasar de la High Church1 al catolicismo había consistido simplemente en aceptar al Papa, lo que no era gran cosa.
...
El catolicismo que me habían enseñado me planteaba muchos problemas.
¿En qué época más o menos?
E.V. En el período comprendido entre los veinticinco y los treinta años tuve que soportar el conformismo que me envolvía, y cuando hablaba de mis problemas con los sacerdotes, ellos me respondían invariablemente que no estaba bien tener dudas y que me faltaba rezar al Señor para que me las quitara. De hecho, no me respondían nada satisfactoriamente. Su autoritarismo me hacía sentir más incómoda con ese deseo mío de no hacer trampa; me resultaba imposible poner entre paréntesis todas las cosas que me molestaban, pues tenía el sentimiento de no poder ser verdaderamente fiel a mi tradición.
Cuando, a los dieciocho años, empecé a estudiar filosofía, ese malestar que sentía se hizo insoportable. Tenía el sentimiento de que para satisfacer una necesidad de experiencia religiosa me hacía falta poner de lado todo lo que me molestaba. Había allí alguna cosa impura, algo así como el equivalente de un amor físico sin amor, así de simple.
¿Qué pondría entonces entre paréntesis?
E.V. Todo el dogmatismo de la Iglesia católica. Había estudiado, no obstante, suficiente historia como para leer la de los concilios y para saber, por ejemplo, que los primeros textos de los Evangelios que poseíamos databan del siglo IV y que se trataba de traducciones de traducciones. Conocía bastante griego para saber que puede haber una gran diferencia entre una expresión helenística y una expresión de origen semítico.
¿Por ejemplo?
E.V. Por ejemplo ese término tan importante de “Hijo de Dios”. En griego el término utilizado significa realmente el verdadero hijo, el niño, mientras que en Isaías, significa el servidor. No es ni mucho menos la misma cosa. Había allí algo muy vago que había sido endurecido por las declaraciones conciliares y que dolía admitir.
Para permanecer en mi ‘comunidad’ habría hecho falta, como ya os he dicho, poner todo eso entre paréntesis y yo no podía realmente hacerlo.
...
¿Se puede decir entonces que, básicamente, le molestaban los dogmas?
E.V. Se puede decir. Me hacía daño soportar el autoritarismo de la Iglesia y tenía que plantear preguntas de este tipo: “¿Con qué derecho la Iglesia proclama en 1943, creo recordar, el dogma de la Asunción?”
En mi opinión, la Iglesia tiene derecho a hacer juicios de valor pero no juicios de hecho. Para darles un ejemplo: ¿Cuándo se equivocó, cuándo condenó a Galileo o cuando lo rehabilitó? Todo esto me molestaba atrozmente y me decía cada vez más a menudo: “Si permanezco porque deseo ir a comulgar el domingo por la mañana, eso es mentir. Es algo perfectamente impuro”.
...
Un día, al inicio de la posguerra, llegó un amigo musulmán que no había visto desde hacía quince años. Al partir, me pasó un pequeño libro diciéndome: “Sé que usted siempre ha estado interesada en las cuestiones religiosas. Lea entonces este libro, es la gran obra de nuestro gran maestro Iqbal”. Yo dije: “Muchas gracias, querido amigo” y dejé el libro sobre mi mesa donde fue cubierto rápidamente por los papeles. Estaba realmente muy ocupada entonces.
Un poco más tarde, abría finalmente este famoso libro. Vi que se titulaba Reconstruir el pensamiento religioso del Islam y que estaba en inglés. Quería tan solo hojearlo pero desde las primeras páginas me apasionó. Tuve de repente el sentimiento de que respondía a todas mis preguntas. Encontré en él ese universalismo tan deseado, la idea de que, fundamentalmente, la Revelación no puede ser más que una, que dos y dos son cuatro en todas partes y que estas cifras comprenden siempre una sola y única verdad, ya sea en caracteres aztecas, chinos o árabes. Sí, una sola verdad. El Corán no dice otra cosa.
Me gustó tanto este libro que me puse a traducirlo enseguida. Amé de la misma manera a Iqbal que a cierto Rumi del cual hablaba sin cesar.
Usted lo cuenta con toda sencillez, pero es sin embargo extraordinario. Se diría que el solo hecho de haber leído este libro de Iqbal hizo de golpe bascular toda su vida. Nos gustaría saber un poco más sobre ese Iqbal y sobre su libro.
E.V. Ya saben que hay que estar ya preparado para que un encuentro o un libro puedan hacer bascular tu vida. Yo ya estaba sobre una vía de libre examen, de interpretación personal, de búsqueda individual, y encontré todo ello concretizado en este gran pensador. Además, me hizo feliz constatar que no estaba sola, perdida en un atajo, sino que me encontraba situada, sin saberlo, en una gran tradición. Y ello sin tener que renegar de nada. No reniego ni de la Torah, ni del Evangelio. Dejé simplemente de lado lo que siempre me había irritado, las decisiones conciliares, dogmáticas, tomadas por unos señores reunidos en Roma para decidir que Dios es así o es asá.
Hasta ese momento me había sentido incómoda. Me preguntaba por qué me arrogaba el derecho de criticar así las cosas establecidas durante tanto tiempo. Cuando comprendí que un cuarto de la humanidad pensaba como yo, me sentí de golpe menos extravagante. De hecho, encontré una respuesta clara a todas las preguntas que me planteaba o, si lo prefieren, este libro fue un empujón.
No tenía ninguna idea de lo que podía ser el Islam. Había escuchado a Garaudy decir un día que se podía hacer un doctorado de filosofía sin haber oído hablar jamás de pensadores árabes. Eso es absolutamente cierto y resulta un poco escandaloso. En esa época, se empollaba a Kant, Hegel y a otro montón de filósofos pero en absoluto a los árabes. Por ello el descubrimiento del Islam a través del libro de Iqbal fue para mí un acontecimiento. De repente ya no tuve nada que poner entre paréntesis. No había más personas que me dijeran: “Si no crees esto, no estás en la línea” ¡Qué alivio!
...
Usted nos dijo un día que había un paralelismo entre el pensamiento de Iqbal y el de Teilhard de Chardin. ¿Podríamos insistir un poco sobre esta idea?
E.V. Iqbal conoció personalmente al padre Teilhard. No podían más que entenderse puesto que la gran idea de Iqbal es que todo lo que sube converge. Esto les debe recordar otra cosa. Si todo converge, eso quiere decir que si ustedes van hasta la cima de su budismo, de su cristianismo o de su Islam, sólo pueden reencontrarse en la sumisión a Dios.
¿Conoció usted personalmente al padre Teilhard?
E.V. Sí, y tuve el privilegio de hacer la primera emisión de radio que le fue dedicada y de escribir los primeros artículos que se habían escrito sobre él. La Iglesia Católica le había despreciado en público, le había prohibido hablar en el Collège de France.
Una palabra más sobre Teilhard. Para nosotros, es un gran personaje.
E.V. Para mí también. En todos los prefacios que he escrito, cito con amor a Teilhard de Chardin y esta frase esencial según la cual todo lo que sube converge.
¿Diría Ud. que es un buen musulmán?
E.V. Un muy buen musulmán. Nada ha estado más sometido que él a la voluntad de Dios.
¿Entonces este descubrimiento de Iqbal ha sido para Ud. esencial?
E.V. Sí
¿Se puede decir que este encuentro la llevó a entrar en el Islam?
E.V. Ciertamente, en la medida en que estaba preparada. Pero no crean que esto fue tan simple. Me planteé, sin embargo, preguntas. Me dije que era muy bonito maravillarse por el Islam, pero que no se cambia de tradición como se cambia de camisa. Puede ser, después de todo, que tuviese del cristianismo un conocimiento muy mundano y muy aristocrático, de niña de buena familia. Me dije que los cristianos no eran tontos y que había entendido todo al revés. Y por honestidad, me obligué a hacer, antes de decidir lo que fuera, tres años de exégesis.
Usted habla con tal tranquilidad de espíritu, es tan tranquilizador estar a su lado... sin embargo, ha debido tener dudas e incluso conflictos en el momento de su entrada en el Islam.
E.V. Ya le dije: hice tres años de exégesis para decidirme con todo conocimiento. Incluso fui a ver a un obispo. Un día, Louis Massignon, a quien considero como mi maestro, me dijo: “Si tal es su elección, apruebo su entrada en el Islam, pero desearía, no obstante, que antes de hacerlo fuese a hablar con mi amigo Monseñor Nédoncelle, que es obispo de Estrasburgo”.
Todo lo que me decía Massignon era para mi palabra de evangelio y fui a ver a su amigo. Fui tranquilamente, puesto que él era partidario de una reconciliación entre los anglicanos y los católicos. Esto me tocaba tanto más porque mi bien amada abuela era anglicana de origen.
Y aquí me ve delante del obispo que me acogió con mucha bondad. Me escuchó con gran atención y luego me dijo: “Comprendo que honestamente, usted no pueda seguir siendo católica pero, puesto que su abuela era anglicana ¿Por qué no se hace protestante? Es incluso un trastorno menor que hacerse musulmana”.
Le respondí de todo corazón, usted sabe, esas cosas que se dicen porque surgen y explican realmente tu pensamiento más profundo. Exclamé: “¡Pero Monseñor, eso sería demasiado fácil!”. Me miró por largo tiempo y me dijo: “Comprendo. Usted tiene razón: haga lo que desea”. Hace treinta años de eso.
Me pregunté por qué había pronunciado esa frase inesperada. ¿Por qué musulmana, si hubiese sido más fácil para mí hacerme protestante? Haciéndome protestante me otorgaba el derecho a elegir, lo que era muy importante en mi opinión, pero al mismo tiempo me daba la sensación de picotear aquí o allá, de tomar lo que me gustaba y dejar el resto. Así es que entrar en el Islam era realmente un compromiso de todo mi ser.
Esto debió ser un choque para aquellos que la querían, para su marido y sus padres
E.V. Para mi marido no, realmente. Le era indiferente aunque sabía respetar la diferencia. Es un poco como si yo le hubiese dicho que iba a aprender chino. Mi padre vivía todavía pero las cuestiones religiosas no eran para él muy importantes. Por el contrario, perdí amigos. Sin duda aquellos que no me querían tanto. Los otros siguieron fieles. Mejor para mí.
Si alguien viniese a verla diciéndole que desea convertirse al Islam ¿Le animaría?
E.V. No necesariamente. Eso depende. Hace tiempo, por ejemplo, recibí a un joven que regresaba del Yemen donde era cooperante. Me dijo: “Señora, vengo a verla porque asistí a una de sus conferencias. Adoro el mundo árabe. Yo, que fui educado en un medio de banqueros del distrito XVI, fui recibido en el Yemen en una tienda...”. Me habló del cielo estrellado, del silencio del desierto, de la hospitalidad y terminó diciéndome:
–“Naturalmente, quiero hacerme musulmán. ¿Qué piensa?”
– “Puesto que me lo pregunta, se lo desaconsejo vivamente.”
– “¿Es usted quien dice eso?”
– “Sí. De acuerdo, los yemenitas son encantadores, tocan una música bella bajo un cielo estrellado, pero no es suficiente.”
...
Hace ya rato que hablamos y nos sorprende constatar que el nombre de su querido Rumi no ha aparecido más que en raros instantes en nuestra conversación. Sin embargo, jugó un gran papel en su descubrimiento del Islam y en su vida interior. ¿Cómo lo descubrió?
E.V. Cuando leí el libro de Iqbal, del cual hemos hablado extensamente, me intrigó constatar que citaba sin cesar a aquel que llamaba su Maestro, Djalâl-od-Din Rumi. Nunca había oído pronunciar ese nombre y me repetía sin parar: “¿Pero quién es este señor?”. Me precipité a la Biblioteca Nacional, a Lenguas Orientales y a las bibliotecas especializadas.
Supe que se trataba de un místico del siglo XIII, pero me fue difícil saber más pues no había la menor traducción francesa de sus obras. Descubrí algunos textos en inglés traducidos por Nicholson y algunos poemas traducidos en lengua alemana. Nada más, pero lo que leí me pareció tan sublime que decidí obtener un diploma en persa clásico para poder hacer conocer estos tesoros a Occidente. Tras estos tres años de estudios, me pude poner a trabajar.
...
Se entusiasmó tanto que consagró una gran parte de su vida a traducir sus obras...
E.V. En efecto, creo que he traducido poco más o menos todo. La aparición del Mathnawî es para mí un acontecimiento.
Quizá vamos a ser un poco indiscretos pero nos gustaría comprender mejor la relación que tiene con él.
E.V. Es un poco como una relación de discípulo y maestro. ¡Es de tal estatura, de tal dimensión; su mensaje es tan grande!
Pero a un maestro se le habla, se le pide consejos, directrices. ¿Se puede realmente tener una relación vital con un maestro que vivió hace tanto tiempo?
E.V. Esto depende no del maestro sino del discípulo. De la naturaleza misma del discípulo.
¿Iríamos demasiado lejos diciendo que usted le consagró su vida?
E.V. Le consagré mi vida porque pensaba que su mensaje era... tan urgente y universal. Un mensaje de amor que retoma los valores más esenciales del cristianismo y del Islam, sin renegar de nada, y dándole una dimensión de hecho, fraternal y ecuménica. Ustedes no encontrarán en él el menor dogmatismo y esto me pareció algo de una enorme importancia.
...
Háblenos de los derviches giróvagos y de su danza.
E.V. Es Rumi, quien, en su desespero tras la desaparición de Shams Shams de Tabriz, derviche errante de quien Rumi se hizo discípulo creó el Sama‘; la danza cósmica sagrada muy característica de la cofradía que fundó. Más tarde, su hijo, Sultan Valad, la codificó e institucionalizó. Él cuenta, en La palabra secreta: “La enseñanza de mi padre era muy esotérica y muy complicada. He intentado explicarla para el gran público”.
...
Pude asistir a un Sama‘ que era la verdadera danza cósmica querida por Rumi, la ronda vertiginosa de los átomos y de los planetas.
“Muchos caminos llevan a Dios —decía el maestro— Yo he elegido el de la danza y la música... En las cadencias de la música está escondido un secreto. Si lo revelara, conmocionaría al mundo”.
Puede ser que no revelase el secreto pero escribió un cierto número de textos magníficos sobre la danza cósmica. ¿Podría citarnos algunos de los que más le conmovieron?
E.V. Hay demasiados. Escuche este poema:
“¡Oh día, despierta! Los átomos danzan,
las almas, perdidas (arden) en el éxtasis, danzan.
Al oído, te diría
hacia donde arrastra su danza.
Todos los átomos
en el aire y en el desierto,
sábelo, son como los insensatos.
Cada átomo, afortunado o miserable,
está prendado del Sol
del cual nada se puede decir”
...
Escuchándola, no nos es difícil comprender su admiración cuando descubrió por primera vez estos textos que, después de ocho siglos, no habían sido nunca traducidos.
E.V. La palabra admiración me parece un poco débil. Puedo hablar incluso de estupefacción cuando descubrí que Rumi conocía el número de planetas que, en Occidente, fue ignorado hasta nuestro siglo. Por otra parte, sobre el número de planetas en el sistema solar determinó el número de los danzantes que tomarían parte en el oratorio espiritual. Siempre son nueve o un múltiplo de nueve.
El Sama‘ es, entonces, algo más que una danza. ¿Podría considerarse una liturgia?
E.V. Totalmente. Y no solamente el Sama‘, sino la música. Aflaki cuenta que, estando Rumi escuchando un instrumento que amaba mucho, la llamada a la plegaria se retrasaba. El amigo que estaba con él tuvo que presionarlo para que interrumpiera el concierto.
“No, dijo el Maestro, porque esto también es una oración. Ambas se dirigen a Dios. Él desea una exteriormente para Su servicio, y la otra interiormente para Su amor y Su conocimiento”.
Dijo también, hablando del rabab2: “No es sólo cuerda seca, madera seca, piel seca sino que es en cierta forma, la voz del Bienamado”.
Todo le servía de pretexto para ponerse a danzar: el tic-tac de los batidores de oro, el canto del agua sobre la rueda del molino... Estaba siempre al borde del éxtasis, de esa última unión que así cantaba:
“En el origen, mi alma y la tuya
estaban unidas.
Ellas eran tu apariencia y tu secreto,
mi apariencia y mi secreto.
Sería vano decir ‘la mía y la tuya’
porque no hay ni yo ni tú, entre tú y yo.”
...
Usted insiste mucho sobre su ecumenismo...
E.V. Sí, porque pienso que en eso es increíblemente moderno. Aún sin saberlo muy claramente, era eso lo que yo buscaba: un ecumenismo que no fuese un sincretismo. Pues siempre es fácil tomar un poco del Islam, del Cristianismo, del Budismo o del Hinduismo para hacer una amalgama. Pienso que el verdadero ecumenismo no es en absoluto eso y que cada uno debe ir hasta el fondo de su tradición. Entonces y sólo entonces, solamente cuando usted haya llegado al centro, encontrará a los otros.
...
¿Pero se encuentra ese sentido de universalismo en el Corán?
E.V. Me contentaría con dos citas. El Corán dice:
“Si eres cristiano, judío o sabeo —los sabeos eran los grandes idólatras de la época— y si haces el bien, no tienes nada que temer de tu Señor”.
El Corán dice también:
“Si Dios lo hubiese querido, habría hecho de vosotros una sola comunidad religiosa. Quiso iluminaros a través de vuestras diferencias. Así pues, haced el bien, ayudáos los unos a los otros y Dios os iluminará un día sobre vuestras divergencias”.
¿Debemos entonces volver siempre a lo que es fundamental?
E.V. Así es. Lo que es fundamental, es decir desde el fondo del corazón y del pensamiento, que no puede haber más divinidad que la Realidad Suprema. Eso, todos los creyentes de todas las tradiciones pueden afirmarlo. Como decía Simone Weil, el politeísmo no es creer o no en Júpiter o en otros dioses sino profesar un culto al dinero, al poder, a una autoridad, a un pensamiento...
Por lo tanto, no puede haber más que esta Verdad, esta Realidad. El resto, son historias humanas. Bien, de acuerdo, no se bebe vino, hacemos Ramadán o la cuaresma... ¡Y está bien que se haga! No bebo vino porque no me parece necesario no ajustarme a una prescripción de mi comunidad pero esto no es lo esencial.
Creo que un día, en Argelia, choqué con ciertos musulmanes cuando dije:
"Encuentro que es más grave —perdónenme la expresión— decir una grosería sobre alguien que no ayunar durante Ramadán”.
Sin embargo los ritos son necesarios...
E.V. Sí, pero el ritual debe servir sobre todo para cimentar la comunidad. Es particularmente necesario en el Islam pues, sin ello, correría el riesgo de convertirse en un teísmo un poco metafísico, algo así como una Weltanschauung3, una visión del mundo muy universalista, muy ecuménica pero un poco floja. Hace falta este ritual para formar la comunidad. Las cinco plegarias por día, el Ramadán, etc...
Lo que encuentro extraordinario, es que la plegaria del Islam es una plegaria cósmica. Se enlaza con las estaciones, con la luna, el sol... Es una comunión con un cosmos sacralizado. La Fátiha, que es para nosotros el equivalente al Padre Nuestro para los cristianos, es una plegaria muy cósmica porque se hace de pie como un árbol, arrodillado como un hombre y prosternado como una piedra. Se toma en las manos la creación entera para ofrecerla en nombre de la humanidad. Es la única plegaria que se hace de pie, la única que se dice en plural. Es la primera que se dice al oído del recién nacido y la última que se murmura al moribundo. Acompaña todas las circunstancias un poco graves de la vida. Y cuando se la termina, se vuelve la cabeza a derecha e izquierda y se pide la paz sobre el mundo.
El beduino en su desierto reconoce la hora de la plegaria mirando las sombras, la fecha del Ramadán está condicionada por la luna... Diría que la plegaria en el Islam es una misa al diapasón de un cosmos sacralizado.
No siempre es fácil por el hecho de que no hay antropomorfismo posible. Es más fácil contemplar el rostro del Cristo que estar solo de cara a lo Absoluto.
...
¿Qué vemos en el Islam actual, como a lo largo de toda la historia? Es una religión intolerante, violenta, con conversiones forzadas. Una religión apremiante, puritana al extremo y que reduce a las mujeres a la esclavitud. Esa es, al menos, la idea que la mayoría de la gente se hace aquí en nuestro país. ¿Están completamente equivocados? En otras palabras, me gustaría que me respondiese por adelantado a todo lo que la gente va a decir, y en particular a aquellos que nos acusarán, a usted y a nosotros, o de actuar de mala fe, o de ser unos inocentes y de vivir en una nube rosa.
E.V. Es muy importante. Déjeme volver a Iqbal, cuyos ancestros eran brahmanes y que nació en el Pundjab de padres musulmanes. Comenzó a estudiar filosofía en la India, después en Alemania y en Inglaterra. Sus estudios fueron tan brillantes que algunos de sus maestros tradujeron ellos mismos algunas de sus obras. Es así como Nicholson tradujo su Mysteries of the Self. Iqbal no pretendía aportar un mensaje personal. Él quería solamente exponer la concepción que se puede hacer del Islam un musulmán moderno. Escribió:
“El Islam no enseña la renuncia al mundo de aquí abajo, sino que condena el apego al materialismo. Estima que el hombre puede aspirar al bienestar en esta vida y al bienestar en el más allá.”
En El Ala de Gabriel, escrita al final de su vida, Iqbal intenta mostrar que la conciencia del sí mismo y la acción son los dos polos esenciales. Él quiere que su filosofía tenga una aplicación en el orden de lo humano y que sea de alcance universal...
Perdónenos, pero eso no responde a la pregunta que le hemos hecho. Se la acusará de describir un Islam absolutamente ideal y no el Islam tal como se vive y practica.
E.V. Tiene razón, pero ¿No se puede decir la misma cosa de todas las religiones? Cierto, el Islam tal como se ve desde el exterior parece no estar a la altura de sus principios, pero ¿No pasa lo mismo, por ejemplo, con el Cristianismo? ¿No es su tarea la de transmitir un mensaje de amor y paz universal? Entonces se puede hablar del Cristianismo en sus principios, del Cristianismo de los místicos y santos auténticos, pero se puede hablar también de la intolerancia, de la masacre de los Cátaros, de la de San Bartolomé y de los integristas de hoy en día.
Como no hacemos un estudio sociológico, debemos basarnos en los principios. Y los principios del Islam, como aquellos del Cristianismo, hacen una llamada al amor, a la ternura y al universalismo.
¿Podría darnos ejemplos?
E.V. Hablemos si quieren de la suerte de la mujer en el Islam.
...
En el Cairo, las estudiantes indonesias eran mucho más libres que las estudiantes libanesas, sudanesas e incluso que las argelinas. Es evidente que la sociología magrebí no es en general muy feminista pero ¿Creen que es muy diferente de la sociología de Sicilia o de Cerdeña? La ‘mamma’ italiana con sus innumerables chiquillos y su pañuelo negro en la cabeza ¿Es en realidad tan diferente de la ‘mamma’ de África del Norte
Creo que hay que comparar las cosas comparables, las clases sociales comparables, los medios culturales comparables. Una catedrática de Derecho del Cairo es tan diferente de una campesina cabileña como una catedrática de Derecho de Milán lo es de una campesina de lo más recóndito de Sicilia. Además, si nos sumergimos en estas comparaciones sociológicas, no saldríamos nunca.
En mi opinión, no es que el Islam esté esclerosado o que esté rezagado. Son las sociologías las que no avanzan. Hay en el derecho musulmán, por citar un caso concreto, cantidad de posibilidades concedidas a las mujeres y que tienen perfecto derecho a utilizar y hacer incluir en su contrato de matrimonio. Es verdad que, a menudo, no lo hacen...
¿Por ejemplo?
E.V. Por ejemplo, aunque ellas sean encerradas en un asilo de enajenadas, su marido no tendrá derecho a tomar una segunda mujer. Está escrito con pelos y señales. La desgracia es que, en los medios poco evolucionados, no se conoce el derecho y las posibilidades que ofrece. El gran shaij de Al-Azhar me dijo un día: “Me gustaría que enseñase a nuestras hijas a estar un poco más al corriente de sus derechos. Seguramente serían más felices”.
Sufren, por desgracia, el peso de las costumbres, de las supersticiones, de las tradiciones que existen y que son también apremiantes, en los pueblos perdidos de Grecia, del sur de Italia o de España. El mundo mediterráneo es así.
Lo que hay que ver es lo que se encuentra en los textos.
Usted no puede, sin embargo, impedir que en una época en la que se habla un poco a tontas y a locas de la ‘renovación’ del Islam, ya sea en Irán, Argelia y quizá mañana en Marruecos, sin hablar de Arabia Saudita, usted no puede impedir, digo, que en el espíritu de la gente, esta ‘renovación’ del Islam se relacione con una mayor intolerancia, con violencia, integrismo y esclavitud de las mujeres.
E.V. Desgraciadamente es así, pero tengo que repetir, porque muchos no quieren entenderlo, que es un problema de sociología. Ustedes ven unos hechos que son religiosos en apariencia pero que, en realidad, no tienen nada que ver con lo esencial de la religión.
...
Dejemos los problemas sociológicos y volvamos al texto. En la legislación islámica la mujer no es considerada como un ser inferior. Cuando el Corán habla de los derechos fundamentales, dice siempre: “los creyentes y las creyentes... los musulmanes y las musulmanas...”. La mujer tiene sobre su marido los mismos derechos que el marido sobre su mujer.
No en lo que se refiere a la herencia
E.V. Es verdad; la herencia de la hermana es sólo la mitad de la que corresponde al hermano. Recuerdo que, al principio, esto me horrorizaba hasta que comprendí por qué era así. Tenga en cuenta que no se puede sacar una prescripción jurídica de su contexto y dejarla en el aire. Hay que saber que, en el derecho musulmán, el matrimonio se hace siempre bajo el régimen de separación de bienes. Si el marido se arruina, la mujer no está obligada a contribuir. Si ella trabaja, si recibe herencias o regalos, puede hacer lo que quiera con ello. En cierta forma, es incluso más independiente que el hombre, porque es él quien está obligado a mantener a su mujer, a su hermana o a sus parientes próximos.
Por ejemplo: los padres mueren dejando una hija y un hijo. La hija no tendrá más que la mitad de lo que recibirá su hermano. Pero ella podrá disponer de su parte como quiera. No estará obligada a nada. Su hermano, por el contrario, deberá pasarle una pensión. Deberá igualmente ayudar a los otros miembros de la familia que tengan necesidad de ello. No es, por lo tanto, injusto que tenga una parte doble de la de su hermana.
Lo que usted dice quizás pueda ser valido para una sociedad tradicional, pero incluso los musulmanes viven cada vez menos en estas sociedades tradicionales. Las familias estallan en sus casas como en las nuestras y los chicos son sin duda mucho menos solidarios que sus familias de antaño. En estas condiciones ¿Esta ley sobre la herencia, justa en principio, no sería injusta en la práctica?
E.V. Hace algunos años, cuando representaba a Francia en un seminario sobre pensamiento islámico, hice esta pregunta a tres eminentes juristas: al hijo de Iqbal, que es presidente del Tribunal Supremo de Lahore, al maestro Ben Djelloun que era decano del Colegio de Abogados de Marruecos y a un muy celebre abogado egipcio.
Les dije: “Todo esto, es muy bonito. Está bien en una sociedad tradicional, pero tomemos una hipótesis de trabajo: los dos padres mueren en un accidente de coche. La hija se queda sola en el Cairo o en Argelia. Tiene un hermano que dejó la familia a la edad de 15 años y que se hizo rico porque se instaló en Chicago donde se casó con una millonaria. Después de mucho tiempo, no da señales de vida. ¿Le enviarían ustedes el doble de la parte de la herencia y dejarían a la chica morir de hambre en Argelia o en el Cairo?”
Los tres estuvieron de acuerdo en responder que sería una iniquidad y que un versículo del Corán no puede provocar una iniquidad. En el plano práctico, no pudiendo abrogar un versículo del Corán, se sentirían obligados a enviar al hermano el doble de la parte de la hermana, pero esta parte no la enviarían más que acompañada de un acuerdo estipulando lo siguiente: el hermano no podría tocar este dinero más que a condición de comprometerse a ingresar todos los meses una pensión alimenticia para su hermana. Es justo y es perfectamente conforme al espíritu del Corán.
El derecho musulmán es un derecho apasionante porque, como en el inglés, los jurisconsultos tienen una gran libertad de interpretación. Existe, claro está, el riesgo de que el juez sea limitado de entendimiento pero nada es perfecto bajo el sol.
...
Pero me parece que hablamos demasiado de sociología pues, lo repito, todas estas cuestiones: el velo, la herencia, la poligamia, las lapidaciones.. son problemas sociológicos que no tienen nada que ver con el Islam en su profundidad, con ese Islam de los místicos y de los santos al que he consagrado mi vida.
Entre estos místicos y santos hubo muchas mujeres que tuvieron a menudo numerosos discípulos: la hija de Sultán Valad, por ejemplo, y otra mujer de Konya, ‘Arifa Hosklika. Y después vino la más célebre de todas, Rabi‘a.
Ésta me encanta particularmente porque estaba llena de amor y humor. ‘Attar habló mucho de ella en El memorial de los santos. Fue también una mujer de buen sentido como lo testimonia la respuesta que dio a un hombre que vino a acusarse ante ella de haber cometido numerosos pecados. “Si me arrepiento, —le pregunta él— ¿Dios se volverá a mi?”. “No, —le respondió ella— pero si Él se vuelve a ti, tú te arrepentirás”.
Vivió en el siglo IX y fue la primera gran sufí del Islam. Era una antigua cantante, no una cortesana como se ha dicho a menudo, sino más bien un poco como una geisha. Fue esclava, pero su señor la liberó después de haberla oído orar. Ella escribió bellos poemas, algunos de los cuales han sido traducidos por Massignon.
Ella me hace pensar a menudo en Teresa de Ávila. Recuerdo esa historia en la que un día Teresa viajaba, para visitar uno de sus monasterios, en uno de esos horribles carricoches de antaño. Pasó por un vado y cayó al agua; estaba empapada hasta los huesos y dijo al Señor: “Si es así como tratáis a vuestros amigos, comprendo que tengáis tan pocos”.
Rabi‘a expresó un día el mismo sentimiento. Estaba en su pequeña celda y había decidido ayunar todo el día. Sobre un estante, había dispuesto un bol de agua, una vela, un tazón de aceite y un trozo de pan. El trozo de pan embebido en aceite debía ser su cena para la noche, el agua debía calmar su sed y la vela le permitiría leer el Corán antes de dormirse.
Al final del día, cuando esperaba con cierta impaciencia el momento de beber y de comer, el gato saltó sobre el estante y tiró el agua que apagó la vela y mojó el pan. No teniendo nada más, ella, como Teresa, se puso a murmurar contra su Señor. Entonces escuchó una voz preguntándole: “¿Qué prefieres, mi amor o tu comida?” Naturalmente, ustedes se lo figurarán, respondió enseguida: “Vuestro amor, Señor!”.
Me gusta la familiaridad de estas dos mujeres con lo divino. Rabi‘a era muy conocida en su tiempo. Hombres célebres y grandes sufíes no sentían vergüenza en acudir a consultarla. Joinville hablará de ella, algunos siglos más tarde, diciendo que corría por las calles llevando en una mano un cántaro de agua y en la otra una antorcha encendida. El cántaro de agua, dice, era para apagar las llamas del infierno y la antorcha para poner fuego en el Paraíso.
Ella deseaba tanto que su plegaria fuese desinteresada que repetía sin cesar: “¡Oh mi Dios! Si te adoro por miedo al infierno, quémame en el infierno; si te adoro en la esperanza del Paraíso, exclúyeme del Paraíso; pero si te adoro por Ti sólo, no me escondas Tu belleza imperecedera”, realmente ella fue la primera en cantar el amor puro.
Volvemos a la Esencia.
E.V. Sí. Como todos los místicos, Rabi‘a quiso llegar a la renuncia total, al vacío, alcanzar esa pasividad de espíritu que Rumi ilustró en una ocasión con aquella parábola en la que compara cómo se dirigen a Dios los estudiantes de teología y los místicos sufíes:
“Un día —cuenta— un rey llamó a su palacio a unos pintores, venidos unos de China y otros de Bizancio. Se sobreentiende que chinos y griegos pretendían ser los mejores. El rey les encargó decorar al frescos dos muros que estaban situados uno frente al otro. Fue colocada una cortina entre los dos grupos que competían, trabajando cada uno su muro sin saber qué estaban haciendo sus rivales. Pero mientras que los chinos empleaban todo tipo de pinturas y desplegaban grandes esfuerzos, los griegos se contentaron con pulir su muro y lijarlo sin descanso. Cuando la cortina fue retirada, pudieron admirarse los magníficos frescos de los pintores chinos reflejándose en el muro opuesto que brillaba como un espejo. Todo lo que el rey había visto y admirado en el muro de los chinos parecía mucho más bello en el muro de enfrente”.
Y Rumi explica:
“Los griegos son los sufíes: no tienen estudios, ni libros, no tienen erudición. Pero ellos han pulido sus corazones y los tienen purificados del deseo, de la codicia, de la avaricia y del odio”.
Se trata siempre, en el fondo, del eterno diálogo entre el filósofo y el místico, entre aquellos que hablan de Dios y aquellos que lo viven. Un diálogo que no cesará nunca y que será siempre un diálogo de sordos. El razonamiento lógico se compara a menudo con el bastón de los ciegos. Sólo un corazón abierto puede conseguir lo esencial del Esencial y comprender en su profundidad esta maravilla dística de Rumi:
“Lo que Dios dice a la rosa
y que hizo expandir su belleza,
Él se lo dijo a mi corazón
y lo ha hecho cien veces más bello”.
El místico es ante todo, un vidente de lo invisible. Toda su vida no es vivida más que para eso.
Un día preguntaron a Bayazid qué edad tenía y respondió: “Cuatro años”. Le dijeron: “¿Cómo es eso posible?” y respondió: “Durante setenta años, este mundo me ha ocultado a Dios, pero Le he visto durante los últimos cuatro años; el plazo durante el cual se está velado no pertenece a la vida”.
...
Me gustaría que nos hablase de la peregrinación a la Meca.
E.V. He ido dos veces, para realizar la Peregrinación Mayor y para aquella que se llama una simple visita Umrra.
...
¿Cómo lo vivió usted?
E.V. Quería hacer la peregrinación desde hacía tiempo, pero una amiga muy querida no cesaba de repetir que no podía partir sola. Ella tenía una prima y un primo que se preparaban para partir pero que aún no tenían el permiso. Porque en Egipto también había problemas de visado y hacía falta solicitar la autorización del ayuntamiento. Ésta sólo era concedida a los que partían por primera vez.
Yo, que no tenía necesidad de autorización, amargaba la existencia a mis amigos telefoneándoles sin cesar y me desesperaba porque las autorizaciones no llegaban nunca. Una noche me acosté de muy mal humor diciendo a Dios: “Realmente, si tengo que hacer la peregrinación, haz lo que sea necesario”. Me dormí y soñé con un hombre que no conocía de nada. Estaba vestido como un egipcio, con un traje de rayas negras y blancas. Me dirigió una amable sonrisa y me dijo: “Sé bienvenida. Vas a partir para Medina”.
Le respondí refunfuñando: “Pero no puedo ir a Medina”. Él me sonrió nuevamente y me dijo: “Sí, ven a Medina”. Estaba por preguntarme lo que esto quería decir cuando el teléfono sonó. Era el primo de mi amiga. Me dijo: “Ya está! Tenemos la autorización. Corra rápido a la embajada de Arabia Saudita para obtener su visa.”
Ya ve, el hombre que usted vio en sueños tenía razón al predecirle que iba a ir a Medina.
E.V. Ya lo pueden decir, pues me pasó a propósito de ello una historia bastante sorprendente.
Este hombre que vi en sueños era un señor banal, pequeño, con una barbita gris. Hice mi peregrinación y lo había olvidado un poco. Algunos años más tarde, en Egipto, tuve una gran amistad con un anciano shaij medio ciego. Cuando fue operado de catarata, hice expresamente el viaje desde París para estar cerca de él. Saliendo de la anestesia, me dijo: “En fin, mi pequeña, voy a poder verte”.
De vuelta al Cairo, iba a menudo a su zawiya. Un día vi sobre el muro un cuadro tan cubierto de polvo que no lo había notado hasta entonces. Un discípulo que se encontraba allí y que era, como yo, profesor en Al-Azhar, preguntó al shaij qué era aquel cuadro. El shaij lo hizo traer, sopló por encima y, durante un instante, mi corazón dejó de latir. Era, rasgo a rasgo, el retrato del hombre que había visto en mi sueño.
El discípulo preguntó al shaij quién era y éste le respondió: “Un hombre muy amable, el guardián de la mezquita de Medina. Murió hace diez años.”
Acababa de morir cuando se me apareció en sueños.
De aquí la importancia de recordar tus sueños...
E.V. Este sí. Saben, hay dos tipos de sueños, los extravagantes y aquellos que vienen de lejos.
Me gustaría que añadiese aún algunas palabras; que nos hablase del viaje interior que representa la peregrinación. ¿Cómo lo vivió y qué le aportó?
E.V. Tienen que haberse dado cuenta que no me gusta hablar de mis sentimientos profundos. Lo que puedo decir, sin embargo, es que tuve la sensación de una comunión extraordinaria. El sentimiento de ser una célula de un cuerpo inmenso, la abeja en la colmena, el glóbulo en el flujo sanguíneo. Es también una toma de conciencia asombrosa. La certeza de una gran fraternidad que une a millones de hombres y mujeres orando de la misma forma, orientados en la misma dirección. Un poco, aunque más fuerte, lo que se siente cuando se hace el Ramadán.
¿Es ese el Islam que usted ama?
E.V. Sí. He intentado hablar con ustedes un poco del Islam tal como lo comprendo, tal como lo viven y comprenden la gente como el shaij ben Tounès, mis amigos sufíes, y todos aquellos que tiene cierta apertura de espíritu y corazón.
Así es también ser en el Islam: tener el sentimiento de pertenecer a una comunidad física y mística.
Notas
1. High Church: Sector conservador de la Iglesia Anglicana.
2. Rabab: instrumento musical de cuerda, rabel en forma de barca, clave de la música arábigo-andaluza.
3. Weltanschauung: Concepción del mundo.
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Mujeres musulmanas intelectuales en los siglos XIX y XX: Marruecos y Nigeria

Mujeres musulmanas intelectuales en los siglos XIX y XX: Marruecos y Nigeria


30/03/2014 - Autor: Beverly B. Mack - Fuente: africaneando



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Africaneando nº 11
Africaneando nº 11

Este trabajo empezó como un estudio comparativo entre la educación tradicional de las mujeres musulmanes en el Magreb, ampliando el marco geográfico para abarcar desde Marruecos al norte de Nigeria y, de este modo, reflejar los vínculos históricos. El motivo de mi interés por esta cuestión era demostrar los lazos entre la Mauritania histórica (que incluye buena parte del actual sur de Marruecos) y las comunidades intelectuales musulmanas del norte de Nigeria, como queda plasmado en una carta escrita en el siglo XIX por la intelectual nigeriana Nana Asma’u a un intelectual mauritano, del cual ella se muestra muy informada. Estas relaciones fueron establecidas por miembros de la hermandad sufí Qadiriyya durante los siglos XVIII y XIX. Los sufís se desplazaban constantemente entre hausaland y El Cairo o Fez y después relataban algunas maravillosas visiones experimentadas por determinadas personalidades espirituales de esas metrópolis. Uthman dan Fodio (el Shehu o Shaij) mantuvo relaciones cordiales con Shaykh al-Mukhtar al-Kunti, el líder de una comunidad sufí establecida en los alrededores de Tombuctú, que también tenía visiones. La población en el Fez contemporáneo conocía la familia Fodio y fácilmente hablaba de sus numerosas obras escritas, mientras que la hermandad de la Tijjaniyya llevaba muchos fieles desde Nigeria a Marruecos. Muchos tijanis del norte de Nigeria realizaban peregrinajes a Fez, donde está enterrado el fundador, al-Tijani.
En estas conexiones subyace la importancia del norte de Nigeria en esos tiempos como
una destacada región islámica y que ocupa la mitad del país más poblado del continente
africano. Sólo en cifras, las mujeres musulmanas nigerianas ya son importantes en
cualquier análisis del islam en África. En un contexto comparativo, los logros de las
mujeres intelectuales del norte de Nigeria son muy parecidos a las de Marruecos en
términos de estructura e intención. Lo que todavía está por estudiar son los trabajos
particulares utilizados por las mujeres marroquíes que prosiguen sus estudios
avanzados en el marco de la educación tradicional islámica.

Educación islámica en el Magreb

Estudios recientes han establecido perspectivas previas sobre el papel de las mujeres en la región, en especial con respecto a la educación. La responsabilidad de las mujeres
mauritanas en la educación infantil es similar a la situación de las mujeres del norte de
Nigeria en el siglo XIX. Sigue siendo igual por las familias nigerianas de esa época,
matizado por el añadido de la educación diaria fuera del hogar, dividida entre los
estudios formales islámicos y los no islámicos. Además, al proporcionar la educación
básica para los niños que criaban, las musulmanas de ambas regiones también solían
ser maestras para adultos, además de académicas destacadas por sus conocimientos.
Las mujeres mauritanas parece que hicieron itinerarios similares a las de la familia
Fodio en el norte de Nigeria en términos pedagógicos, tanto en la educación infantil
como para adultos, al mismo tiempo que producían suficiente material pedagógico
propio para formar parte de un canon creciente de trabajos para los académicos que les
siguieron. Así, el intento de descubrir el canon de obras utilizado por las musulmanas
en el Magreb debe considerar también los materiales tradicionales que habitualmente
se estudiaban en el sistema educativo islámico. Del mismo modo, debemos centrar
nuestra atención en los trabajos producidos por estas mujeres como ayudas
mnemotécnicas para su profesión docente.
El Corán es la base para el pensamiento y la literatura islámica. Es imposible imaginar
la educación islámica sin la memorización del Corán, que empieza en la educación
infantil. El programa continúa hasta el equivalente occidental del postgrado a través de
un complejo programa de cursos. Este incluye un amplio elenco de temas como ciencias
naturales, física, historia, geografía, sociología, medicina y matemáticas, con frecuencia
en renombradas instituciones como la Universidad de al-Azhar en El Cairo y la
madrasa Qarawiyyin en Fez. Como demuestran las bibliotecas de Mauritania, los
estudios más avanzados incluían multitud de temas, como ciencias coránicas, lengua
árabe, misticismo (literatura sufí), jurisprudencia, manuales científicos (de medicina,
astrología y matemáticas), literatura general, relatos históricos (genealogías,
diccionarios biográficos, cronologías, memorias de peregrinajes), material político y
correspondencia general. En aquel siglo XIX, la colección de Nana Asma’u demuestra
un repertorio igual de amplio.
La educación islámica seguía un patrón similar en Kano a mitades del siglo XIX. En
esta ciudad del norte de Nigeria, el sistema educativo empezaba a los tres años.
Durante nueve años aprendían a escribir y recitar el Corán, memorizándolo por entero.
Después, empezaban una introducción a varios campos:
fiqh (jurisprudencia), hadith (narraciones del profeta), tawhid (unidad de la creación),
sira (biografía del profeta) y nahawu (gramática). Seguía una segunda lectura del Corán, lo que aseguraba una mejor facilidad de comprensión y pronunciación. Aproximadamente a los 20 años, los estudiantes empezaban los estudios avanzados de libros famosos, leyéndolos una vez con la guía del profesor. El dominio de una obra en particular significaba la obtención de un diploma que permitía enseñar aquella obra.

Nota:

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UCRANIA: JAQUE MATE AL REY DE CRIMEA (por Américo Díaz Núñez)

UCRANIA: JAQUE MATE AL REY DE CRIMEA (por Américo Díaz Núñez)

by tenacarlos
Desde hacía casi dos décadas, Ucrania había sido seleccionada por el imperio norteamericano como piedra de toque para desbaratar el poderío militar ruso en el Mar Negro, pues allí radica su fuerza naval más operativa todo el año, por razones climáticas. Pero, además, desde allí se protege el flanco sur de Rusia, aparentemente más vulnerable […]
tenacarlos | 29 marzo, 2014 en 08:35 | Categorías: DE OTRAS WEBS, EUROPA ORIENTAL, OPINION, TERRORISMO | URL: http://wp.me/p1glIQ-iJL
Alianza del Pacífico: Bastión estadounidense del regionalismo abierto
La crisis de deuda de la década de 1980 marcó un punto de inflexión en los esquemas de integración bajo la perspectiva cepalina (haciendo alusión a la teoría económica desarrollada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, desde 1950). De una estrategia basada en la industrialización sustitutiva de importaciones y la ampliación del mercado intrarregional se pasó a otra sustentada en las exportaciones extrarregionales impulsada por un proceso de liberalización comercial creciente que culminó con la adhesión al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por su sigla en inglés). Así, ya en la década de 1990, la Cepal hizo del regionalismo abierto la doctrina para la “transformación productiva con equidad” con fundamento teórico en el equilibrio walrasiano-paretiano: máxima optimización de los recursos con base en las señales del mercado de libre competencia.
El planteamiento central de la Comisión consistía en hacer compatibles las políticas de integración regional (acuerdos preferenciales) con las de apertura (libre flujo de bienes, servicios y capitales) para aumentar la competitividad. Sin embargo, este enfoque omitió nociones elementales de poder y conflicto, tópicos fundamentales para comprender la dinámica de las relaciones económicas internacionales bajo el capitalismo: eliminó de facto el dilema del desarrollo en un mundo económicamente interdependiente y jerarquizado; hizo abstracción del contexto económico de la etapa (mundialización del capital dirigida por empresas trasnacionales); y suprimió el análisis de los efectos de la integración sobre el capitalismo periférico. En suma, la concepción desarrollista de integración se transformó en un mecanismo de subordinación al mercado mundial abandonando así sus funciones como instrumento compensatorio de las tensiones de la industrialización periférica en curso.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ejemplifica claramente este giro. Para México, según la Cepal, el TLCAN permitió “un acceso más estable a su principal mercado [Estados Unidos], reforzó la credibilidad de sus políticas y garantizó la incorporación del país al proceso de globalización” (Cepal, El regionalismo abierto en América Latina y el Caribe, 1994,http://bit.ly/1kjTjST). Luego de 20 años de su entrada en vigor, la prospectiva cepalina quebró: la recuperación estadounidense tras la crisis de 2007-2008 permanece incierta, y con ello su “efecto de arrastre” sobre la economía mexicana; la “credibilidad política” (equilibrio fiscal, control de la inflación, contención salarial, etcétera) derivó en una distribución regresiva del ingreso y, finalmente, la “incorporación a la globalización” quedó reducida a la emigración masiva de mano de obra hacia Estados Unidos y la extranjerización de la planta productiva.
Iniciado el nuevo milenio, Washington intentó consolidar el libre comercio para el conjunto de América Latina a través de un “TLCAN ampliado”: el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Si bien la iniciativa estadounidense logró frustrarse en Mar de Plata, Argentina, en 2005, como resultado de una fuerte oposición popular y el ascenso de gobiernos de centro izquierda, Estados Unidos se abrió paso con la firma de acuerdos de libre comercio bilaterales con Centroamérica y el Caribe y sumó varios aliados en Suramérica. En este sentido, la Alianza del Pacífico (lanzada en Lima, Perú, en abril de 2011) que integra a Chile, Colombia, México y Perú, constituye hoy una especie de mini-ALCA y la continuidad del regionalismo abierto. En el plano económico, representa el 35 por ciento del producto interno bruto, 50 por ciento del comercio y 41 por ciento de la inversión extranjera de América Latina. En agregado, las cuatro economías constituyen la octava economía mundial y la séptima potencia exportadora. En el plano geopolítico, el bloque se amolda bien a los intereses estratégicos estadounidenses: hace avanzar de otra forma el libre comercio con las Américas; disputa hegemonía regional con otros procesos de integración (la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, el Mercado Común del Sur, la Unión de Naciones Suramericanas, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, etcétera); y articula una estrategia subregional con gobiernos neoliberales afines para hacer frente al desafío económico chino a través de su apéndice global, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés).
En febrero de este año, bajo el marco de su VIII Cumbre, la Alianza del Pacífico concretó la eliminación arancelaria sobre el 92 por ciento de los bienes y servicios, y la adhesión de Estados Unidos en calidad de nuevo Estado observador junto con 13 países, sumando un total de 29. Adicionalmente, Costa Rica acelera los trámites para ingresar como miembro pleno y no se descarta que Washington pueda hacerlo en breve. Con todo, el éxito de la Alianza no está asegurado. El regreso de Michelle Bachelet a la presidencia de Chile y su deseo de “recuperar” las relaciones con Brasil y Argentina (miembros del Mercado Común del Sur), “revisar exhaustivamente” el TPP y “reforzar” sus vínculos con China (Xinhua, 12 de marzo de 2014) podría poner en cuestión los términos de la Alianza y acotar las ambiciones económicas y geopolíticas de Estados Unidos en la región.
Texto preparado para la Revista Contralínea. Disponible en Web: http://bit.ly/1hTu9YO
Ariel Noyola Rodríguez es miembro del Observatorio Económico de América Latina del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.