4 de cuarta
En los casi 20 meses del sexenio de Andrés Manuel López Obrador se distinguen, entre otras, cuatro grandes incongruencias. Coinciden con promesas lucidoras y rentables para el discurso, esas que se remontan a la época de campaña en la que el tabasqueño estuvo arriba en la intención del voto de principio a fin para ganar las elecciones de 2018.
La primera de 4, es el combate frontal a la corrupción. Bandera del gobierno de AMLO, ¿quién podría cuestionar este compromiso? producto de excesos insultantes en gobiernos anteriores, el uso de dinero público ha sido la gran falla humana y debilidad de diversos funcionarios públicos. A pesar de la convicción presidencial, diversos personajes de muy dudosa calidad moral se mantienen en el primer círculo de López Obrador. ¿Cómo creer que existe una convicción anti corrupción, cuando Ana Guevara se mantiene en la Conade a pesar de estar presuntamente involucrada en escándalos que tienen sustento jurídico o se declina investigar de forma creíble a Manuel Bartlett Díaz por su amplio abanico de propiedades sobre las que quedan pendientes explicaciones serias y detalladas? Otro dato que evidencia falta de rigor en el combate a la corrupción es el que indica que durante el primer semestre de 2020 cerca de 77% de los contratos de adquisiciones del Gobierno Federal se han dado por adjudicación directa, es decir sin licitar.
La segunda de 4, es el ofrecimiento de pacificar al país y disminuir los alarmantes índices de violencia. Es evidente que el gobierno ha sido rebasado y la inseguridad es incontrolable. Según datos oficiales de enero a junio de este año se cometieron 17 mil 982 homicidios dolosos, un promedio de 96 por día, en el país. Los llamados a los abrazos y los regaños maternales son una broma de mal gusto; es notoria la incapacidad de Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad que no puede con esa responsabilidad y tampoco entregará resultados que mejoren el panorama en lo que resta del sexenio.
La tercera de 4, deriva de la pandemia, que exhibe las insuficiencias y mensajes contradictorios de la administración federal. Con la curva estadística de contagios exponenciales, se manda a la gente a la calle para convertir a México en uno de los países con mayor impacto en fallecimientos con la proyección de sumar casi 50 mil antes de comenzar agosto. Los errores son el signo de las decisiones en el sector Salud, ni hablar de los semáforos que sólo alentaron la irresponsabilidad social en pleno foco creciente de infecciones. En campaña se dijo que el pueblo tendría mejores servicios médicos, se suprimió el seguro popular, se desmanteló la atención en hospitales públicos para los más desprotegidos en el peor momento.
La cuarta de 4 es una mezcla de múltiples incongruencias en la estrategia económica y energética. Se ofreció crecimiento económico al 4% anual en promedio, disminución del desempleo y políticas de bienestar en las que la prioridad serían los pobres. Antes del colapso económico de la pandemia, la decisión de cancelar el aeropuerto y la insolvencia de Pemex provocaron una pérdida de confianza que derivó en la caída en picada de nuestros grados de inversión por parte de las calificadoras de riesgo más reconocidas del mundo. La política energética combate las energías renovables y el gobierno prefiere quemar carbón para producir electricidad, atacar la inversión de empresas que utilizan sol y viento para poner a nuestro país a tono con la tendencia mundial de combate al calentamiento global. La crisis económica y la falta de solidaridad con las empresas que intentan salir adelante, dan como resultado un desempleo alarmante e irremediablemente más pobres, cuando se dijo que ellos serían los primeros.
Ante esta serie de hechos comprobables y ciertos, se pretende distraer nuestra atención con los señalamientos de Emilio Lozoya Austin, cobijado por el manto presidencial. El circo mediático del exdirector de Pemex y el avión presidencial, intenta nuevamente subestimar la inteligencia colectiva de un país que sigue esperando la transformación que no llegará en este sexenio.
EDICTOS
Las 4 renuncias notablemente congruentes de funcionarios de alto nivel que expresamente hicieron públicos sus motivos, tienen un denominador común que se llama dignidad. Germán Martínez Cázares, Carlos Urzúa, Asa Cristina Laurell y Javier Jiménez Espriú fueron más allá de los automáticos motivos personales, expresaron en sus textos argumentos concretos que los llevaron a dejar el equipo presidencial.

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