Grandes temas generales
Chiitas contra sunitas, una estrategia en Medio Oriente
La pertenencia a una u otra rama del Islam condiciona la concepción del Estado y de las relaciones Internacionales
Los chiitas vuelven a enfrentarse con los sunitas. Una vieja querella del siglo VII por la sucesión del Profeta Mahoma regresa con fuerza a la primera página de los medios de comunicación árabes e islámicos. Aquel enfrentamiento original de la chi’at Ali, los partidarios de Ali, que en su origen no tenía nada de teológico ni cultual y se limitaba a reivindicar la sucesión para la ahl el Beyt, la casa, la familia de Mahoma, resurge en el presente revestido de una presentación que imputa a Irán la ambición de reconstruir el antiguo Imperio persa y a los chiitas un afán de proselitismo religioso que en el día a día y sobre el terreno no resulta tan evidente.
Lo que ocurre, al menos en los medios de comunicación, en el ciberespacio y en las preocupaciones de algunos regímenes árabes sunitas, no es una ficción al estilo de El código da Vinci de Dan Brown, ni un guión para una película de Hollywood. Es mucho más.
Todo parte de la polémica originada por el jeque egipcio Yussuf el Qaradaui, quien a principios del pasado mes de Septiembre dijo que los chiitas son «musulmanes herejes peligrosos armados con millones de dólares y dirigidos por cuadros bien entrenados que intentan invadir con misioneros a las sociedades sunitas».
Por la autoridad de Qaradaui, Presidente de la Unión Mundial de Ulemas Musulmanes (sunitas), y por lo tanto máximo portavoz del sunismo, las declaraciones tuvieron una gran repercusión y dieron lugar a reacciones diferentes que aún no han cesado. Qaradaui, que vive desde hace años en Qatar, en cuya influyente cadena de televisión Al Jazeera es uno de los comentaristas religiosos más escuchados, tiene asimismo, como otros muchos ulemas (teólogos) e imames sunitas y chiitas, un sitio web muy visitado.
La primera respuesta a Qaradaui vino de Irán, el país directamente aludido como promotor de ese proselitismo chiita que el jeque Qaradaui denunciaba. El ayatolá Mohamed Taskhiri, vicepresidente de la Unión de Doctores Musulmanes, dijo a la agencia iraní de noticias Tabnak, próxima a los Guardianes de la Revolución, que esos comentarios de Qaradaui constituían «una conspiración calculada contra los chiitas iraníes».
Otro importante clérigo chiita, el ayatolá Mohamed Hussein Fadlalah del Libano, añadió que Qaradaui estaba instigando a la fitna (desorden) o a la guerra civil. Pero esas críticas no moderaron los ímpetus del jeque Qaradaui. Al contrario, Qaradaui respondió desafiante: «No me importa lo que digan. Mis declaraciones fueron una respuesta dictada por mi conciencia, mi religión y mi sentido de la responsabilidad… Lo que intento es prevenir la amenaza antes de que sea tarde». Luego agregaría que «La presencia de chiitas en Irak y el Líbano es la mejor prueba de inestabilidad». Dos años antes Qaradaui había sugerido ya que los chiitas estaban usando a la orden mística de los sufís como cobertura para penetrar en las sociedades sunitas.
En el año 2008 ha estallado la crisis económica y financiera internacional más importante de las últimas ocho décadas que debería dar lugar a un nuevo y siempre difícil orden internacional. Es por ello que, como afirman varios analistas, en lo que concierne al conflicto palestino-israelí, los países y las sociedades ni siquiera se interesan ya por las peripecias del llamado proceso de paz porque no existen expectativas en él. A lo largo de 2008 la mayoría de comentaristas árabes e internacionales han coincidido en que la salida a la ocupación de Irak de abril de 2003 traerá problemas más graves que aquellos que pretendía solucionar.
Desde 2006 se habla de un posible ataque israelí y/o norteamericano contra las instalaciones nucleares iraníes y de las posibles consecuencias internacionales que tendría. Desde el pasado noviembre el mundo entero espera los primeros signos de apaciguamiento de la nueva administración norteamericana en la esperanza de que marque distancias claras con la anterior republicana de Georges Bush.
A pesar de todos esos factores objetivamente más relevantes que una polémica que cuesta trabajo saber si lo es realmente, el año 2008 va a terminar, sobre todo para la opinión pública árabe musulmana, centrado alrededor de ese hipotético enfrentamiento entre sunitas y chiitas, las dos sectas principales del Islam, por algo que en verdad es no una competencia confesional o misionera sino sobre todo una pugna por la hegemonía y el control del mundo musulmán y de los posibles posicionamientos de éste frente a Occidente.
Importante minoría
¿Estamos ante un problema real? ¿Cuáles son las claves para entenderlo y contextualizarlo? La pregunta no tiene nada de extraña porque una de las inseguridades que se añaden por meritos propios al concepto moderno de seguridad, junto a seguridad militar, seguridad civil, seguridad alimentaria, seguridad medioambiental, seguridad cultural, y otras, es la seguridad de la información. Es decir, el derecho de la sociedad de recibir información veraz de las instituciones, sobre todo de los gobiernos, de las empresas, de las asociaciones, de los periodistas, y de todos los centros productores de información. Esta cautela es válida también para el despliegue informativo actual sobre la polémica chiitas-sunitas.
¿Cuáles son los datos confirmados de esa querella? En primer lugar las declaraciones del jeque Qaradaui, que él mismo explicó y detalló posteriormente en una entrevista concedida en La Meca, en los últimos diez días de Ramadán, al diario internacional saudí Ach Chak el Aussat. Por su interés conviene volver sobre ella in extenso más adelante pero primero hay que recordar dónde están los chiitas del mundo para imaginar posibles repercusiones a un enfrentamiento que es de esperar que no tenga lugar.
Aunque las estadísticas disponibles sobre el número de chiitas en el mundo varían considerablemente de unas fuentes a otras, o son atrasadas, lo cierto es que en numerosos países lo chiitas constituyen porcentajes importantes de la población. Son mayoría en Azerbaiyán (75 por 100), Bahrein (61,4 por 100), Irán (93,5 por 100) Irak (62,5 por 100) y se encuentran en porcentajes de población considerables en el Líbano (41 por 100) Yemen (47 por 100) y en menor proporción en Kuwait (30 por 100) Pakistán (20
por 100) en donde el estado mismo fue fundado por el líder chiita Ali Jinnah, Siria (15,3 por 100), Turquía (20 por 100) Emiratos Árabes Unidos (16 por 100), Siria (15,3 por 100) y otras varias regiones, incluída Europa, Asia, América y África aunque en porcentajes de población inferiores a los mencionados.
Según quienes los cuenten el número de chiitas en el mundo se sitúa en una horquilla que va desde los 120 millones a los 250 millones, o sea desde el 12 al 20 por 100 de la población estimada total de musulmanes en el mundo. Se trata de una secta que dista mucho de ser homogénea y que a lo largo de la historia no ha actuado necesariamente por solidaridad sectaria, aunque el 80 por 100 de los chiitas se declaren duodecimanos que esperan el regreso del duodécimo Imám Muhammad al-Mahdi, oculto desde el año 874. El resto de chiitas aguarda ya sea el regreso del séptimo Imám, como los ismaelitas, o del quinto Imám como los zaiditas.
Pero si en lo confesional no existe demasiada solidaridad entre chiitas, es cierto que la mayor parte de las poblaciones musulmanas, chiitas y sunitas, se sintieron muy motivadas y solidarias de Irán al triunfo en 1979 de la revolución que encabezó el Imam Jomeini.
Al igual que la intervención de los regímenes sunitas en la guerra de 1980 de Irak contra Irán desembocó en una radicalización del sunismo que condujo a la aparición de Al Qaeda, numerosos comentaristas árabes y occidentales han coincidido en señalar que la intervención Norteamericana en Irak a partir de 2003 ha tenido ya un efecto secundario contrario al esperado. Ha reforzado considerablemente al mundo chiita y ha convertido a los chiitas en árbitros del futuro político o futuro sin más de Irak. Pero no solo ha reforzado al chiismo político, sino al radicalismo musulmán en general. El mundo es ahora más inseguro después de la invasión de Irak, según coinciden en afirmar numerosos analistas.
Para muchos musulmanes Irán es el único país musulmán que resiste a Occidente
Con razón o sin ella los musulmanes de a pié, chiitas y sunitas, creen que Irán es el único país musulmán de Oriente Medio que en la actualidad resiste realmente a Occidente, que el Hizbulá que dirige el clérigo chiita de 49 años Hassán Nasrallah, es la única organización que ha conseguido derrotar a Israel, y que la Hamas o Yihad Islámica palestinas son las únicas organizaciones que aún se enfrentan a Israel en los territorios palestinos.
La percepción de esa victoria de Hizbulá sobre Israel, muy discutible por cierto por el elevado precio pagado por el Líbano, parte del convencimiento de que Israel no pudo doblegar a Hizbulá durante la guerra del verano de 2006. El prestigio de Nasrallah y de Hizbulá desde entonces, amplificado por la influyente cadena de televisión de Hizbulá, Al Manar, y por la qatarí Al Jazeera, es enorme en todo el mundo musulmán.
Pero la percepción popular sunita y chiita de la ocupación de Irak es en general muy negativa. El ex embajador español en Irak, Ignacio Rupérez, en un libro aparecido este año titulado Daños Colaterales. Un español en el infierno iraquí lo expresaba así en su libro dice: «A Irak se le quitó el Estado… El poder se ha fragmentado y envilecido…Cuesta imaginar cómo y cuándo podrá reconstruirse Irak espiritual, física y socialmente… Las maldades de Sadam Hussein han pasado a un segundo plano, no tanto por lo que hicieron el sátrapa y sus amigos, sino por lo que han hecho quienes vinieron después… El mundo se ha vuelto más inseguro desde la invasión y ocupación de Irak».
En cifras puras y duras, unos 96,976 iraquíes habían muerto a finales de octubre de 2008, según las estimaciones más conservadores de la organización británica Irak Body Count desde el inicio de la guerra. De acuerdo con datos del Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados UNHCR los iraquíes desplazados internamente en Irak a principios de 2007 eran 2,256.000. Fuera de Irak los refugiados iraquíes son 1.400.000 en Siria, casi 750.000 en Jordania, 200.000 en los países del Golfo, 70.000 en Egipto, 57.000 en Irán, 40.000 en el Líbano, 10.000 en Turquía, además de 36.200 en Alemania, 22.000 en el Reino Unido, 23.600 en Suecia, etc.
Aunque se habla desde 2006, es decir después de la elección del muy radical Mahmud Ahmadinejad a la Presidencia de Irán en 2005, de un ataque de Israel y/o Estados Unidos contra Irán, ese ataque no se ha producido. En el último trimestre de 2008 tan lleno de malas noticias se vuelve a pensar sin embargo en la posibilidad de que ese ataque contra Irán tenga lugar.
Un destacado periodista israelí líder de opinión, que participó en un encuentro de periodistas israelíes, palestinos y españoles convocado por la Fundación Tres Culturas en octubre en Sevilla, dijo que creía que Israel atacaría a Irán en el primer semestre de 2009. En ese primer semestre Israel ya tendrá el gobierno que ahora no pudo formar la presidenta del partido Kadima Tzipi Livni, que no quiso aceptar las condiciones que le exigían los ultra ortodoxos del partido Chas, y los electores iraníes habrán confirmado probablemente a Mahmud Ahmadinejad para otro período presidencial en el que probablemente tendrá que ejercer el poder con mayor moderación.
La mayor esperanza está puesta en que la nueva presidencia en Estados Unidos sea menos mesiánica que la anterior. Un analista tan cualificado de la política interior iraní como Kamal Nazer Yasin, del International Relations and Security Network de Zurich, escribía recientemente que el descontento en Irán con el Gobierno de Ahmadinejad ha crecido notablemente; que la inflación, según datos del Banco Nacional de Irán, supera el 19 por 100; que el alza de precios del petróleo no se ha traducido en mejoras de las condiciones de vida de la ciudadanía; que Ahmadinejad ha conseguido enfrentarse con parte del influyente clero y de la clase política, que incluso el Líder Supremo Ali Jamenei le ha criticado, y que el «negociador nuclear» iraní Ali Larijani, que ostenta el importante cargo de portavoz del Parlamento, ha intentado limitar los abusos de poder del Presidente.
Las pasadas elecciones legislativas de 2007 puede que sean un anticipo de un cambio de tendencia y en el nuevo parlamento inaugurado en mayo pasado los diputados que apoyan a Ahmadinejad se han reducido a unos 50 mientras que los partidarios de los reformistas superan los 80. No obstante, señalaba Kamal Nazer Yasin, nadie parece estar considerando seriamente la posibilidad de que Ahmadinejad tenga que dejar la Presidencia después de las elecciones presidenciales de 2009 porque nadie en Irán está en condiciones de movilizar como él al ejército de jóvenes derechistas iraníes, los jóvenes «basijis» militantes de base del fundamentalismo religioso.
En este contexto ¿qué significado tienen las acusaciones del jeque Qaradaui contra el proselitismo chiita en zonas tradicionalmente chiitas? Dejémosle hablar por sí mismo. «Todo lo que les puedo decir» (a los chiitas), respondía al Qaradui en una entrevista concedida al diario saudí Ach Chark el Aussat publicada el 28 de septiembre de 2008, «es que no invadan mi país. Mi país es sunita y ustedes (los chiitas) no tienen porqué diseminar su secta en mi país, porque si lo hacen tendré que defender a mi secta y decir que vuestra secta no vale nada, y tendré que pregonar que ustedes están diseminando el mal en la tierra del bien».
Repercusión en el Magreb
«Se rumorea que Irán intentará utilizar a esos convertidos al chiismo para desestabilizar a algunos estados si Israel o Estados Unidos le atacan», le preguntaba el periodista, a lo que el-Qaradaui, que en alguna ocasión ha sido llamado el Papa de los sunitas respondía: «Los chiitas del Líbano se ven más próximos a Irán que a sus hermanos libaneses. Un egipcio que se encontrase en ese caso comenzaría a sentir su filiación con Irán. Eso es algo que no puedonegar. Irán no es un país corriente; es un país de sueños y ambiciones de un Imperio como el Imperio persa. Eso se mezcla con una tendencia sectaria chiita y un fanatismo que tenemos que tener en cuenta si queremos mirar a este asunto objetivamente».
Sea cual sea la entidad que objetivamente tiene esta polémica entre chiitas y sunitas, lo cierto es que ha alcanzado a numerosos países árabes, y en todos se mira con lupa la presencia o el comportamiento de los chiitas. Por citar solo a los países del entorno de España, en Marruecos Driss Hani, entrevistado varias veces por la prensa marroquí, es presentado como la cabeza visible del chiismo.
En un interesante artículo, el periodista del semanario Tel Quel, Chadwane Bensalmia, escribía que esa corriente chiita marroquí se hace visible en el interior del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) la segunda fuerza en número de diputados en la Cámara baja. Según Bensalmia el grupo Al Yaqadha ua al Fadila (Despertar y Virtud) constituye la corriente chiita dentro del PJD, algo que fue no obstante desmentido por Saad Buaachrin, miembro de ese movimiento. Bensalmia señalaba que Driss Hani tuvo una columna en el periódico Al Asr, órgano de prensa del PJD, y que otras organizaciones como At Tawasul de Alhucemas, Al Inbiaat de Tanger y Ghadir de Mequinez son feudos del chiismo marroquí.
La intervención estadounidense en Irak refuerza a los chiitas y los convierte en árbitros del futuro país
El ministro marroquí de Asuntos Religiosos, Ahmed Toufiq denunciaba ante la televisión «la infiltración en Marruecos de ideas que perturban a las buenas gentes» mientras que a finales del mes de Ramadán el pasado septiembre el rey Mohamed VI anunciaba la creación de un Consejo de Ulemas para la emigración en el cual se preveía que participaran Abdesalam Ghazuani, imán de Bilbao y Abdelhamid Lahmidi, imán de Figueres.
Asimismo y durante el pasado mes de Ramadán Marruecos envió a 176 predicadores, de ellos 9 mujeres, para atender a las comunidades de marroquíes expatriadas. Se repartieron por las mezquitas principales que sirven a los marroquíes expatriados, entre ellas 7 mezquitas españolas. Como resultado de esa experiencia, y según la prensa marroquí, el rey Mohamed VI parece convencido ahora de la necesidad de garantizar una presencia permanente de esos predicadores oficiales.
Pero tampoco Argelia ha escapado a las apreciaciones del jeque Qaradui quien dijo que ese país es objeto de una «penetración del chiismo instigado por Irán». El embajador de Irán en Argel visitó la redacción de los periódicos que se habían hecho eco de esas declaraciones aunque en realidad fue el ministro de Asuntos Religiosos de Argelia quien primero dijo que «la comunidad chiita en Argelia no existe».
Lo que sí parece existir y con fuerza, en Argelia y otros países árabes, es una penetración de salafismo (el culto de los antepasados) de inspiración sunita saudí y de Al Qaeda, como ya se ha informado en esta revista. La prensa argelina y en particular el periódico La Liberté, se han asombrado de la importancia creciente que adquieren las fatuas (prescripciones de carácter moral sin valor legal) que emiten los teólogos y jeques. El periódico señalaba su sorpresa por la creciente tendencia de los jóvenes argelinos a buscar consejo y bendición de esos teólogos tanto para casarse como para comprarse un piso o un coche, para emigrar al extranjero o para cualquier acción relevante en sus vidas.
El caso del jeque marroquí Mohamed Maghraui, que en septiembre emitió una fatua considerando lícito casar a las niñas a partir de los nueve años causó una gran conmoción en ese país donde esa fatua está, en flagrante oposición al Código de Familia aprobado en 2004 bajo los auspicios del rey Mohamed VI que establece la edad mínima requerida por la ley para el matrimonio en 18 años; es una muestra de la perversión que pueden causar esas disposiciones de los teólogos a la credibilidad de las legislaciones en vigor, y de la influencia que pueden tener en el sistema judicial a la hora de aplicar unas leyes que al menos los jueces más conservadores no comparten.
Estrategias de confrontación
Otros jeques sunitas marroquíes, como el famoso predicador Abdelbari Zemzami, o Abdalá Guedira, presidente del Consejo de Ulemas de Rabat, han llamado la atención sobre los peligros que según ellos representa la distribución por todo el país de libros religiosos y DVD chiitas prácticamente regalados. Guedira, por ejemplo, consideraba que tales publicaciones atentan contra la pureza de la fe en Marruecos y afirmaba que el chiismo es peligroso para Marruecos a la par que entendía que es lamentable que cada vez más jóvenes marroquíes simpaticen con Irán y que «el modelo» de la revolución islámica iraní siga seduciéndoles.
Lo más curioso de esa controversia entre sunitas y chiitas ha sido su extensión al ciberespacio donde después de las acusaciones del jeque Qaradaui hackers wahabitas y hackers chiitas han atacado respectivamente los sitios web de los predicadores de la secta contraria. La agencia de noticias iraní Pars denunciaba recientemente que los hackers sunitas, que han adoptado el nombre de Grupo XP tienen su sede en los Emiratos Árabes Unidos y que desde allí atacaron en Septiembre y Octubre las páginas web de unos 300 dignatarios religiosos chiitas. Cuando sus seguidores las abrían aparecían mensajes en rojo en árabe denunciando sus creencias y a los propios dignatarios chiitas. Con posterioridad jeques sunitas formularon acusaciones similares contra hackers chiitas.
Pero las controversias que forman parte del día a día en el mundo musulmán y allí donde existen comunidades musulmanas no tienen nada que ver con la controversia actual entre chiitas y sunitas. Las claves tenemos que encontrarlas en otra parte. Un artículo publicado en el número de enero/febrero de 2008 por la revista norteamericana Foreign Affairs permite acercarnos más al trasfondo verdadero de esta polémica. Sostienen los autores, Vali Nasr, profesor de política Internacional de la Fletcher School of Law and Diplomacy, y Ray Takeyh, colaborador del Consejo de Relaciones Exteriores, que la Administración Bush hizo de la contención de Irán el corazón mismo de su política Medio Oriental, como una forma de estabilizar a Irak, deslegitimar a Hizbulá, y reiniciar el proceso de paz árabe-israelí. «Washington cree», afirman, «que Teherán es responsable del aumento de la violencia en Irak y Afganistán, de las tribulaciones del Líbano, y de la intransigencia de Hamas y constata que el equilibrio de poder en la región se inclina hacia Irán y a sus aliados islamistas, por eso cree que contrarrestar la creciente influencia de Irán es necesario para la seguridad regional».
Esa estrategia fue expuesta en 2007 por el vicepresidente Richard Cheney y la secretaria de Estado Condoleeza Rice. Para los autores del artículo, Washington puso en práctica esa estrategia de dos maneras: reforzando su propio poderío en la región y esgrimiendo el espectro de una guerra, y construyendo una importante alianza contra Irán a la par que apoyaba los cambios democráticos en ese país.
«Según su propia narrativa (N: de la Administración Bush)», afirmaban los dos expertos, «los estados sunitas se le aliarán para reconstruir un Gobierno viable en Irak por temor a que el colapso del Gobierno en Irak consolide la influencia de Irán en la región. El espectro de la primacía chiita en la región persuadirá a Arabia Saudita y a Egipto para contribuir a deslegitimar al Hizbulá. De esa forma Israel y sus enemigos árabes de siempre tendrían de repente un interés común en desinflar el poder de Teherán y poner freno a la ascendencia de su protegido Hamas, que tendrá que aceptar un acuerdo israelí palestino.
Eso a su vez contribuirá a desviar la atención de la corrosiva cuestión palestina hacia la más apremiante amenaza Persa». El problema es, dicen Veli Nasr y Ray Takeyh, «que la estrategia de Washington es aventurada, no puede ser aplicada efectivamente, y puede que haga que las cosas vayan peor de lo que están. Los ingredientes necesarios para una auténtica política de contención simplemente no existen. En esas circunstancias la insistencia de Washington en lograr un dispositivo de estados árabes contra Irán podrá desestabilizar aún más a la región ya de por si volátil. Reanudar las relaciones diplomáticas y las económicas entre Irán y Estados Unidos, y colaborar en Irak, podría ser precursor de un acuerdo eventual para someter el programa nuclear iraní a sus obligaciones en relación con el Tratado de No Proliferación Nuclear».
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