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sábado, 4 de abril de 2026

Palestina: enumeración de atrocidades

 El reporte más reciente de Francesca Albanese (febrero de 2026) documenta la detención de 18 mil 500 palestinos en cárceles israelíes, entre ellos niños, periodistas, doctores. Miles han sido encarcelados sin cargos, golpeados, encadenados, abusados sexualmente, sometidos a la hambruna. Más de 4 mil palestinos en custodia israelí han desaparecido. Albanese denuncia que la tortura se extiende, más allá de los muros y de las prisiones, a un sistema institucionalizado de degradación y sadismo contra los palestinos en Israel. Un claro ejemplo es la aprobación de la ley de pena de muerte en el Knésset (Parlamento israelí) contra palestinos que hayan sido condenados por ataques mortales en Israel. Bajo esta legislación, cualquier palestino que sea encontrado culpable de matar a un ciudadano israelí será sentenciado a ser ejecutado en cortes militares en menos de 90 días. Se trata de una herramienta discriminatoria de apartheid, ya que la ley no aplica a ciudadanos judíos. Sobre todo, bajo la luz de la absolución el mes pasado de cinco soldados que sodomizaron a un prisionero palestino con un cuchillo causándole lesiones de peligro de muerte en julio de 2024. Un fragmento del video de las cámaras de vigilancia se coló en los medios. La filtración del video generó más escándalo en Israel que la agresión contra el prisionero.Estos hechos son evidencia de una campaña despiadada de desplazamiento forzado, asesinato en masa y de destrucción de todas las formas de sostener la vida de los palestinos, infligiendo dolor y sufrimiento colectivo a largo plazo. Se impone un régimen de terror sicológico intensificado diseñado para quebrantar los cuerpos, despojar a la gente de su dignidad, forzarlos a que dejen su tierra. Mientras escala la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, los ataques de colonos ayudados por el ejército se han ensañado en Cisjordania –se registran en promedio 10 ataques al día. Desde hace varios años, se implementó un sistema en el que los colonos instalan asentamientos expulsando a palestinos de sus tierras avanzando la política del gobierno israelí de desplazarlos, consolidando el control de Tel Aviv sobre amplias zonas del territorio ocupado. La estrategia de los colonos sigue un patrón deliberado de aislar comunidades y pueblos, vaciándolos y tomando sus tierras. El ejército colabora con ellos declarando zonas militares cerradas a las tierras recién despobladas. En Jerusalén del Este continúan también los despojos. Tan sólo la semana pasada, al menos 15 familias (70 residentes) se quedaron sin hogar al ser demolidas sus casas en el vecindario de Batn al Hawa, en Silwan. Hay que mencionar también que bajo la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, mientras los israelíes tienen la posibilidad de correr a refugios seguros cuando oyen las alarmas, los palestinos –alrededor de 20 por ciento de los ciudadanos de Israel– no tienen dónde ir. Cientos de miles de palestinos en Israel viven en comunidades sin refugios públicos contra las bombas, ni hablar de que haya ese tipo de defensa en Cisjordania o Gaza. Estas formas de vulnerabilidad son parte de la planeación de infraestructura discriminatoria de Israel. No es que no hay suficientes refugios, sino que los sistemas de seguridad están diseñados para excluir a los palestinos, que permanecen vulnerables a los misiles iraníes. A ello se le suma a otra amenaza que acecha la vida cotidiana de los ciudadanos palestinos en Israel: Siguiendo un modelo similar a la violencia subcontratada de estado en México y Colombia, el crimen organizado asedia sus comunidades con extorsiones, amenazas, asesinatos mientras el gobierno israelí les garantiza impunidad. Esta ola de violencia criminal tiene como blanco únicamente a la minoría palestina de Israel. Y ya no me da para enumerar la violencia y crisis humanitaria en la franja de Gaza, con la hambruna manufacturada, miles de familias de palestinos sobreviviendo en condiciones infrahumanas entre los escombros y cadáveres pudriéndose debajo. El hecho de que el ejército israelí haya detenido y torturado a un bebé de 18 meses ante su padre hace un par de semanas en el campo de refugiados de Al Maghazi es elocuente en sí mismo. Estos niveles de deshumanización, sadismo y tortura colectiva se expanden a Líbano –se reportan un millón de desplazados en el sur desde enero de este año y se habla de la aplicación de Israel de la misma política de baldización de la tierra y limpieza étnica que en Gaza. Sin contrapeso real internacionalmente, Israel permanece impune. Con el apoyo incondicional de Estados Unidos, se impone un nuevo orden imperial sionista de barbarie genocida, control y vigilancia administrados por la inteligencia artificial que arranca materializando la visión expansionista del Gran Israel. *Autora del libro El cielo está incompleto: Cuadernos de viaje en Palestina

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