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Introducción del libro La Búsqueda de la Belleza en el Islam (La Conferencia de los Libros), de Abou El Fadl

19/03/2010 - Autor: Abou El Fadl - Fuente: elsantuariodepapel.blogspot.com
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Portada del libro: La Búsqueda de la Belleza en el Islam (La Conferencia de los Libros)
Portada del libro: La Búsqueda de la Belleza en el Islam (La Conferencia de los Libros)
Introducción
La búsqueda de la belleza en el Islam es una colección de estudios sobre el ethos en la herencia intelectual islámica y la realidad musulmana contemporánea. Los estudios presentados en este libro surgen de mis encuentros, como jurista y profesor, con musulmanes de los Estados Unidos y de otras partes del mundo. Los artículos fueron escritos en respuesta a los recurrentes problemas actuales de la comunidad musulmana que son reflejo de la definición ética y moral del Islam en el mundo contemporáneo. Los temas tratados en este libro son muy amplios; entre ellos, se incluye la censura, la opresión política, el terrorismo, el velo y el trato de la mujer, matrimonio, derechos paternos, el papel de la ley islámica, la dinámica entre ley y moralidad y el carácter del Profeta Muhammad. Las cuestiones que trataba con la gente son responsables de la variedad de temas que se incluyen, así como de mi desarrollo espiritual y moral. Por ello, existe una evolución dentro de estos ensayos, y dejo al lector, decidir la dirección y mérito de dicha evolución.
Sin embargo, los ensayos no representan un argumento sistemático dirigido a una conclusión determinada, ni tampoco es la intención de este libro ser un discurso de un estudioso sobre la realidad musulmana contemporánea. Los ensayos no buscan un aire de objetividad académica, sino que reflejan una variedad de humores: son pasionales, jubilosos, enfadados y a veces, sarcásticos, aunque son invariablemente comprometidos. Cada ensayo fue escrito en el contexto de una conferencia imaginaria de libros que ocurre cada noche. Los libros representados aquí son los libros de mi biblioteca personal, los cuales contienen libros de muchas materias como Judaísmo, Cristianismo, ley, filosofía y literatura. Sin embargo, los libros representados en esta conferencia son casi todos textos clásicos islámicos, y estos textos ocupan a sus lectores en reflexiones sobre la realidad musulmana contemporánea. Los libros, en general, preservan retazos de la actividad intelectual de sus autores. Los textos clásicos islámicos son el depósito de los intelectos del pasado –intelectos eventualmente transformados en libros. Es mi creencia que de todas las maravillas creadas por Dios, el intelecto es la más maravillosa de todas, y también que un libro es el regalo de Dios para preservar dicho intelecto para las generaciones que vendrán. Con esto en mente, enfrento los intelectos del pasado con los intelectos del presente. Un musulmán puede leer estos ensayos como el testamento de un jurista musulmán sobre los problemas que hacemos frente hoy en día. Un no musulmán puede leer estos ensayos por su significado sociológico y su relevancia para comparar los puntos de vista de la ley y la teología. Es más, como el mensaje islámico está dirigido a todos los seres humanos puedo decir que escribo estos ensayos para musulmanes y no-musulmanes.
“Cada ensayo de esta colección está diseñado de forma individual, por ello, el libro puede ser leído de forma selectiva y sin un orden establecido. Sin embargo, en el libro existen temas unificadores, y en ellos reside el mensaje básico del libro. Mi objetivo principal trata sobre el ethos del conocimiento y la belleza en el Islam moderno. Más aún, este libro busca crear un nexo entre la herencia intelectual islámica del pasado y el pensamiento islámico contemporáneo. Hoy en día, los musulmanes están desarraigados de su tradición intelectual, y el resultado ha sido que los musulmanes han perdido el ethos de su conocimiento, así como su base moral e intelectual. El mensaje islámico comenzó con un solo libro, el Corán; un libro con una destacable visión moral y belleza. Y solamente este libro, ha inspirado una herencia intelectual de belleza y magnificencia. Es mi esperanza que la Conferencia de los Libros ayudará a reavivar el interés de los musulmanes en los libros y en su rica herencia intelectual.
El jurista y teólogo musulmán, Imam al Haramayn al Juwayni (478/1085), escribió que los requisitos para la obtención del conocimiento eran: inteligencia, diligencia, pobreza, la instrucción de los maestros, viajar al extranjero y una gran dedicación de tiempo. Esta sentencia refleja el particular ethos con respecto al conocimiento que prevalecía en la época islámica clásica. El mismo ethos se refleja también en la muy repetida frase: “la obtención del conocimiento precisa un esfuerzo del intelecto y una larga y ardua lucha (jahd al nafs wa badhl al qariha). Los pensadores musulmanes clásicos expresaban a menudo su convicción en que la búsqueda del conocimiento (talab al ‘ilm) es un componente esencial de la Voluntad Divina, y que Dios valora la búsqueda del conocimiento más que el resultado de dicha búsqueda.
El ethos del que hablo, consiste en una creencia en la dificultad y el carácter esquivo del conocimiento, la creencia que cuanto más importante es el campo de conocimiento, mayor es la demanda de esfuerzo, y que lo esquivo e inaccesible del conocimiento sirve a un propósito o plan Divino. Unido a este ethos estaba la convicción de que la obtención de conocimiento representaba un acto religioso y ético, y que su obtención era especialmente querida por Dios.”
“El logro del conocimiento era considerado como un proceso gradual y acumulativo mediante el cual, los estudiantes profundizaban en la perspectiva de sus maestros, y los eruditos se involucraban en debates entre ellos. Todo conocimiento pertenecía a Dios, y siendo Dios el Todo Conocedor, los seres humanos debían mostrarse diligentes en la búsqueda de dicho conocimiento. Los seres humanos, sin embargo, nunca serían capaces de obtener salvo una fracción de la verdad de Dios. Esto no significaba necesariamente que la verdad fuera relativa, sino que más bien que era parcial. La diligencia y la persistencia en la investigación, así como el debate y el compromiso, producirían mayores entendimientos del infinito conocimiento de Dios, siendo en cualquier caso ese conocimiento obtenido, parcial e incompleto.
Sintomático de este ethos fueron las numerosas tradiciones o informes que hacían hincapié en la naturaleza de la búsqueda de conocimiento como un acto de permanente adoración (talab al ‘ilm ‘ibada da’ima). Algunos dichos elevan la búsqueda de conocimiento a un estatus superior al de la oración y la práctica ritualista, resaltando incluso que los sabios eran los herederos de los Profetas. Muchas tradiciones o dichos afirman que un estudioso devoto es muy superior a un devoto ignorante. De hecho, el mérito del sabio sobre el ignorante es similar al mérito del Profeta sobre el más bajo de su gente. Otros informes destacan que el mejor viaje es aquel que se realiza para alcanzar conocimiento, siendo esta clase de viaje, una hégira obligatoria (hijra) que nunca termina. Incluso algunos exigen a los musulmanes que viajen a los más remotos lugares de la tierra para buscar conocimiento.
Los sabios musulmanes clásicos ofrecían múltiples justificaciones para este ethos. Habitualmente, argumentaban que la complejidad del conocimiento es una función de la riqueza de Dios y de la complejidad de su creación. Los estudiosos musulmanes también decían que la adoración mental pertenece a la búsqueda de las sutilezas de la Voluntad Divina, mientras que la adoración corporal busca el cumplimiento con la ley. Si el conocimiento no fuera complejo y esquivo, Dios no podría ser servido mediante los mecanismos del intelecto, sino solamente mediante la obediencia del cuerpo. Esto sería una derrota del propósito tras la creación del intelecto, y recompensaría a individuos vagos y nulos. Más aún, los sabios musulmanes afirman que la existencia de la diversidad de opiniones en materia de conocimiento es un favor y una bendición entre sobre los musulmanes pues de esa forma la ley puede acomodarse a las circunstancias cambiantes y variadas de los seres humanos. Parte de la carga y de la prueba que Dios nos ha impuesto es conocer de que forma estar en desacuerdo y debatir (adab al ikhtilaf) sin caer en la disputa o la animosidad (fitna).”
“Hay muchas razones, históricas, sociales, así como teológicas para la emergencia de este ethos en la cultura clásica islámica. Entre estas razones estuvieron la vastedad geográfica del imperio islámico y el surgimiento de escuelas legales y de práctica religiosa en diferentes puntos geográficos. Estas escuelas geográficas legitimaban y justificaban la diversidad intelectual a nivel doctrinario. Más aún, durante los tres primeros siglos del Islam, una clase jurista con su propia estructura institucionalizada y un lenguaje especializado y técnico, emergió dentro del Islam. Esta clase jurista medió entre las elites políticas y otras comerciales o sociales. También ejercieron una importante función en la mediación entre las elites y el pueblo llano. El ethos del conocimiento ayudó a sostener a esta clase, validando su papel mediador en la sociedad, y reforzándola con legitimidad moral y teológica. Sin embargo, es importante resaltar que el hecho de la existencia de factores históricos y sociales que contribuyeran a la emergencia del ethos del conocimiento no minimiza o resta importancia al valor del ethos islámico en sí mismo. El ethos se convirtió en una parte esencial de la fábrica de teología islámica y moral. A pesar de las razones históricas, el ethos produjo una considerable riqueza de la producción intelectual en cantidad y calidad, y esta riqueza intelectual islámica marcó en adelante la marcha del mundo.
De forma significativa, la riqueza y diversidad está en su mayor parte perdida en el Islam contemporáneo. Ha existido un agudo y claro deterioro con respecto al ethos del conocimiento en el mundo musulmán actual. Hay muchas razones para este deterioro, entre las cuales están el legado del colonialismo, el nacimiento de movimientos puritanos y antihistóricos como son el wahabbi y el salafí, problemas económicos, la quiebra de las instituciones educativas privadas, y la monopolización por el Estado de los mecanismos de producción y propagación de información. Desafortunadamente, el deterioro del ethos del conocimiento ha infectado a los musulmanes dentro y fuera del mundo musulmán, y ha contribuido al estado de actual parálisis intelectual, incluso entre los musulmanes occidentales.
Las conexiones de los musulmanes con la epistemología, los procesos y la producción de su herencia intelectual han sido escasos en la época moderna, y en mi opinión son peores a causa de ello. No se trata de que la herencia islámica fuera ideal o careciera de problemas, pero era superior en potencial ético y moral con respecto a cualquier otro intento por reemplazarla. Más aún, esta herencia intelectual es más consistente con la moral y el espíritu ético del mensaje islámico tal y como está reflejado en el Corán y en la vida del Profeta Muhammad. De tal forma, esta herencia no tiene solamente la virtud de la autenticidad sino que también es cualitativamente superior a cualquier otra seguida por los musulmanes contemporáneos. Es importante destacar, sin embargo, que no idealizo sino más bien admiro el legado intelectual islámico. El lector encontrará muchas ocasiones donde me muestro crítico con respecto a las posiciones y actitudes de los juristas clásicos. Los errores del pasado tienen mucho que enseñarnos así como los éxitos.
Estos ensayos no solamente intentan revigorizar sino también reorientar las metodologías premodernas del conocimiento islámico. Pienso que hay mucha belleza en las metodologías tradicionales del conocimiento islámico, pero también creo que incluso la metodología tradicional debe ser reorientada hacia una exploración sin descanso y persistente del núcleo-belleza de los valores islámicos.”
“El orientalista alemán Joseph Schacht defendió en una ocasión la idea de considerar a la ley islámica como el epítome del pensamiento islámico y el núcleo del propio Islam. La veracidad de esta sentencia depende de la definición que utilicemos de ley islámica. Si ley islámica significa para nosotros, la suma total de los mandatos positivos y reglas (ahkam), entonces este razonamiento será claramente falso. Si ley islámica significa el proceso, metodología y valores normativos de la religión islámica (shari’a), entonces la sentencia será correcta. Uno sospecha que Schacht se inclinaba por la primera, y en ese caso, estaba claramente equivocado.
La ley de Dios (shari’a) es un proceso, una metodología y una moralidad. En el núcleo de esta moralidad se encuentra el valor de la belleza. El entendimiento humano de la ley (fiqh) incluye los procesos y búsquedas de los valores normativos de la shari’a, pero dicho entendimiento humano no puede contener la belleza de Dios. Aún más, las reglas (ahkam) son el producto del intento humano por comprender, pero no representan la belleza de Dios. Como defiendo en este libro, los mandatos o reglas delinean las fronteras exteriores de la correcta conducta, pero no articulan la substancia y alma de la moralidad islámica. Las reglas son los contornos de la moralidad islámica; son el caparazón externo y no expresan ni crean substancia. Las reglas son solamente límites. Los límites podrían ser el producto de un intento de crear una moralidad efectiva, o pueden ser el producto de la circunstancia o conveniencia. Aunque las reglas puedan haber sido inspiradas por unas ideas normativas, ellas no expresan una visión moral o ethos. Visto de forma diferente, la piedad crea y expresa las reglas, pero las reglas no crean piedad. Sin embargo, las reglas pueden promover la piedad si ellas son llevadas con la resolución adecuada. Si la resolución y la visión moral no existen, entonces las reglas se convierten en pedantería sin sentido.
En esta colección de ensayos, intentaré promover un ethos cultural sobre de la belleza en el Islam contemporáneo. Creo que el núcleo del Islam es la búsqueda de la belleza, la búsqueda de la belleza inexpresable de Dios y la belleza de su creación. La búsqueda de la ley de Dios debe intentar alcanzar, expresar, promover y recrear la belleza de Dios. La búsqueda de la belleza implicará necesariamente trascender las reglas y normas creadas para descubrir los valores normativos que ocultan. Estos valores normativos deberían inspirar y dirigir el proceso de crear normas y reglas, pero, tal y como expreso anteriormente, las reglas en sí mismas no pueden equivaler a la moralidad o el núcleo del valor de la belleza.
Hay que reconocer que hablar de conseguir la belleza en lugar de seguir reglas es ajeno a la cultura islámica contemporánea. No oculto el hecho que veo mucha fealdad en la realidad de los musulmanes actuales, y pienso que la mayoría de los discursos son apologéticos y dogmáticos, o bien legalistas y formales. En los discursos musulmanes contemporáneos, el legalismo y el seguimiento de reglas pedantes han reemplazado la búsqueda de la moral o los valores normativos.
También están muy extendidas las metodologías carentes de principios u orientadas hacia un resultado previo. Incluso los autollamados reformadores o liberales, dependen del concepto oportunista del interés público (maslaha) para justificar lo que estiman como resultados sociales deseables. Como los tradicionalistas o conservadores, los musulmanes liberales han tenido un trato deshonesto y selectivo con la tradición islámica, y como los tradicionalistas no siguen metodologías sistemáticas de investigación o de búsqueda de los valores normativos. Las metodologías autoritarias de conocimiento son un lugar común entre los musulmanes intelectuales y esto ha conducido a la deshonestidad intelectual, la censura y la intolerancia. Incluso textos clásicos centenarios han sido prohibidos, mientras que otros han sido censurados o limpiados de “pasajes ofensivos”. El trato de las mujeres en muchas comunidades musulmanas es sencillamente horrible. La dominancia de credos puritanos como el wahhabi, ha llevado a una actitud de desconsideración y pérdida de respeto hacia la herencia intelectual islámica, y hacia un acercamiento al Islam ahistórico cuando no, antihistórico. En palabras de un amigo, “El Wahhabismo y el Salafismo han hecho al Islam en los tiempos modernos, aburrido y gris”.
Rezo porque sea una fase pasajera en la historia del Islam, y que los musulmanes recuperen su vigor intelectual y su brillo luminoso. Escribo estos artículos no como un crítico de salón o alguien ajeno; por el contrario, como profesor busco, día a día, como enfrentarme a estas cuestiones que inundan el mundo islámico. Como musulmán, vivo estos problemas, y como musulmán, creo firmemente en la belleza y capacidad de recuperación del mensaje islámico.
Por tanto, en la búsqueda de la belleza majestuosa del Islam, humildemente presento estos ensayos. Y tal y como un jurista musulmán clásico diría: “este es mi esfuerzo, si es correcto es una bendición de Dios; y si estoy equivocado, busco el perdón del Dios pues Dios sabe más.”
La Búsqueda de la Belleza en el Islam
(La Conferencia de los Libros)
Autor: Khaled Abou El Fadl.
Editorial Rowman & Littlefield
Traducción: Javier Gálvez Martínez

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